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JOSÉ SARAMAGO. UN RETRATO APASIONADO, de Armando Baptista-Bastos. Capital Intelectual, 2011. Buenos Aires, 177 págs. Distribuye Gussi.
Armando Baptista-Bastos, periodista y novelista portugués, viajó hace algunos años a las Canarias, donde tuvo oportunidad de "conversar" con José Saramago. A ambos los unía una amistad nacida en los bastiones de resistencia a la dictadura salazarista, una admiración mutua y una edad aproximada. La isla de Lanzarote y su tortuosa geografía de volcanes fue el marco ideal para este extenso reportaje por el que desfilan los tópicos más pertinentes a la vida y obra del gran escritor lusitano.
"Sigo siendo literalmente un aislado", se autodefine Saramago, miembro de una generación anterior de escritores y contemporáneo de la actual, a la que tampoco se siente cercano. Ese aislamiento se proyecta también al espacio de su experiencia cotidiana, un sitio de soledad y reflexión, "un barrio de la gran isla que es el pequeño mundo en el que todos vivimos".
El paso de la dictadura a la democracia, el 25 de abril de 1974, con la efímera "revolución de los claveles", fue el momento decisivo para su obra. Unió a esa circunstancia la decisión de vivir de la escritura. Se consolidó así un narrador cuyos textos no perdieron nunca el vínculo con el neorrealismo a la vez que eran capaces de remover la esperanza. "Nuestro problema es que no sabemos qué contenido darle a esa esperanza, a no ser el de la utopía." En sus respuestas el Saramago escritor se muestra inseparable del Saramago militante político, un comunista que asegura que "el comunismo no ha existido nunca", que no siente pasión por el proletariado y que cree que solo un salto cualitativo en la humanidad puede generar una actitud de espíritu como para asumirlo.
Entre sus "amistades literarias" Saramago reconoce un amplio arco que va de Romain Rolland, Proust, Gogol y Montaigne a Camus, Calvino y Torrente Ballester, pero es en los sermones del padre Antonio Vieira, un misionero portugués del siglo XVII, donde afirma haber hallado la influencia decisiva para la creación de su estilo, próximo a la narración oral y no exento de cierto barroquismo. El ateo confeso declara su deuda con un jesuita. Quizá por esa naturaleza ecléctica que gobierna sus novelas son sentidas como una construcción espontánea, no premeditada, donde la "asociación de ideas" funge como el principal motor.
Otros temas abordados en la entrevista son el perfil autobiográfico, evidente en Manual de pintura y caligrafía, el tributo a la mujer ("en mis libros los personajes sólidos, fuertes, afirmativos, son siempre las mujeres", señala), el futuro del socialismo, la escritura de diarios y en particular los Cuadernos de Lanzarote, el libro más mencionado. La obra contiene además diversos accesorios: una introducción de Pilar del Río, la esposa de Saramago, que es también la traductora al español; una larga serie de testimonios que valoran la trayectoria del escritor, una minuciosa cronología y la más completa y actualizada bibliografía de Saramago, todo lo cual la convierte en imprescindible para los amantes de su literatura.
A. A.
LA DAMA DE NEGRO, de Susan Hill. Edhasa, 2011. Buenos Aires, 188 págs. Distribuye Gussi.
LA INGLESA Susan Hill ha obtenido una buena cantidad de seguidores con su serie del "inspector Simon Sarrailler", desplegada a partir de Las distintas guaridas de los hombres (2005). Por otra parte, la adaptación al cine de esta breve novela de terror de 1983 produjo un nuevo fenómeno de ventas. Realizada por el sello Hammer con su estilo habitual (acentúa algunos de los aspectos de horror del original), contó además con Daniel Radcliffe (foto) un fuerte atractivo para la platea.
Leer la novela sorprende. El principal motivo es la fidelidad con que la autora se ciñe a las condiciones de un típico "cuento de fantasmas" victoriano, por una parte. Y la habilidad para emplear algunos elementos que lo diferencian, por la otra. Como en ese tipo de relatos, hay un marco inicial de conversación, dedicada justamente a los "cuentos de fantasmas". También como en algunos de ellos alguien se niega a contar algún caso, para que el lector intrigado conozca después, como en una confesión secreta, el motivo de su negativa.
Un joven abogado viaja a un pueblo castigado por un clima inclemente, para visitar un caserón donde ha muerto una anciana y hacerse cargo de su herencia. El lugar es habitado además por seres esquivos o de conducta inexplicable, que parecen girar alrededor de un hecho terrible del pasado.
Un rasgo notable es el modo en que Susan Hill esquiva la reconstrucción demasiado histórica, pesada de vehículos o construcciones para apoyarse más que nada en un clima progresivamente sofocante en lo espiritual y lo psicológico.
Cada pincelada de angustia o miedo se va aplicando con minucia y matices originales. A su vez, el avance de lo innombrable es lo bastante implacable como para que el libro, a diferencia de tanto ladrillo actual inspirado en Stephen King, tenga la brevedad y contundencia de, por ejemplo, Otra vuelta de tuerca, de Henry James, un clásico absoluto de este tipo de relatos. Incluso coinciden en poner en el centro oscuro de su misterio a algunos niños.
También el golpe final es administrado con extrema pericia: cae como tiene que caer, como el lector espera que caiga desde el principio. Pero lo hace con una brusquedad inesperada y cuando ya todo parece haber terminado. Con esos elementos el libro se gana su condición de clásico menor, elaborado con altura.
E. E. G.





