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 Viernes 13.04.2012, 01:27 hs l Montevideo, Uruguay
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Cultural


Lecturas y novela de Alejandro Zambra

Decir sin literatura

Elvio E. Gandolfo

LA DIFERENCIA entre publicar en un país latinoamericano y hacerlo en España puede percibirse en dos libros recientes del chileno Alejandro Zambra. El primero, No leer, es de 2010 y recoge sus "crónicas y ensayos sobre literatura". Lo publicó la Universidad Diego Portales de Chile, y no está distribuido en Montevideo. Su tercera novela, Formas de volver a casa, como las dos anteriores fue publicada por Anagrama (España), y sí está distribuida. En este caso es especialmente subrayable, porque cada uno de los dos libros ayuda a leer, disfrutar y hasta discutir al otro.

Ante todo, como mucho escritor, Zambra se considera lector. Dice en el libro paradójicamente titulado No leer: "El placer de pasar la tarde leyendo fue, para mí, muy anterior al deseo de escribir. Y sigue siendo más pleno, más estable". En las demás notas y ensayos, se muestra amplio en esas lecturas, llano e ingenioso a veces para explicarse o criticar. Tiene además plena conciencia del lugar local donde escribe. Aunque, al mismo tiempo, sabe que pertenece a ese engendro multiforme llamado literatura latinoamericana. Para pedir "Que vuelva Cortázar", por ejemplo, acude al argentino Fabián Casas, de una edad cercana a la suya, y con quien comparte su fastidio ante Rayuela y la nostalgia por el autor, para culminar: "Tal vez recién ahora estamos listos para leer, de verdad, a Cortázar".

La temática del libro (de 150 páginas) no puede ser más amplia: "Corregir hasta que duela", "La memoria de Borges", "Veraneando en Hungría" (sobre Sándor Márai), "Buzzati de vuelta", "La poesía de Roberto Bolaño", "Ribeyro en su telaraña", "Buscando a Pavese", "Tanizaki en la penumbra". Algunas de las últimas notas son más largas, y llegan a las 10 páginas. Pero su capacidad para lanzar hipótesis, ideas y agitación polémica aparece concentrada en la media docena de páginas de "De novela, ni hablar". Comienza por su frase favorita, de Clarice Lispector: "Digo lo que tengo que decir, sin literatura". Después aprovecha un recuerdo de infancia o adolescencia: las colecciones de libros de la revista Ercilla incluían una serie roja para literatura española, de color café para la chilena y beige para la universal. No había color ni colección para la literatura latinoamericana. Y deduce: "Yukio Mishima fue nuestro Severo Sarduy, César Vallejo nuestro Paul Celan, Macedonio Fernández fue nuestro Laurence Sterne, Raymond Carver fue nuestro Raymond Chandler. (...) Y Borges fue nuestro Borges". Poco después agrega un comentario agridulce: "No exagero si digo que la mayoría de los chilenos no quiere leer a los chilenos, mucho menos a los latinoamericanos. Quieren, en el mejor de los casos, leer a Sándor Márai".

la NOVELA LARGA. Las dos primeras novelas de Zambra, Bonsai y La vida secreta de los árboles (ver El País Cultural Nº 969) eran muy cortas para lo que hoy ha terminado por considerarse un mínimo normal en una novela (digamos 200 páginas). De todos modos la segunda era un poco más larga que la primera. Además seguía a algún personaje anterior y desarrollaba más las semillas entre poéticas y filosóficas de la primera. Escritor moderno, Zambra entra y sale él mismo del texto, de una manera no solo autobiográfica, y se notaba en la segunda que a esa altura esa "persona" (más que autor o personaje) tenía un tiempo recorrido adicional.

Ahora Formas de volver a casa ejerce una colonización adicional de territorio, y llega a las 164 páginas. Como sin poder creerlo, Zambra se da el lujo de dividirla en cuatro partes, y de trabajar cada una de esas partes con temas y tonos sutil o claramente diversos.

La primera, "Personajes secundarios", es la que más se acerca a una novela corta redonda. Tiene la unidad de límites de la adolescencia vista desde el futuro, y la fuerza de los primeros amores. El personaje es encargado por la muchacha que ama de vigilar a un adulto más bien lateral. Ya en ese dato se percibe el crecimiento de lo que fue la actividad política de izquierda en Chile. O en el diálogo con un profesor:

"¿Y tú eres comunista?

Yo soy un niño, le dije.

Pero si tu papá fuera comunista tal vez tú también lo serías.

No lo creo, porque mi abuelo es comunista y mi papá no.

¿Y qué es tu papá?

Mi papá no es nada, respondí, con seguridad".

Ese tema, el de los padres y los hijos, se despliega en "La literatura de los padres" y "La literatura de los hijos". Allí ya ha pasado la tormenta de la dictadura, la muchacha ahora mujer vive en Vermont y la "persona" Zambra quisiera que vuelva y que se quede, pero secretamente sabe que no lo hará. Al fin lo reconoce: "Pero no es amor lo que nos une. O es amor, pero amor al recuerdo". Lo mismo le pasa a Claudia: "hace años descubrí que quería una vida normal. Que quería, sobre todo, estar tranquila".

Con intuición afinada para el lenguaje y los títulos, la cuarta parte se llama "Estamos bien". Suena irónico, o si no, new age. Pero "Estamos bien" era lo que le decía la gente a los vecinos cuando salía de casas temblequeantes en el último terremoto, que fue de los peores. Un terremoto menor marca la primera parte. En la cuarta, un intento de reenganche con una mujer anterior fracasa, en parte porque la primera relación formó parte del propio libro, y eso a ella la enfureció. Canchero, pero a medias, por la emoción (tono frecuente en él), Zambra comenta: "Alone again (naturally) Lo que más me duele es el naturally. Vamos entonces, tú y yo, cada uno por su lado".

El libro se entreteje en varios tramos con No leer. Un capítulo aprovecha un artículo de aquél (que suena levemente disonante). En otros casos se vuelve a leer y a escribir: "un libro es siempre el reverso de otro libro inmenso y raro. Un libro ilegible y genuino que traducimos, que traicionamos por el hábito de una prosa pasable". La prosa de Zambra es mucho más que pasable, conecta con muchos temas con una naturalidad fruto de las lecturas, de las correcciones, de las infinitas charlas con otros que hacen lo mismo. A través de sus tres novelas presenta el proceso fascinante de alguien que va creciendo junto con el mundo representado. Más que un autor, un tipo que lee y escribe, y que hay que leer.

NO LEER, de Alejandro Zambra. Edic. Universidad Diego Portales, 2010. Santiago de Chile, 153 págs. Aún no distribuido en Montevideo.

FORMAS DE VOLVER A CASA, de Alejandro Zambra. Anagrama, 2011. Barcelona, 164 págs. Distribuye Gussi.

Padres e hijos

Alejandro Zambra

LOS PADRES abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. Los padres protegen o desprotegen pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van. Y todo es injusto, sobre todo el rumor de las frases, porque el lenguaje nos gusta y nos confunde, porque en el fondo quisiéramos cantar o por lo menos silbar una melodía, caminar por un lado del escenario silbando una melodía. Queremos ser actores, que esperan con paciencia el momento de salir al escenario. Y el público hace rato que se fue.

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