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E. E. G.
EN EL TORBELLINO de escritura, actuaciones, dirección de revistas y cuidado minucioso de sus propias ediciones (planificación con los ilustradores, papel, logos, empleo del color), hasta la propia vida de Dickens parece diseñada con mano maestra y sentido dramático. Adicto a los golpes de efecto, dejó inconclusa su última novela, sin ninguna de las anotaciones previas que solía usar, aunque, como es lógico, no tenía prevista su muerte en el día mismo en que ocurrió. Con una vida con numerosos cambios y aspectos ocultos, tuvo en su viejo amigo John Forster un primer biógrafo de altura, de contundente eficacia. Forster había sido uno de los receptores constantes no solo de sus planes laborales y creativos, sino también de sus confesiones personales (o sus pedidos de ayuda para resolver sus problemas y conflictos). No cuesta entender entonces por qué, gracias a los miles de cartas que había guardado, los tres tomos de La vida de Charles Dickens (1872-1874) fueron también hasta cierto punto una especie de autobiografía. Más adelante, en 1876, Forster sacó una edición revisada, en dos tomos, y el libro se siguió reeditando en el siglo XX.
Entre los datos hasta entonces desconocidos que esa vida escrita aportaba a sus seguidores, se contaban la dura experiencia infantil de Dickens en la fábrica de betún (y el rencor consiguiente contra su madre, que decidió dejarlo un tiempo más allí), o la manera en que una opinión del escritor Bulwer-Lytton le había hecho cambiar un final negativo de Grandes esperanzas por otro más feliz. La biografía de Forster fue muy alabada cuando apareció. Durante mucho tiempo, incluso hoy, es un trabajo indispensable. De todos modos su calidad de amigo hizo que aspectos de la vida privada de Dickens quedaran en la sombra, en particular su relación con Ellen Ternan, o la estrecha amistad con Wilkie Collins.
LA FIGURA PATERNA. Con el tiempo aparecieron otras investigaciones minuciosas, como La infancia y juventud de Dickens (1891) de Robert Langton (donde se narraba su amor juvenil por Maria Beadnell). Algunos de sus hijos hicieron su propio aporte: Mi padre tal como lo recuerdo (1897) de Mamie Dickens, con datos después muy citados sobre su forma de trabajar, y Recuerdos de mi padre (1928), de Henry Dickens.
En los años 30 irrumpieron los datos sobre la relación de Dickens con Ellen Ternan, incluyendo aspectos sensacionalistas (como un probable embarazo, nunca demostrado). El famoso artículo seminal del crítico Edmund Wilson publicado en 1940 no influyó solo sobre la crítica sino también sobre las biografías, por su acento psicoanalítico.
Katey, la hija favorita de Dickens, que se había casado con el hermano de Wilkie Collins para desilusión de su padre (y en gran parte para alejarse de él), cuando quedó viuda se casó en 1874 con el artista Carlo Perugini. Antes de su muerte en 1929 en numerosas conversaciones con Gladys Storey trazó un retrato crítico de su padre, fuente de información básica para Dickens e hija (1939). Allí Ellen Ternan ocupaba un sitio central. Charles Dickens (1945) de Dame Una Pope-Hennesy`s, aprovechó no solo el libro anterior de Storey sino también el abundante material recopilado en las últimas décadas (en especial cartas), con un tono erudito y equilibrado. Con herramientas marxistas y freudianas, Jack Lindsay publicó Dickens, un estudio crítico y biográfico (1950).
En 1952 apareció la primera biografía que competía con Forster en extensión e importancia: Charles Dickens: su tragedia y triunfo de Edgar Johnson, en dos volúmenes, con novedades mayores o menores en casi todos los aspectos (allí aparecieron detallados sus contactos con el "mesmerismo"). Más recientemente, Claire Tomalin publicó La mujer invisible: Nelly (Ellen) Ternan y Charles Dickens (1990).
En castellano circula Dickens (1970) de J. B. Priestley en una popular colección de kioscos de Salvat. Hay que mencionar además El mundo de Charles Dickens (1970) de Angus Wilson, con personales opiniones críticas, buena investigación y abundantes ilustraciones de época. Ambas aparecieron en el primer centenario de su muerte.
VISIONARIO POPULAR. Otro trabajo de peso fue la vida de Dickens de Fred Kaplan en 1988. Pero en 1990 el trabajo del biógrafo, ensayista y narrador Peter Ackroyd se impuso con energía. Esa primera versión, muy extensa, incluía momentos dramatizados (diálogos con los personajes, etc.). En la nueva versión, que acaba de difundir Edhasa en castellano, se eliminaron esos agregados creativos y se recobró el tono puramente biográfico.
Aparece en ella la virtud clásica de Ackroyd: manejar la máxima cantidad posible de información primaria o secundaria, para ordenarla después en un relato apasionante. Uno de sus críticos la denominó "un estudio intensivo de un carácter en acción". A su vez Ackroyd va insertando sus opiniones, y sacando deducciones, por ejemplo, del modo en que la letra manuscrita de Dickens reflejaba sus estados de ánimo. El principal logro es ir desarrollando una vida tan compleja con un tono parejamente lúcido y cálido, pintando a su vez la época y los lugares, sin que en ningún momento los múltiples niveles y aspectos le hagan perder el control. Como paradójico aspecto secundario, puede mencionarse que hace poco publicó también una "vida de Wilkie Collins", recibida con frialdad por la crítica.
Ackroyd es productivo como narrador, pero sus aportes principales son sus biografías. Incluso publicó una "vida de Londres" de más de 1.000 páginas. Su interés por Dickens proviene tanto de su propia vida como de sus demás intereses, según declaró en una entrevista: "Creo que lo elegí en principio porque, desde la infancia, he sabido sobre él y en gran parte también, he conocido el Londres que fue el Londres de Dickens. Pero en retrospectiva, creo que el motivo más interesante sería que él integra una larga línea de lo que alguien llamó `los visionarios cockney` (populares) -he escrito sobre William Blake, he escrito sobre el pintor Turner-, y he estado tratando a lo largo de los años tanto en las biografías como en la narrativa, de evocar una matriz de sensibilidad y herencia que tal vez aún exista, y Dickens es tal vez el ejemplo mayor de un novelista visionario en el idioma inglés. Así que, por todo tipo de motivos personales y literarios, era la elección obvia".
No puede descartarse la aparición de nuevos aportes o el ordenamiento distinto de los elementos de la compleja vida y el mundo creativo de Charles Dickens. Hasta bien entrado el siglo XX los hubo. Nada niega a priori que el siglo XXI pueda aportar yacimientos de datos nuevos.





