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Gloria Salbarrey
CRIADA POR UNA niñera en Egipto, padres divorciados y un internado de Inglaterra reflejados en la novela autobiográfica Oleander Jacarandá (1994), la británica Penelope Lively (El Cairo, 1933) sabe de infancias difíciles y adultos desconcertantes.
En Álbum de familia da un salto hacia las últimas décadas del siglo XX. A contramano de la revolución sexual de entonces, Allison, su esposo Charles (un escritor bohemio que no ve más allá de la máquina de escribir) y la niñera Ingrid crían seis hijos en una desvencijada mansión victoriana, con mil metros cuadrados de jardín, árboles añosos, una docena de habitaciones y un sótano misterioso.
Allersmead es el escenario simbólico -monumento o templo; cáscara o marco, según el caso- de una familia más o menos tradicional, feliz o terrible, cuyo recuerdo acosa a la prole de por vida. Cruje, tiembla, se tambalea con personalidad propia pero perdura sin ser terrorífica aunque "sabe, calla y guarda" la historia que se va armando con los gajos de la memoria y "la faceta que le tocó vivir" a cada uno.
De visita al lugar con su novio, Gina, la segunda hija, comienza a devanar el ovillo. Entre la joven periodista siempre crítica y el visitante surge la tensión que da la tónica de la novela. "La casa se viene abajo de imágenes familiares, rostros sonrientes, felices, conservados sobre repisas y alféizares, encima del piano, enmarcadas en las paredes." Para mayor asombro del perplejo Philip, Gina desgrana recuerdos y versiones oficiales que se suman a los ritos, fiestas, accidentes y "grandes éxitos" hogareños rememorados por sus hermanos y las lapidarias observaciones de Ingrid. La crónica episódica y fragmentaria no sigue la línea del tiempo, sino la memoria de los personajes que dejan ver la añoranza, la ironía, e incluso la caricatura.
No falta la perspectiva externa. A la hermana de Charles le irrita la puesta en escena anacrónica y los cuidados maternos de Allison. Mucho después ésta fracasa dando un curso sobre el tema a unas alumnas que le tienen lástima por ridícula y atrasada. Del mismo modo, al principio sus hijos no quieren o no pueden procrear.
A modo de un Pangloss femenino, la súper madre que reina en la cocina entre unos chicos ideales, recita hasta el cansancio la cantinela del "mejor de los mundos posibles", o sea, la perfecta familia numerosa. Ni siquiera se da cuenta de que nadie, desde la ácida Gina a la dócil Katie, cree en tales estereotipos. Pese a los silencios y los secretos previsibles, los seis insinúan explicaciones distintas acerca de sus padres y de la otra mujer de la casa. Ya ni saben cómo se toparon con el "elefante de la sala". En una entrevista periodística Lively se refirió con este dicho inglés a la mentira gigantesca, adivinada sin comentarios y digerida en Allersmead de modo sorprendente, sin preguntas ni aspavientos.
Pese a las faltas de ortografía, vale la pena leer esta novela que cuestiona la noción de familia normal, aunque de a ratos da muestras ingenuas de que todo se supera en el transcurso natural de la vida.
ÁLBUM DE FAMILIA, de Penelope Lively. Manantial, 2012. Buenos Aires, 297 págs.





