|
||||||||
Fernando García (desde Buenos Aires)
LA MUESTRA "Bye Bye American Pie" que despliega en la sala más grande del Malba de Buenos Aires la obra de seis artistas fundamentales de los últimos 30 años del arte de los Estados Unidos es, probablemente, el guión expositivo más audaz y corrosivo que se haya visto en este museo porteño desde su fundación en 2001. Si bien la colección permanente no le corre el bulto al arte político -de Berni y Portinari a León Ferrari- o ha recibido obra de la vanguardia más anti-artística (la antológica del grupo Fluxus, por ejemplo), nunca había estado tan cerca de cuestionar desde sus paredes la propia dinámica social que lo funda.
Curada por el canadiense Philipp Larratt-Smith (a quien se comisionó en 2009 una muestra sobre Andy Warhol que batió todos los récords de asistencia del museo), "Bye Bye American Pie" toma su nombre prestado del hit de Don Mc Lean que fijó el amargo ocaso de los 60. La estereotipada familia feliz de la tapa del catálogo toma la forma de la cáscara que oculta el monstruo social desplegado en la sala. Fotos de heroinómanos (Larry Clark), la perversión del sistema informativo-publicitario (Jenny Holzer y Barbara Kruger), una monstruosa escultura mecánica de Paul McCarthy (algo así como George Bush entre Sodoma, Gomorra y El Exorcista) o el gabinete sedicioso de Cady Noland se articulan con las visiones distópicas de Ballard en frases que figuran en el catálogo de la muestra ("Charles Manson presidente") y los ensayos sobre la caída de la economía productiva que se despliegan en dicho volumen. El catálogo en sí es casi una obra más de la muestra.
En este contexto brilla por contraste la obra pictórica del legendario Jean-Michel Basquiat. Frente al resto, su sección es un extraño remanso teniendo en cuenta que se trata de una pintura hiperactiva, marginal y ostensiblemente brut. Durante el montaje mismo de la muestra Larrat-Smith dialogó sobre la vida por detrás de los cuadros de Basquiat, que murió de una sobredosis en 1988, a los veintisiete años, y cuya obra se ve por primera vez en Buenos Aires.
EL PROBLEMA RACIAL.
-¿Cómo diría que el trabajo de Basquiat refleja los cambios dramáticos de la cultura americana que están en el corazón del concepto de la muestra American Pie?
-El asunto racial es la rajadura mayor de la historia americana. Que ahora haya un presidente mestizo a cargo de la Casa Blanca no ha alterado este hecho central. Basquiat abrazó su identidad de negro americano y sus obras están repletas con referencias a la historia, la cultura, el deporte y la música negras. Su trabajo habla inevitablemente de la posición de los negros en Estados Unidos. Creo que esta es una de las razones que lo empujó a tomar drogas. Debió ser duro estar en la piel de Basquiat. La presión debió haber sido increíble. Ahí estaba él, la gran cosa nueva del mundo del arte y aún así los taxis de Nueva York no se le detenían porque era negro. De los seis artistas de la muestra hay algunos que operan en la superficie del yo: me refiero a Basquiat, Larry Clark y Nan Goldin. Los otros tres están trabajando en el campo del superego: las ambiguas prohibiciones y preceptos de Jenny Holzer, la yuxtaposición impactante entre el lenguaje del marketing y el estilo visual del agitprop (propaganda de agitación) en Barbara Kruger y la crítica cultural implícita en la deconstrucción que hace Paul McCarthy de los mitos y las narrativas de Hollywood y Washington. Puestas juntas, estas trayectorias ofrecen un diagrama del cambio de valencias en la cultura americana desde los 60, y revelan el deseo de muerte bajo la superficie del sueño americano.
-Los críticos ciertamente están divididos acerca de la obra de Basquiat aun en sus colaboraciones con Warhol. ¿Podemos ver en esa actitud cierto prejuicio por sus comienzos como una bestia del graffiti?
-En los años 80 hubo galerías y museos que se resistían a tomar a Basquiat en serio. Esta es una de las razones por las que su trabajo está muy mal representado en las colecciones de los museos. Su escalada a la fama fue tan relampagueante y explosiva que mucha gente lo tildó de oportunista. El hecho de que su lugar en el mercado fuera fuerte mientras carecía de soporte crítico, solo refuerza la percepción de que sus precios altos fueron solo el resultado de una burbuja especulativa. El mercado del arte realmente despegó en los primeros 80 y un grupo de pintores fueron arrastrados en el momento: Julian Schnabel, Eric Fischl, David Salle, Francesco Clemente y otros de lo que se llamó la transvanguardia. Tendencias y modas estaban a la orden del día, en contraposición a los 70, cuando regía el conceptualismo. Basquiat empezó como un artista del graffiti bajo el alias de SAMO (same old shit, la misma mierda), dejando textos crípticos y dibujos infantiles alrededor del Soho. Rápidamente evolucionó en algo más interesante.
LíNEA ORIGINAL Y EXPRESIVA.
-Basquiat suele ser considerado como el último mito romántico del arte, ¿cómo diría que esta construcción mítica afectó la apreciación de su obra pictórica?
-Su mito evitó una apreciación que no fuera más allá del valor y la importancia de su trabajo. Basquiat es uno de los artistas que se pueden contar con una mano cuyo nombre resuena entre el público más masivo del mismo modo que Warhol, Mapplethorpe, Dalí y Picasso. Pero este mismo hecho trabaja en su contra entre intelectuales y artistas, que suelen exhibir un reflejo contra cualquier cosa en el arte que tenga la aceptación de las masas. En mi opinión Basquiat fue el pintor americano más interesante y original de los 80. Su línea es increíblemente original y expresiva, dentada e hiperalerta como si hubiera sido estimulada por una sobrecorriente de anfetamina. Comunica el sutil sentimiento volado de haber estado despierto días enteros: exhausto, paranoico, hipersensible. Su sentido de la composición es remarcadamente sofisticado. Los elementos gráficos en sus piezas en papel están cuidadosamente volcados como en un inventario, o eyectados en el espacio blanco de la página como las palabras de Mallarmé en Un coup de dés jamais n`abolira le hasard (Un golpe de dados jamás abolirá el azar). En esta muestra hay dos pinturas extraordinarias, una de las cuales me atrevería a decir que es la mejor que hizo en vida. Perteneció originalmente a Dennis Hopper, que fue un amigo de Basquiat.
Basquiat fue un faux naf, un chico de la clase media de Brooklyn de una pobreza afectada, que vestía harapos y dormía en una caja de heladeras en el parque de Tompkins Square. Su madre solía llevarlo a los museos cuando era chico. Vio sus (Cy) Twombly, sus (Jean) Dubuffet, sus Warhol. La idea de que era una especie de noble salvaje o analfabeto que surgió del bosque y apareció en la galería Mary Boone no tiene base en la realidad. Pero Basquiat vivió y murió como una estrella de rock en un momento en que el mundo del arte estaba hambriento por una figura así, y él cultivó su propio mito como una compensación hacia lo que percibía como un desprecio o aún un rechazo racista de su trabajo en el corazón del establishment. Nunca quiso ser la mascota de una galería o el oso bailarín para el mundo blanco del arte.
-Dado que usted también trabajó sobre la obra de Andy Warhol (Larrat-Smith curó para el Malba la exitosa muestra "Mr America"), ¿cómo describiría la relación entre Warhol y Basquiat?
-A Warhol le gustaba pegarse a la última moda con tal de alimentar su propia fama. Así que cuando Basquiat se volvió famoso, Warhol lo puso inmediatamente bajo su ala. Fueron una extraña pareja: la obra de Warhol era moderna a más no poder, mientras que lo de Basquiat es en varias maneras un rebrote romántico hacia una mentalidad previa. Pero tenían cosas en común incluyendo el hecho de que ambos presentaban personalidades construidas al mundo que usaban para sortear al establishment del arte que los miraba de reojo y así comunicarse directamente con un público masivo. Creo que Basquiat veía a Warhol como un padre sustituto, una figura confiable que podría ayudarle a negociar en los vientos cambiantes del mundo del arte. En tanto, por más increíble que parezca, la reputación de Warhol estaba en el toilet en los 80. La gente pensaba que estaba terminado. Entonces el hecho de que este joven, exitoso artista, pensara su mundo y mirase a él como un ejemplo, debió haber sido muy gratificante. Desafortunadamente la recepción intensamente negativa de la colaboración Warhol-Basquiat arruinó la relación.
SER ARTISTA NEGRO.
-¿Por qué apareció tan tarde un pintor negro en el arte de Estados Unidos?
-Sé directamente de Louise Bourgeois que en el mundo del arte de los años 50 había lugar solo para una artista mujer (fuera Lee Krasner o Louise Nevelson). Ciertamente, no había lugar para un artista negro. Es complejo que haya sucedido eso cuando el bebop estaba en su apogeo. En cualquier caso, Basquiat llegó en un momento en el que las actitudes en el mundo del arte habían cambiado al punto de que él pudiese ser aceptado.
-¿Y por qué ningún otro artista negro pudo hacerlo después de él?
-Probablemente porque la pintura misma como disciplina entró en un eclipse. Imagino que artistas negros más jóvenes se deben haber inclinado por David Hammons y Glenn Ligon como puntos de referencia.
-¿Cómo cree que la estética de Basquiat expresaba sus orígenes raciales mixtos?
-Yo diría que la fusión de diferentes corrientes en su trabajo -alta pintura europea en una mano, graffiti y dialecto urbano en la otra- parecían espejar sus propios orígenes mixtos.






