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María Sánchez
DIEGO NASER creció en Montevideo rodeado de música y, heredero de este influjo, se convirtió rápidamente en un destacado violinista. Fue miembro de la Orquesta Sinfónica Juvenil, la Orquesta del SODRE y becario de la Filarmónica de Montevideo, y realizó giras por el mundo con la Orquesta Mundial de Jóvenes de Juventudes Musicales como representante de Uruguay. Una beca del Centro Cultural de Música en 2002 le permitió volver a meter el violín en la maleta y volar a Europa para continuar su carrera.
Sin embargo, ese viaje de estudios se convirtió en una ida sin vuelta. Tras estudiar en Viena violín, viola y dirección de orquesta se mudó a Alemania, donde vive desde 2005 en el pueblo de Itzehoe, a las afueras de Hamburgo. Aunque no cesó su carrera como intérprete -tocando con orquestas como la Sinfónica de la Radio de Hamburgo y preparando actualmente un disco de viola- Naser parece haber encontrado su papel en el mundo en otro cometido: la formación de jóvenes a través de la música y a través de la orquesta que gestiona y dirige, la Störphonie.
ORQUESTAS.
-¿Cómo fue tu primera experiencia en el extranjero?
-La primera experiencia supuso un gran shock cultural. Primero porque no hablaba el idioma pero lo aprendí a golpes: compré un diccionario y estudiaba 300 palabras diarias, traducía, me ponía cartelitos… Aprendí solo para guardar el dinero de la beca para los estudios musicales. Y el segundo problema fue el nivel musical en Viena, que es mucho más alto que en el resto del mundo. Pero con trabajo se logra, hay bastantes uruguayos triunfando con la música clásica fuera, como Adrián Varela o Federico Nathan, por poner dos ejemplos.
-¿Hay más oportunidades ahora para los jóvenes que antes?
-Creo que sí. Todo el ambiente musical en este país cambió mucho gracias al Fundación Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles del Uruguay y la Orquesta José Artigas. Son proyectos apoyados por Presidencia de la República y en el que Ariel Britos y Claudia Rieiro llevan trabajando desde tiempos inmemoriales. Y yo fui parte prácticamente desde los comienzos.
-Estas orquestas juveniles uruguayas se entroncan con "El Sistema" venezolano -programa para motivar el cambio social a través de las orquestas-. ¿Qué herencia tienes tú de ese sistema?
-A mí me dejó la capacidad de ver que, sin importar de dónde uno sale, la música salva a la gente espiritual y económicamente. Muchos de los chicos tienen un contexto económico bastante bajo y al hacerlos crecer espiritualmente también cambiás cómo valoran ellos el trabajo, la disciplina, la conciencia de equipo.
-En Alemania has creado la Störphonie, una orquesta con casi todos los intrumentos de una sinfónica y formada con chicos de entre 13 y 19 años. ¿Sigue también esos principios?
-Sí, aunque adaptado al medio porque los problemas son diferentes. En Alemania dinero no les falta, ni disciplina, pero lo que no tienen es tiempo porque tienen otros muchos intereses, mientras que aquí es todo lo contrario. Así que a lo que estoy contribuyendo es a la motivación, encauzar todo aquello que ellos tienen y poner un rumbo, que es crecer como orquesta y llevar la música a todas las ciudades e iglesias del interior de Alemania. Y por otro lado, fomentar el intercambio internacional, asistiendo a festivales en Panamá, República Dominicana o Estados Unidos.
-¿Con Uruguay también existen intercambios?
-Sí. Ahora en octubre está llegando una chica a tocar con la José Artigas durante seis meses, más o menos. Además de tocar y trabajar para el proyecto, aprenden el idioma. Es la cuarta persona que viene y allá ya he tenido a dos uruguayos.
-El repertorio que tocas con la Störphonie es muy amplio, va desde Piazzolla, jazz o música de películas hasta los clásicos. ¿No tienes problemas con los puristas?
-Sí, hay algunos contrarios, pero hay una gran diferencia entre ser músico y ser gestor, y además estar involucrado por completo en la orquesta. Cuando ese proyecto es tu vida es como tu cuerpo: sabés lo que ese ser necesita. No tengo una orquesta donde reciben un sueldo y tienen que estar, así que a veces se aburren y si no quiero que abandonen tengo que ir acomodándome. Los niños pueden ser tus peores críticos.
DIRECCIÓN Y GESTIÓN. La creación de esta orquesta le ha conllevado el reconocimiento en su papel como emprendedor cultural, con premios en Alemania e invitaciones para dar conferencias en universidades de Michigan o Cambridge. A su vez, sigue desarrollando su papel como profesor y director en Panamá, República Dominicana, Chile o Uruguay. El pasado mes de abril tuvo la oportunidad de abrir la temporada de otoño de la Filarmónica de Montevideo como director.
-¿Cómo ves la situación de la música clásica en Uruguay?
-Con mucha esperanza. Este proyecto de orquestas juveniles demuestra que se pueden hacer muy bien las cosas en Uruguay y que, además, se está reencauzando toda la energía que estaba por ahí mal direccionada. Están sacando un porcentaje muy elevado de éxito en la creación de estos músicos nuevos. Y a nivel profesional, en Uruguay, hay gente con muchas ganas de trabajar. Yo sentí que la Filarmónica me recibió muy bien, me apoyaron desde la dirección y el consejo artístico a los músicos; porque además ellos sabían que esto era un sueño para mí.
[Durante el concierto de la Filarmónica en la Iglesia San Juan Bautista Naser se dirige al público, explica la sinfonía Heroica de Beethoven en su contexto y cuenta una anécdota que logra la escucha activa del público durante lo que dura la obra.]
-¿Es común que te dirijas al público para explicar las obras o fue una excepción?
-Siempre lo hago. Hay dos maneras de ver la música: la vía de la simple sensibilidad y otra, un poco más intelectual, de sentir pero sabiendo determinadas cosas. Es muy fácil hoy escuchar una obra contemporánea, a Shakira o hip hop, porque no se sale de la actualidad. Ahora, si queremos hacer llegar la música clásica a la gente joven para que no muera también es necesario ubicarla en un contexto político, social, histórico y cultural.
NUEVAS TECNOLOGÍAS.
-¿Se está produciendo una revalorización de la música clásica hoy?
-Absolutamente, creo que hay un renacer de la música clásica.
-¿Qué papel tiene Internet y las redes sociales en esta renovación?
-Yo utilizo las redes sociales continuamente, estoy en contacto con mi orquesta por Facebook. Hay gente que mira conciertos por Skype y la Filarmónica de Berlín ya tiene incluso un abono de temporada online.
-Algunos músicos, como Lang Lang o Hilary Hann, han creado una comunidad de fans al mejor estilo pop. ¿Te parece bien o crees que es una exhibición que supera a este tipo de música?
-Veo bien que se haga propaganda en Facebook, Twitter… ¿por qué no? Para llegar a la gente joven hay que utilizar los medios de la gente joven, eso es lo importante, hay que seguir innovando. Lo bueno nunca muere.
-…se transforma.
-Exacto, se transforma. Y yo estoy convencido de que es el comienzo de un cambio.





