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Rosario Peyrou
CHICO BUARQUE no existe, es una ficción inventada por una necesidad vital; sin él, el Brasil sería más pobre", dijo en cierta ocasión el cineasta Ruy Guerra. "Chico Buarque es la única unanimidad nacional", escribió a su vez, con menos poesía pero igual capacidad de admiración, Millor Fernandes. Figura clave de la música popular brasileña, no sólo por sus composiciones musicales sino por la calidad poética de sus textos para canción, Chico Buarque es además un escritor que vale la pena tomarse en serio. El suyo es uno de esos raros casos en que la calidad va acompañada de popularidad, en una literatura que no puede ser calificada precisamente de "fácil". Es cierto que si no se tratara de una figura tan conocida en el terreno de la música -ese terreno privilegiado que ayudó a forjar el mito del Brasil en el mundo- sus novelas habrían tenido menos repercusión, pero afortunadamente no se trata sólo de un asunto de marketing. La literatura no parece ser en Chico un divertimento para matizar con algo diferente su dedicación a la música, sino una forma de expresión auténtica que practicó desde muy temprano. Todavía adolescente, en la década del 60 había publicado cuentos en diarios y revistas y en 1974 apareció Fazenda modelo, su primera novela. Luego vendría Estorvo (1991) -que le dio notoriedad internacional como escritor- seguida de Benjamim (1995) y Budapeste (2003) que terminaron por consolidar su prestigio.
Leche derramada cuenta en apenas doscientas páginas la historia del Brasil a través del discurso en primera persona de un viejo de cien años internado en un hospital público. Perteneciente al patriciado, Eulálio Montenegro d`Assumpcao es descendiente de un barón de la corte del Imperio, bisnieto de un rico comerciante de esclavos, hijo de un senador de la República y en la historia de decadencia social y económica de su familia -que el viejo le cuenta a quien pase cerca de su cama de enfermo- se puede leer entrelíneas una visión irónica del proceso de modernización de la sociedad brasilera. En cierta forma esta saga familiar corre paralela a la síntesis que Sergio Buarque de Hollanda (uno de los mayores historiadores del país, convertido con el paso de los años en "el padre de Chico") hiciera en Raízes do Brazil -junto con Casa Grande & Senzala de Gilberto Freyre, un clásico de la historiografía brasilera. La crítica no ha dejado de señalar que el libro de Chico entronca con una tradición que nace con las Memorias póstumas de Blas Cubas de Machado de Assis, el mayor escritor brasileño del siglo XIX. Y vale recordar que la estrategia de novelar el tiempo a través de una saga familiar tiene largos antecedentes en la literatura latinoamericana. Pero Leche derramada renueva la fórmula y consigue su cuota de originalidad gracias a la inteligente estructura del relato y las características de su narrador. Acosado por la demencia senil, Eulálio trastoca los tiempos y cae en las trampas de la memoria en su afán obsesivo por comprender qué pasó en su vida luego de la pérdida de Matilde, la mujer de la que ha estado enamorado durante ocho décadas. Lo que cuenta entonces es como un espejo roto que demanda la participación activa del lector. Una participación que se hace atractiva por el modo cómo está diseminado el puzzle, la inteligente dosificación de la información y las contradicciones en que cae Eulálio y que el lector debe resolver por su cuenta.
Es interesante además el tono del discurso. Más que nostalgia hay en Eulálio una suerte de liviandad aristocrática -que no deja de tener un sesgo humorístico en su ingenuidad- que le permite aceptar sin desesperación el transcurso decadente de su vida desde la hacienda familiar en la sierra y el gran chalet de Copacabana, pasando por apartamentos cada vez más modestos, hasta terminar en un cuarto miserable de una favela de Río, situada justamente sobre las tierras donde en otro tiempo estuvo aquella fazenda original. En el transcurso de esa caída que coincide con la transformación de la sociedad brasilera, Chico Buarque consigue eludir el mero cuadro de "tesis" sociológica, gracias a la historia de la pasión de Eulálio por la misteriosa Matilde, cuyo trágico final debe descubrir el lector. En esa obsesión apasionada se esconde una historia de prejuicios raciales, hipocresías de clase y ocultamientos que Chico Buarque cuenta con sutileza psicológica y elegancia de estilo.
LECHE DERRAMADA, de Chico Buarque. Salamandra, 2011. Barcelona, 192 págs. Distribuye Gussi.




