Carlos María Domínguez
UNA TREINTENA de cuentos breves compila este libro de Tobias Wolff, consagrado por importantes premios como uno de los narradores del llamado "realismo sucio", junto a sus amigos Raymond Carver y Richard Ford. Es más conocido por su novela Vida de este chico, que Michael Caton-Jones llevó al cine con las actuaciones de Leonardo di Caprio y Robert De Niro.
Wolff nació en Alabama en 1945, tuvo una infancia difícil luego de la separación de sus padres, deambuló con su madre por varias ciudades, falsificó documentos para ingresar a un prestigioso internado de Pennsylvania, luego lo expulsaron, entró al ejército, y luchó en Vietnam. A su regreso se convirtió en escritor y en profesor de literatura en distintas universidades, trabajo que hoy alterna con sus colaboraciones para The New Yorker, The Atlantic y otros diarios y revistas. Varias de sus experiencias personales asoman en estos relatos recogidos de tres libros anteriores (De regreso al mundo, La noche en cuestión y Cazadores en la nieve), ahora corregidos, además de diez cuentos nuevos.
DE PRIMERA MANO. Su premisa es la honestidad, "crear algo convincente, real, sincero", ha dicho en más de una entrevista, de modo que trabaja con historias "conocidas de primera mano". Es una tradición norteamericana que ha colocado al cuento en los límites de la ficción, a punto de dar una vuelta de campana, con el beneficio de narrar experiencias fundadas en la autenticidad de lo vivido. Son varios los relatos sobre la vida en los cuarteles del ejército, los que son protagonizados por niños y los que toman personajes y situaciones universitarias.
Los cuentos de Tobias Wolff, como los de Carver y Ford, conocen la deriva de secuencias anodinas, detalles nimios y triviales que poco a poco capturan una experiencia moral, una encrucijada tensa, a veces los perfiles de una realidad asordinada, y luego la abandonan detrás de asuntos irrelevantes. En el inicio y fin, las formas deshilvanadas de las contingencias cotidianas; en su centro, la materia densa de los desencuentros con el deseo, las frustraciones, las demencias de la vida moderna. La estrategia narrativa es la de un barrido oblicuo, sin pretensión de trascendencia, síntesis ni conclusión. Las historias vibran, sin embargo, en los silencios de lo que Wolff ha contado, con una carga perturbadora, acaso porque rara vez abandona el plano de la conducta de sus personajes. La conciencia es una cosa de europeos, ha dicho.
PAREJAS Y HERMANOS. Antes de entenderlo como una provocación, es posible iluminar con su frase el atractivo de unos cuentos que pueden instalar muchas dudas acerca de su sentido pero no sobre la tensión que los mantiene vivos después de la lectura. En "Avería en el desierto, 1968", una pareja joven y su hijo de dos años quedan varados en una siniestra estación de nafta, en medio del desierto. Los habitantes del lugar se muestran hostiles, y el hombre debe dejar a su familia con ellos, para hacer auto stop y tratar de conseguir la pieza rota en un pueblo cercano. La tensión es explosiva, pero aún así se aventura en la ruta, lo recoge una delirante troupe de asistentes en el rodaje de una película, le ofrecen irse a trabajar con ellos al set y el personaje enfrenta la posibilidad de abandonar a su mujer y a su hijo.
En "El hermano rico" un hombre de buena posición va en rescate de un hermano sumido en la desesperación, dentro de una lejana comunidad que acaba de expulsarlo. El hermano acepta su ayuda, pero en el viaje de regreso comete tantas imprudencias y agravios que los lazos de sangre se crispan hasta alcanzar un grado insostenible. "Cazadores en la nieve" narra la catastrófica deriva de tres amigos que van a cazar ciervos, se pelean entre sí y luego inician una odisea para curar a uno de ellos, que acabó herido de bala. Wolff narra los hechos y su secuencia cronológica sin que la conciencia de los personajes acabe nunca de dibujarse. La condición subjetiva, la mentalidad o el espíritu de los protagonistas, es el perfil más vacilante e inseguro, la caja negra de sus historias y la porción del iceberg bajo la superficie de los acontecimientos. Puede uno creer en lo que ocurre, pero nunca confiar en lo que significa para uno u otro personaje y mucho menos en la forma en que se comportará.
La conciencia, parece decir, es ese lugar donde el mundo se hace imprevisible. Es una visión literaria que cuenta con remotos antecedentes en las letras norteamericanas, atraviesa dos siglos y no acaba de cerrar su potente ciclo. Calla los consuelos de la razón, expresa por omisión y abusa de la vulgaridad. No siempre se justifica, pero cuando lo hace da una ilusión plena de realidad.
una forma de cortesÍa. "Una bala en el cerebro" merece especial atención por exhibir una rara maestría. Un crítico literario es sorprendido por un asalto en un banco. Su sentido del humor, compulsivo y direccionado hacia sí mismo, lo coloca en una difícil posición frente a la gravedad de los hechos. Se gana un disparo en la cabeza. Lo maravilloso y ficticio, que no real maravilloso, es que durante varias páginas Wolff narra la trayectoria de la bala y todo lo que el crítico no pensó mientras le atravesaba el cerebro. Se trata de una enumeración de situaciones del pasado, únicamente plausible en el artificio de un relato dirigido a contar lo que sí pensó en el instante de su muerte. Su remate tiene brillos de genialidad y el cuento luce igual que una joya.
Varios relatos de esta antología son excesivamente dispersos y no logran definir una situación autónoma, pero son muchos los que están bien logrados, a veces con la ambición modesta de retratar ritos de pasaje en la infancia, amores contrariados, desesperaciones controladas, unas fácilmente reconocibles y otras muy singulares. Los inéditos no se llevan las palmas, y aún así hay tres buenos cuentos como "Aquella habitación" (una peligrosa aventura alcohólica), "A la espera de órdenes" (la angustia de una mujer contemplada por un sargento homosexual) y "Reducida a huesos" (discreta deriva erótica de un duelo funerario).
Dice Tobias Wolff en el prólogo del libro: "El primero de estos relatos fue escrito hace unas tres décadas; el más reciente, el año pasado [2007]. Al preparar esta selección tuve que enfrentarme a la siguiente cuestión: ¿debería presentar mis relatos en su forma original, sean de la época que sean? ¿O debería permitirme la libertad de revisarlos acá y allá?... Nunca he considerado mis relatos textos sagrados. Hasta el grado en que para mí todavía están vivos, me tomo un interés constante en dar a esa vida su mejor expresión. Eso responde a cierta inquietud estética, pero también lo considero una forma de cortesía". Su cortesía se ha visto algo malograda con la desprolija y en ocasiones muy mala traducción de Mariano Antolín Rato. Pero sucede con los buenos escritores: se imponen a todo.
AQUÍ EMPIEZA NUESTRA HISTORIA, de Tobias Wolff, Alfaguara, Buenos Aires, 2010. Distribuye Santillana. 466 págs.