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Soledad Platero
MICHELA Murgia (Cabras, Cerdeña, 1972) es una escritora que no rehúye las apariciones públicas. De intensa actividad como "bloguera", Murgia ha dicho más de una vez que la comunicación es una sola, así que no le hace asco a presentarse como opinadora en televisión ni a participar en debates sobre distintos asuntos de actualidad. La acabadora es su primera novela y la que le valió el Premio Campiello 2010 en Italia (antes escribió un diario en forma de tragicomedia titulado Il mondo debe sapere y una extraña guía de viajes sobre Cerdeña, Viaggio in Sardegna).
Los ingredientes de La acabadora parecen haber sido combinados para que la novela entrara cómodamente en el catálogo de Salamandra: un pequeño pueblo de la costa sarda, una época ni muy lejana ni muy próxima, un puñado de costumbres locales, muertes, rituales, ceremonias y secretos. Nada muy distinto de lo que hace Marcello Fois, también en Cerdeña, con la serie del abogado Bustianu, o de lo que el francés Laurent Gaudé hizo con El sol de los Scorta en 2004.
En esta novela hay dos mujeres unidas por un lazo filial que no es de sangre: Bonaria Urrai y la pequeña Maria Listru, su fill`e anima. Maria es adoptada por la anciana Bonaria según un régimen establecido en Cerdeña por la costumbre, que consiste en hacerse cargo de un niño pero sin exigir que rompa los lazos con su familia de origen. La pequeña se muda a casa de su nueva madre a los seis años de edad y se adapta sin conflictos a la discreta calidez de la anciana, a la vida tranquila y rutinaria en un hogar de dos personas, a tener lo que necesita y a no robar lo que ya es suyo. Pero un día descubre que su madre adoptiva sale por las noches, cuando la cree dormida. Y sospecha que en esas salidas hay algo de lo que no se puede hablar. El título de la novela ya anuncia que la tarea secreta de Bonaria Urrai consiste en ayudar a los agonizantes en su tránsito hacia la muerte.
Michela Murgia consigue armar su historia sin demasiados hechos -apenas hay dos o tres acontecimientos de esos que obligan a los personajes a moverse, a hacer algo- porque el cuerpo del relato está en otra parte: en la escena de pueblo detenido, siempre aislado e idéntico a sí mismo, como una postal en sepia, y en la prosa discretamente poética que sirve para recrearlo.
Buena parte de la crítica europea señaló la valentía de la autora al poner en el tapete el tema de la muerte asistida, justamente en momentos en que el asunto se debate en ámbitos políticos y jurídicos. Pero algo que hay que decir a favor de la novela es que no parece escrita para aportar a un debate. No tiene el menor tinte panfletario, ni se expide acerca de lo correcto o incorrecto del procedimiento.
En todo caso lo que hace de modo bastante evidente es contribuir a la causa de las singularidades locales. Se podría decir de La acabadora que es una historia "de género", valiéndonos de la expresión en los dos sentidos que admite: el de un tipo específico de narrativa, sujeto a ciertos rasgos fijos, y el de connotar algo "femenino". Claro que este tipo de novela no ha sido, como el policial, la ciencia ficción o la aventura, suficientemente descrito según sus rasgos obligatorios, así que digamos sólo que es una "historia pequeña"; un relato lleno de saberes que se transmiten por vía femenina, en una comunidad fuertemente matriarcal. Uno de tantos textos que parecen querer recuperar algo más bueno, más sabio y más noble, que está guardado allí donde las costumbres antiguas tienen más peso que la ley.
LA ACABADORA, de Michela Murgia. Salamandra, 2011. Barcelona, 188 págs. Distribuye Gussi.






