Alfredo Fressia
PRIMERO fue un pecado "nefando", es decir, según la etimología latina de nefans, "del cual no se debe hablar". Ese pecado paradójico, que siendo nefando suscitó tantos discursos morales y prácticas inquisitoriales de exterminio, se volvió desde el siglo XIX una enfermedad, física, o psicológica, que debía ser "curada" pero que también la policía de costumbres debía reprimir.
Ya al fin del siglo XX el pecado, o enfermedad, o aberración moral, personal o social se volvió, al menos en el ámbito científico y legal, una práctica sexual más, a veces sólo un modo de afectividad. Aun así, no todos los sectores de la sociedad parecen dispuestos a aceptar esta "naturalización" del antiguo pecado nefando, sobre todo en los ámbitos religiosos.
Por otro lado, si muchos se dispusieron a dar cartas de ciudadanía a las sexualidades que suelen entrar bajo el rótulo "homosexualidad", ello se debió en gran parte a la militancia de muchos grupos gays y lesbianos por sus derechos civiles. El siglo XXI encontró sociedades, al menos en Occidente, dispuestas a la tolerancia, grupos de militancia importantes y discursos interesados en recuperar la historia de esa sexualidad y de los modos de represión sufrida.
En Uruguay la obra historiográfica de José Pedro Barrán (1934-2009) incluye capítulos enteros dedicados al tema, pero no se dispone todavía de una "historia" que narre en términos nacionales su evolución. En la región, y particularmente en Argentina y en Brasil, al fin de la primera década del siglo XXI, se pueden elegir dos títulos, entre las muchas publicaciones dedicadas al asunto: Historia de la homosexualidad en la Argentina. De la Conquista de América al siglo XXI, del periodista Osvaldo Bazán y Além do Carnaval, homossexualidade masculina no Brasil do século XX del brazilianist James N. Green (Unesp, San Pablo, 2000).
El libro de Osvaldo Bazán (Santa Fe, 1963) sin duda peca por el exceso anunciado en el mismo subtítulo. De hecho, los primeros capítulos están dedicados a las prácticas homosexuales en muchas culturas precolombinas (aceptando el anacronismo de usar un término y un concepto decimonónico como el de homosexual) y a la brutalidad del choque cultural con los conquistadores europeos.
También las informaciones sobre la Inquisición en América sufren del poco espacio del que dispone el autor. No es un reproche, porque aun así, los relatos de Bazán pueden servir como motivación para otras lecturas, esas sí especializadas.
FUROR SANITARIO. Lo mejor de la Historia... de Bazán se centra en el siglo XX. Del XIX, se destaca el "furor sanitario" de la generación de 1880 (José Ingenieros, Francisco de Veyga, Lucio Vicente López, entre otros), que impone el "higienismo" en nombre, ya no de ciertas ideas morales, sino de las ciencias médicas. Sería, en este relato, la base de la represión que Bazán analiza tanto desde el punto de vista legal (los "edictos policiales" que duraron hasta el fin del siglo XX) hasta el eventual uso político de la homosexualidad.
El Uruguay casi no resulta mencionado, excepto la aceptación del proyecto, por parte del Consejo Penitenciario del plan del Estado de Indiana, Estados Unidos, para "la esterilización (...) de los degenerados, que evita (...) la procreación y transmisión de la herencia morbosa que tanto influye en la producción de la delincuencia". Se destaca, de paso, en los años `20 el combate del jefe de policía de Montevideo, Juan Carlos Gómez Folle, contra "la larga serie de degenerados de toda especie que infectan la capital".
En cambio, cierto diplomático uruguayo, acreditado ante el gobierno de Perón merece un capítulo especial ("El embajador y los pesos pesados"). Ejemplo de doble moral y de las presiones que una práctica ilícita podía suscitar, Perón contaba "en off" a los periodistas la existencia de "orgías homosexuales" que ese funcionario realizaría con boxeadores conocidos, una de ellas allanada por la policía, en un escándalo que el propio Perón decía haber mandado silenciar (pero se puede imaginar las presiones implícitas en un momento de relaciones bilaterales tensas). Es un tema que la historiografía uruguaya debería estudiar con detenimiento.
Se destacan en el libro los capítulos que narran las tentativas de organización de los homosexuales desde el Frente de Liberación Homosexual (FLH) del comienzo de los `70, los años de la última dictadura, la desaparición de un número de personas que Bazán evalúa en 400, por estrictos motivos de homosexualidad, hasta las luchas por la unión civil. Toda la obra está escrita desde la indignación, a veces sólo implícita, pero siempre presente, y eso crea una retórica que solidariza al lector. Es lo que debe de haber garantizado el éxito del libro, que continúa vigente al fin de la década.
EL IDEAL MASCULINO Y LOS ENFERMOS. El libro de James N. Green (Baltimore, 1951) constituye el trabajo de un académico en el sentido que rehusa el discurso indignado y militante para privilegiar la investigación sobre documentos. Desde el título, el campo de trabajo queda claramente delimitado: se historia aquí la homosexualidad masculina en un único siglo. Mientras Bazán tendrá que luchar contra la larga "invisibilidad" de la homosexualidad femenina y con documentos a veces precarios de siglos precedentes, Green dispone de espacio y tiempo para pesquisar los avatares de un grupo social "minoritario" desde la República vieja, los inquietos años `20, el largo período getulista, la modernidad industrial de los `50, la dictadura militar, el destape de los `80 y los problemas enfrentados por los militantes en los años `90. Tanto Green como Bazán hablan de nacionalidades (Brasil, Argentina), pero centran su trabajo en los centros hegemónicos (San Pablo y Río de Janeiro, en el primer caso, Buenos Aires en el segundo).
La diferencia de actitudes se verifica por ejemplo en la investigación profunda que Green realiza, al estudiar la represión psiquiátrica, sobre los archivos del inmenso (hoy casi desactivado) manicomio público de San Pablo, el Juqueri, y los de una institución psiquiátrica privada, importante en los años 30 y 40, el Pinel.
Green expone el ideal masculino del Estado Novo getulista, resumido en este documento sobre la Educación Física: "La nueva Educación Física deberá formar un hombre típico (...): de talle más delgado que lleno, gracioso de musculatura, flexible, de ojos claros, piel sana, ágil, despierto, erecto, entusiasta, alegre, viril, señor de sí, sincero, honesto, puro de actos y pensamientos". Quien no se adaptara al modelo podía ser víctima de la máquina "medicalizadora" que venía desde el siglo XIX y que se ejercía con particular violencia sobre los pobres.
Inspirados principalmente en Gregorio Marañón y en Cesare Lombroso, los juristas y los psiquiatras (y la unión de esos poderes parece potenciar su capacidad de agresión) crearon el tipo psicofísico del homosexual a partir de los individuos presos en razzias policiales. Curiosamente, la terapia destinada a curar estos inadaptados psicofísicos consistió hasta entrada la década del `30 en el mero confinamiento manicomial. Los choques eléctricos y los comas insulínicos serán aplicados sólo desde el fin de los `30 porque la homosexualidad será también un síntoma de esquizofrenia.
Quien se interne en la lectura de los libros de Green y Bazán encontrará en ellos una vasta bibliografía. Es curioso que Bazán no cite a Green (cuando parece conocer una buena parte de la bibliografía brasileña, al menos autores como Luiz Mott y Trevisan, entre otros). Aun así, las dos investigaciones son recomendables, cada una a su modo, para entrar al tema en la primera década del siglo. HISTORIA DE LA HOMOSEXUALIDAD EN ARGENTINA, de Osvaldo Bazán. Editorial Marea, Buenos Aires, 2006. Distribuye Pablo Ameneiros, 501 págs.