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 Viernes 27.07.2012, 14:19 hs l Montevideo, Uruguay
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Cultural


Con Javier Moro, premio Planeta

El rey que quiso a la Banda Oriental

David Serrano Blanquer

(desde Barcelona)

JAVIER MORO (Madrid, 1955) se da a conocer al gran público gracias a Pasión India (2005), que culmina con el polémico El sari rojo. Después de dedicar gran parte de su vida literaria al universo exótico de la India, incluso con trabajos junto a su tío Dominique Lapierre (Era medianoche en Bophal, 2001), centra su interés en Brasil, donde descubre la figura del rey Pedro I, responsable de la independencia de la entonces colonia portuguesa. Con El imperio eres tú gana el último Premio Planeta. Es una historia llena de exotismo, épica, sensualidad desatada y sufrimiento, relatada en una prosa íntima y envolvente.

Peleando con gauchos.

-En tiempos convulsos como los actuales, ¿qué tiene de actualidad una novela situada en el Brasil de 1810?

-Tiene la actualidad que tiene la historia para nosotros. La historia en mayúsculas es una manera de entender el presente, de entender por qué somos así. En este caso entender por qué Brasil es Brasil, un gran país unido, homogéneo, y que no estalló como estallaron los territorios de la España americana.

-Un país "homogéneo" afirma, pero de una diversidad increíble dado su enorme tamaño y variedad de pobladores...

-Sí, efectivamente. Pero a pesar del drama de la desigualdad social, como consecuencia de las secuelas que deja la esclavitud, tiene una gran singularidad respecto a otros países de la América española: tú puedes hablar con alguien del Amazonas al norte, con uno del sur, blanco de origen alemán, con un paulista, con un carioca, ya sean pobres o ricos... todos comparten ese sentimiento que ellos denominan "brasilidad". Todos se sienten orgullosos de ser brasileños, todos hablan el mismo idioma. Hay un orgullo nacional, que a veces bordea el nacionalismo estúpido, que no existe en otros países de la zona.

-En esta historia novelada aparece un freno a ese nacionalismo cuando intentan dominar -sin éxito- a un pueblo radicado en el territorio que sería el futuro Uruguay.

-Sí, es cierto. El rey Joao VI quería marcar la frontera, que él creía la frontera geográfica lógica de Brasil, en el Río de la Plata. Pero se encontró con una población de gauchos que no tenían en absoluto la mentalidad del resto de Brasil.

-¿Cuáles eran las diferencias?

-En primer lugar, la sociedad gaucha hablaba español. En segundo lugar, y especialmente, no era esclavista. Fueron los grandes propietarios de esclavos (los primeros hacendados brasileños) los responsables de que Pedro I siguiese con aquella guerra de ocupación del actual Uruguay, porque precisamente esos gauchos no compartían los mismos valores de la vieja economía esclavista. Los de la Banda Oriental los enfrentaron de un modo imposible de prever, y lograron parar a todo un ejército regular. Toda una lección.

-La esclavitud parece que hermana la clase dirigente para mantener su economía productiva.

-La conclusión de esa campaña bélica es que la esclavitud unió a Brasil. También lo unió porque cuando hubo un movimiento auspiciado por Inglaterra para abolir la esclavitud, todos los grandes intereses, las grandes fortunas, los grandes terratenientes, se unieron como una piña para defenderse contra la abolición, porque ello significaría la ruina para la economía, que dependía de una mano de obra amplísima, la mano de obra esclava importada de África.

-Y Pedro I se da cuenta de que los habitantes del actual Uruguay eran muy distintos de lo que se creía.

-Uruguay se hizo Uruguay porque Pedro I se da cuenta que es imposible vencerlos ni convencerlos. Pedro I deja a su mujer moribunda y viaja hasta Santa Catalina, donde se encuentra con un ejército desmoralizado porque se enfrenta a una emboscada constante gracias a la guerra de guerrillas que les infligen los orientales. El ejército no puede vencerlos y probablemente es debido a que esa región tiene otra cultura. Una cultura que nada tiene que ver con Brasil. Toda una sorpresa para su ejército y para él.

-Según la documentación que ha manejado durante más de un año, ¿los gauchos son como marcan los mitos?

-Forman parte de la población agrícola, suelen ir a caballo, son de carácter rudo, independientes, casi nómadas, con unos valores muy distintos de los que tenían los brasileños. Muy celosos de su cultura y de mantener su independencia.

UN REY CONTRADICTORIO.

-En esta época las monarquías no gozan de demasiado prestigio. ¿Qué le atrajo de Pedro I?

-Siempre me interesó este rey, primero porque era español, porque difícilmente la gente sabe que a Brasil lo independizaron una archiduquesa austríaca y un rey de madre española. Y porque ha sido un rey injustamente tratado por la historia, por el hecho de que no entraba en ningún molde, era un hombre muy sui generis, muy independiente, muy libre.

-Además de un rey incomprendido por una parte de los brasileños y paradójicamente también de los portugueses.

-Para los brasileños era demasiado portugués y para los portugueses era demasiado brasileño, y le consideraban un traidor por haber independizado a su mayor colonia. Esa dicotomía, ese drama interno, no podía asumirlo como tal porque él había vivido los nueve primeros años de su vida en Portugal, sus ancestros están enterrados en Portugal, y él se siente el heredero del imperio lusitano. Y su reacción, cuando pega el grito de Ypiranga, es más el grito contra el abuso de las cortes de Lisboa que querían hacer retroceder a Brasil al estatuto de Colonia que un grito por puro nacionalismo.

-En El imperio eres tú lo presenta con un carácter lleno de aristas complejas y contradictorias.

-Fue un tipo muy listo, con una inteligencia intuitiva muy desarrollada, muy poco culto, un poco loco y de hecho por eso mismo tomó decisiones que alguien más cuerdo nunca hubiera tomado. Y consiguió la independencia y mantener al país unido, con la singularidad de que es la única vez en la historia que una monarquía se traslada a las colonias. Eso cambió la historia del mundo y especialmente la de América.

-Un rey que se mueve como un funambulista entre el marcado acento absolutista de algunas de sus decisiones y un talante liberal.

-Era un gran liberal, convencido desde el principio. Tenía esa inteligencia intuitiva que le hizo sentir que el viento de la historia había cambiado y que el poder absoluto ya no tenía sentido ni futuro. Siempre fue fiel a sus ideales de libertad, siempre, aun en momentos en que iban en contra de sus propios intereses. Nunca renunció a ellos y por eso es un gran tipo al final de su vida.

-Un "gran tipo" con una vida privada muy controvertida...

-Su vida era muy complicada. Era tremenda, por la complejidad apuntada, porque era un buen padre pero un terrible marido, era de raíces autoritarias, pero un liberal. Lo que me interesó, además de ser emperador con sólo 23 años y de ser un tipo que se acostaba con todas las mujeres del mundo, es que al final de su vida se redimió, sacó lo mejor de sí mismo. En el momento más trágico, más dramático y más importante de su vida, que es cuando tuvo que volver a Portugal a luchar contra su hermano, Miguel.

-A nadie le apetece meterse en una guerra contra su hermano.

-Y por ello pasó a un estado casi de héroe. La gran tragedia de este hombre se resume en que hoy en día el corazón de Pedro I está en una urna en la basílica de Lapa en Oporto y su cuerpo en la cripta de Ypiranga, a dos quilómetros de Sao Paulo.

-Un desgarro que se mantiene una vez muerto, aunque el gran héroe para los brasileños es el hijo, Pedro II...

-Claro, pero es que reinó durante 50 años y tenía una vida privada menos caótica, más convencional, como su madre Leopoldina: era monógamo, era culto, sabía siete idiomas...

-Y enfrente, además de los nacionalistas brasileños, tenía a dos huesos duros de roer: su hermano Miguel y su madre, Carlota Joaquina...

-¡Así fue! Miguel era el bastardo, el acomplejado, el que tenía menos talento que su hermano, el más pillo de pequeño, el que mentía. Siempre tuvo envidia de Pedro I porque además de todo ello era el heredero. Al final de su vida fue un mal líder: con un ejército de 80 mil hombres no pudo hacer frente a los 7.500 de Pedro I, que estaba formado por vagabundos que había recogido de cualquier sitio, y perdió estrepitosamente la guerra. Era una marioneta en manos de su madre, y cuando ésta muere, le deja sin ninguna fuerza.

Vello púbico.

-Un rey mujeriego hasta el delirio, pero con su mujer Leopoldina como eje central de su vida y de la novela.

-Junto al genio de Bonifacio de Andrada, Leopoldina es la arquitecta, la cabeza pensante de una independencia cuyo brazo ejecutor es su esposo, el rey. Ella es el punto de vista del lector occidental actual, porque ella venía de una sociedad que es parecida a la nuestra ahora, era la corte más avanzada de la época, Austria. Era culta, leía mucho, coleccionaba minerales, había sido educada desde la infancia para reinar un día, como la actual reina Sofía griega en España. Hacer ese viaje desde los ojos de Leopoldina nos permite ver otro tipo de sociedad, un mundo distinto, exótico. Por otra parte es un personaje entrañable, porque su vida al lado del rey es un calvario continuo.

-Y ese calvario tiene nombre propio, Domitila, su amante más influyente, que llega al punto de sustituir la capacidad de decisión de la esposa.

-Hoy nos puede parecer chocante, pero lo de elevar a la amante a rango casi oficial era bastante habitual, como lo hicieron los reyes en España entonces...

-...o de ahora, con el reciente accidente de Juan Carlos I en Botswana mientras perseguía elefantes, parece ser que acompañado de la princesa alemana Corinna Zu.

-¡Vaya, sí! [se ríe] O como Madame de Pompadour en Francia, que fue un caso bien conocido. Pero es que Leopoldina estaba enamorada de su marido, y era muy religiosa. Ella no podía imaginar que ni su padre ni Dios se hubieran podido equivocar al ponerle ese hombre en su destino. Pero cuando se da cuenta que ese hombre al que ha sido destinada le falla estrepitosamente, se derrumba y se muere.

-Un aspecto destacable de la novela es la descripción detallada de los procesos de construcción de los palacios reales en Río, que contrastan con la arquitectura autóctona.

-Claro, porque esos palacios están, existen aún, aunque nadie los visita. El palacio real se ha convertido en un museo de ciencias naturales y no queda más que su estructura original y sus jardines. Al fondo de la calle está la casa de Domitila, convertida en casa museo de la marquesa de Santos. Un palacete de gran belleza, donde permanece todo intacto, tal cual lo describo en el libro.

-Cuenta en la novela que la proximidad entre los dos palacios permitía que el rey divisara con un catalejo a su amante mientras se desnudaba en su habitación. Una relación que desprende un gran erotismo hasta derivar en puro fetichismo.

-Sí, porque una de las cartas que le mandaba el rey para hacerle saber cómo le excitaba verla así, es respondida con otra de ella donde le manda vello púbico en el sobre. ¡Y ese sobre y ese vello están en la Biblioteca Nacional! Es el objeto más extraño que me he encontrado en mis investigaciones.

-Una pasión incontrolable que tiene repercusiones políticas catastróficas.

-Es una relación que le arrastró a perder el imperio, porque se tuvo que marchar de Brasil por culpa de ello. Todo su capital de popularidad se lo cargó esa relación. Aunque Domitila al final también se redimió y se convirtió en la gran dama de Sao Paulo, rehizo su vida y tuvo cinco hijos más con un militar de prestigio.

UN AVANZADO CONSTITUCIONALISTA.

-A Pedro I se le presenta como el verdadero responsable de la redacción de la primera Constitución, ¿hasta qué punto es él quien lidera ese texto que va en contra de sus intereses monárquicos?

-Él pide a su mujer que le subraye las partes más importantes de las constituciones americana, inglesa y noruega y, con la ayuda del Chalaza, la redacta personalmente. Como hizo después con la Constitución de Portugal, que duraría casi 100 años. Era de las constituciones más liberales y progresistas del mundo. Forma parte de una historia contradictoria porque está dictada por un rey.

-La novela incorpora la correspondencia entre Leopoldina y su familia, lo cual nos permite acceder a sus mundos interiores. ¿Hasta qué punto son fieles a lo vivido por sus protagonistas?

-Las cartas existen y son exactamente como aparecen en la novela, con fragmentos textuales. No ocurre así con los numerosos diálogos, que son inventados a partir de los datos que yo tenía. El calvario de Leopoldina está todo escrito en cartas, es muy fácil de seguir; a diferencia de Domitila, que no dejó nada escrito.

GANAR UN PLANETA.

-¿Escribió esta novela pensando en el Planeta?

-No, yo escribo a mi ritmo. Después de terminar agotado de los indios en El sari rojo, decidí escribir esta historia sobre Brasil. Escribí 150 páginas, se las enseñé a Elena Ramírez, mi editora. Ella me dijo que lo presentara al Planeta porque creía que tenía muy buena pinta. Le respondí que nunca me había presentado a un premio, y que yo no quería estar pendiente de si me lo daban o no, de plazos de entrega, nervios... Le pedí hacer un buen contrato con ella y si luego me lo daban, pues mejor, pero yo quería garantizar que el libro saliera, como siempre habíamos hecho antes.

-Pero la presentaron y ganó.

-Sí. Y Planeta asumió ese contrato. A partir de allí, la maquinaria que se pone en marcha en todo el mundo para dar a conocer tu libro es increíble, un privilegio.

-Como en su día le sucedió en la India con su obra anterior, en Brasil la novela ha tenido un recibimiento más bien polémico.

-Básicamente ha sido por parte de María del Priore y sobre todo por Laurentino Gomes, un gran periodista y autor de varios libros de historia de Brasil de mucho éxito, a quien yo respeto mucho y que creía que mi libro le gustaría... Pero debió sentirse amenazado en su jardín, porque afirmó que mi libro era un ejemplo de neocolonialismo de España con Brasil. Una estupidez. Pero eso me ayudó en el lanzamiento del libro.

DE REYES DE AYER Y DE HOY.

-Una novela que habla sobre la vida de un rey, de sus amantes, de sus secretos; parece que no han pasado los años, si pensamos en la controversia surgida en torno a la figura del actual rey de España.

-El conflicto actual es el mismo que tuvo Pedro I, que se movía entre tener una vida normal para poder acostarse con todas las mujeres que quería, y no poder porque era el rey. No ha cambiado nada, porque no puede cambiar nada. La propia institución es así. Por eso lo importante es que las reinas sean como Leopoldina, profesionales desde su nacimiento. De otro modo es muy difícil adaptarse, que es lo que tiene que hacer Leticia, esposa del príncipe Felipe de Borbón, porque ella viene de otro mundo, el periodismo, y no ha sido instruida desde pequeña para sobrevivir en ese mundo.

-Han pasado 200 años, la sociedad ha cambiado mucho, pero la institución parece que no, como si fuesen personajes de su novela, ajenos al debate entre República o Monarquía.

-Lo de España suena muy demodé, porque los elefantes del escándalo del Rey Juan Carlos son unos animales muy simpáticos y en vías de extinción. Si hubieran sido perdices... Pero se va con su Domitila, a quien ha presentado ya en familia según parece. Fíjate, es lo mismo, la historia no cambia, aunque es cierto que ahora ya no tienen ese poder, aunque siguen teniendo protección.

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