Gloria Salbarrey
HOY NADIE ESTÁ libre de salir en la tele, desprevenido, en pose o haciendo el ridículo. Más seria e inadvertida es la tecnología de la observación a distancia. Es celebrada en las series televisivas: La ley y el orden y todas las variantes de CSI.
Iniciado en ese entorno, Tim Lott ha aprovechado las posibilidades del género policial, inagotable en variantes y metamorfosis, rico en cruces e intercambios con otros tipos de ficción, que favorece el enfoque múltiple -ético, social, psicológico, grotesco y trágico- en esta novela llamada El caso Seymour.
En este relato -que convierte en hipérbole "la adicción a ver, espiar, acechar y husmear" la privacidad y la intimidad de los demás- el investigador contratado por la familia de la víctima es un novelista llamado Tim Lott, con sus mismas credenciales literarias. Entre otras, ser autor de novelas y notas periodísticas donde ha contado el suicidio de su madre, su divorcio y el asesinato de su agente.
Aunque expone todo con mucha ligereza, la guiñada permite plantear los problemas morales, técnicos y teóricos del narrador de testimonios con palabras que evocan las intenciones de Truman Capote, autor de A sangre fría. Su cliente, la Sra. Seymour, le exige absoluta sinceridad, mientras él pretende alcanzar "la verdad", a pesar de saber que la selección y transcripción de los documentos filmados conducirán a distorsionar una experiencia ajena.
Al comienzo del relato el crimen está definido y resuelto. La tarea del escritor es reconstruir la imagen y los valores morales de la familia Seymour, en compensación por los daños de la difusión mediática sensacionalista de los registros audiovisuales morbosos, violentos y sexuales, que adelantan las grandes líneas de la historia.
En la tarea arqueológica del escritor, el pasado, registrado en el diario íntimo filmado por el Dr. Seymour y en los videos grabados en la calle, en locales o en el hogar, interactúa con las transcripciones, las interpretaciones y las entrevistas a sobrevivientes hechas en el presente. El estilo desmañado y descuidado da impresión de autenticidad y sinceridad, escondiendo los trucos del género policial: mostrar y ocultar para despertar la curiosidad; posponer y retardar para crear suspenso; la psicología, los gestos, la negociación del escritor y su cliente y otras formas de sembrar pistas falsas.
En un libro de misterio no se debe discutir la vuelta de tuerca, menos aún explicar al Dr. Seymour, marido, padre y médico ejemplar, con esa vida gris y frustrada de la cual querían huir los chicos solterones.
El humor patético y grotesco lo convierte en símbolo de la angustia posmoderna. Cansado de vivir sin certezas, en la inseguridad laboral y familiar, comenzó a consumir las verdades y espectáculos creados por cualquier aparato, detrás del cual manipulan el traidor y el traicionado.
Demasiado cerca de una obra de tesis, podada de aristas inexplicables, la novela al fin se queda en un entretenimiento, bastante bien escrito, fácil de leer y en apariencia sencillo.
EL CASO SEYMOUR, de Tim Lott. Tusquets. Barcelona, 2009. Distribuye Urano. 299 págs.
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