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Alfredo Fressia
SI HUBIERA QUE elegir entre nosotros un intelectual que represente, por su vida y por su obra, el movimiento de las migraciones, los cambiantes lugares de la escritura, o simplemente el cosmopolitismo, ese intelectual sería Fernando Aínsa. Nacido en España (Palma de Mallorca, 1937, hijo de un aragonés y una francesa), llegará niño a Montevideo, junto a esa generación de españoles que huían del franquismo. Adulto, el narrador uruguayo Aínsa se trasladará a París, como funcionario de la Unesco, un trabajo que lo obligará a viajar por diversas partes del mundo. Jubilado, se instalará en España, entre Zaragoza y Oriete, pero vendrá permanentemente a su Uruguay entrañable.
La obra narrativa y los ensayos de Aínsa incluyen una vasta reflexión sobre la cultura mestiza de América Latina, especie de caja de resonancia del mestizaje cultural del autor. Ya la crítica Norah Giraldi habla de rizomas, y distingue, en el caso de Aínsa, al "sujeto migrante" del "sujeto radicante". Giraldi establece un paralelo entre la obra de Aínsa y esas plantas, como la frutilla o la hiedra, que se van extendiendo, crean nuevas raíces y se alimentan de todas ellas, sin jamás abandonar la primera.
A la fundadora inestabilidad del locus de su escritura, se debe agregar ahora la opción por la poesía, un proyecto que el autor parece haber postergado y que empezó a realizar a partir de Aprendizajes tardíos (2007). Resurge ahora con una doble publicación: Clima húmedo, en Montevideo y Bodas de oro, en Buenos Aires (Ediciones del copista, 2011).
Un lector desconfiado de poetas tardíos podría llegar a conclusiones imprudentes, sobre todo si permaneciera en el poemario argentino, que exhibe una reflexión sobre el amor, la pareja, el tiempo, pero no transita la zona (inexplicable, instigadora) de la real poesía. Clima húmedo, en cambio, es obra de poeta. En movimiento, como una experiencia poética tras una larga obra en prosa, los poemas sobreentienden la experiencia personal y biográfica del autor, quien explícitamente compara, por ejemplo, el cierzo, ese viento seco del valle del Ebro, y el pampero, tantas veces húmedo. Son el aire que el poeta ha respirado toda su vida, transcurrida entre dos hemisferios, y todo ocurre "antes de que la niebla del olvido lo disuelva todo".
Por otro lado, el poemario supuso algo más que la experiencia personal: el autor estudió, consultó libros (por ejemplo, Tiempo y clima de Sebastián Vieira, 1969), está atento a los varios vientos uruguayos -el del Norte, el pampero, las sudestadas-, evoca la historia de ciertos desastres meteorológicos de fechas precisas.
En algún momento puede excederse en el uso alegórico de la humedad del clima uruguayo, pero es admirable la sobriedad en el lenguaje de la emoción (enfrentado a algo tan delicado como la pérdida de la madre, de la amada, el tiempo implacable, el cronológico, en curioso diálogo con el climático), la riqueza del tejito temático (las muchas humedades, incluyendo la que huele en los ómnibus montevideanos, o las íntimas, físicas, corporales, o la de las turbulencias, meteorológicas o históricas).
El poeta integra la propia ambivalencia de su locus de escritura al idioma usado, y esto enriquece este poemario del elemento aire (donde hasta el agua comparece en su estado gaseoso). Es un lenguaje que oscila entre las formas pronominales ibéricas ("hablaros") y la connivencia con el público al que, en principio, el libro está destinado (el uruguayo, el de la sociedad amortiguadora, el que puede entender la mención del golpe de estado en "esa esquina ventosa del encuentro que cambió/ nuestras vidas un día del mes de junio de hace muchos años"). La ráfaga de Aínsa pasa por explicaciones, pedagógicas, que también puntúan el discurso (del rocío, "rosada la llaman en Teruel", de la hierba, "pasto al decir sureño", de la pileta, "como la llaman en estas latitudes", de las mantas, "frazadas (…)", entre otros). Es parte de lo que busca el viento de la poesía: la construcción de un idioma y el respirar de una emoción.
CLIMA HÚMEDO, de Fernando Aínsa. Trilce. 2011. Montevideo, 70 págs. Distribuye Gussi.





