Sergio Altesor
LA PERSPECTIVA científica y la emocional se amalgaman rigurosamente en la investigación sociológica de Gabriel Gatti (Montevideo, 1967) sobre el problema de los detenidos-desaparecidos en el cono sur. El autor es hijo del conocido dirigente sindical y fundador de la CNT Gerardo Gatti y hermano de Adriana, ambos secuestrados por militares uruguayos y argentinos en Buenos Aires en 1976. Se trata, pues, de alguien que ha vivido desde dentro el trauma de la desaparición de un familiar muy cercano. Pero también de un renombrado científico, coordinador del Centro de Estudios sobre la Identidad Colectiva y profesor de Teoría Sociológica en la Universidad del País Vasco. Por tales razones esta obra es, como dice el autor, una "sociología desde el estómago". Pero la subjetividad de la experiencia del dolor no tuerce ni fuerza un ápice la investigación y el análisis riguroso. Por el contrario, Gatti sabe de lo que habla y su experiencia solo logra humanizar y dignificar el tema en su justa medida. Gatti puede describir desde su interior la catástrofe familiar y social de la desaparición forzada, el quiebre de la identidad y del lenguaje, la vida en la impotencia permanente.
Uno de los grandes méritos científicos de su investigación es establecer con una fundamentación contundente que el problema es de responsabilidad del Estado y de todos los ciudadanos. El autor demuestra que todo el circo de compasión humillante y contradictoria hacia una minoría -los familiares de detenidos desaparecidos- se ha vuelto solo una cortina de humo para no asumir y para desviar la responsabilidad del Estado y el resto de la ciudadanía. Una conclusión que a pesar de su pesada transparencia dista mucho de ser asumida por los políticos de derecha y de izquierda en este país. El argumento contra la memoria de Sanguinetti ("la Historia para los historiadores") es así perfectamente complementado por el de Mujica acerca de la necesaria convivencia armoniosa con los responsables de los crímenes.
Con este libro se pone por fin sobre el tapete en Uruguay una mirada múltiple y totalizadora en donde el análisis histórico coloca en su lugar natural este aberrante fenómeno de las pasadas dictaduras. Como demuestra Gatti, las desapariciones forzadas no fueron más que uno de los últimos eslabones de la cadena de la construcción de la modernidad. Esa modernidad ha pasado y sigue en buena medida pasando por el Estado corrector y jardinero, que limpia y arranca la maleza de la sociedad para corregir su desarrollo en torno a conceptos predeterminados sobre lo que el poder entiende que debe ser el buen cuidado del jardín de la civilización. La desaparición de opositores no se diferencia fundamentalmente, así, del genocidio del General Roca y otros miembros del Estado argentino durante la conquista del desierto ni del genocidio del pueblo charrúa por parte del gobierno de Fructuoso Rivera en Uruguay. La misma idea une esos eslabones, la de extirpar los elementos nocivos que ponen en peligro un proyecto de civilización. Pero como bien destaca Gatti, una paradoja singularizó a las dictaduras del Cono Sur ya que quienes fueron objeto de desaparición forzada fueron los productos más refinados del trabajo civilizatorio: "Los frutos perfectos, sí, de la modernidad son los que van a ser despedazados por la maquinaria que fue su condición de posibilidad".
EL DETENIDO-DESAPARECIDO. Narrativas posibles para una catástrofe de la identidad, de Gabriel Gatti. Trilce, 2008, Montevideo, 176 págs. Distribuye Gussi.