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Por Nicolás Lussich
nlussich@seragro.com.uy
En el primer cuatrimestre del año, las exportaciones uruguayas mostraron una moderación en su crecimiento, con una suba de 10% respecto al mismo período de 2011, medidas en dólares. Si consideramos una inflación de cerca de 8% y una cotización del dólar que no varió sustancialmente, puede concluirse que las exportaciones han crecido entre 2 y 3% en términos reales.
El dato es incómodo para una economía que pretende moderar el consumo y la inflación, para dar más espacio a la inversión y al crecimiento productivo. Además, los próximos meses no serán fáciles: si bien se expresará en forma completa el positivo impacto de la gran cosecha sojera (ver páginas 10 a 12), también lo harán los problemas comerciales regionales y globales.
La información general de exportaciones incluye situaciones contrastantes. Por un lado, la colocación de granos lidera las ventas externas, con una duplicación de la comercialización de cereales en el primer cuatrimestre, debido a la gran cosecha triguera.
La cosecha de soja ha entrado algo más retrasada que en 2011, pero será récord y constituye el sector clave en las ventas externas en estas semanas (en la primera quincena de mayo las exportaciones totales crecieron 16%, porque la soja aumentó más de 50%).
Considerando -además- la cosecha arrocera, los granos se consolidarán este año como principal sector exportador, por su proporción en el total y por su dinámica expansión.
También las exportaciones del sector lácteo crecen a tasas destacadas, con un aumento de 20% en las colocaciones, debido a un aumento en la producción que compensa con creces la corrección a la baja en los precios; será difícil que mantenga el crecimiento de los últimos meses.
Con más moderación, la carne también avanza en el ingreso de dólares, con precios relativamente estables y un mayor volumen exportado, que responde a menor consumo interno y a cierta liquidación de stock de carne en cámara.
Así, las exportaciones agropecuarias y agroindustriales siguen avanzando, por los buenos precios y por la gran capacidad de crecimiento en la producción física, fundamentada en un uso más intenso de los recursos naturales y en la aplicación de tecnología.
Puede esperarse –además- que el avance agrícola apuntale la producción animal de carne y leche, que cuenta con los granos para sostener la alimentación, ya de manera permanente (ver páginas 30 a 36). Los agronegocios son hoy un motor clave de la economía; en realidad, lo vienen siendo desde que Uruguay comenzó a recuperarse.
En el plano de las exportaciones puramente manufactureras, el escenario es distinto, con sectores que siguen mostrando una interesante dinámica y otros que enfrentan serios problemas. Rubros como la producción de plásticos, la industria química y la industria farmacéutica mantienen un incremento en sus exportaciones, las primeras porque aprovechan la dinámica del mercado brasileño y la última por la renovación tecnológica de las empresas, que están cubriendo nichos dinámicos de mercado en la región y en otros mercados.
Sin embargo, otros sectores -como la vestimenta y los automóviles- han sido seriamente impactados por las trabas que ha impuesto Argentina a las importaciones. Estas medidas no afectan solo a esos rubros y fuentes industriales señalaron a esta revista que el impacto es más extendido pues, en muchos casos, si bien la proporción de Argentina como mercado no es alta, es el mercado más rentable, y completa y compensa la situación en otros destinos, donde los márgenes son estrechos.
Este escenario se ilustra claramente con los datos elaborados por la Cámara de Industrias, en su último informe sobre comercio exterior. Allí se muestra que, en el primer cuatrimestre, las exportaciones de productos primarios crecieron 12% y las de productos agroindustriales 13%, pero las de manufacturas industriales se mantuvieron estancadas.
Pero los problemas comerciales no se generan solamente por las trabas regionales: Uruguay se está encareciendo respecto a sus principales socios y competidores, y eso provoca dificultades crecientes para mantener el crecimiento exportador, así como en la competencia de la industria nacional en el propio mercado interno.
Fortalezas reconocidas
La economía uruguaya sigue transcurriendo un ciclo histórico de crecimiento, solo empañado –lamentablemente- porque asuntos centrales para la vida social (educación, salud, seguridad pública) no logran mostrar avances claros. Si bien son asuntos cuya transformación y mejora exigen períodos largos, las crisis que los han afectado en los últimos meses son síntoma de que dicho encauzamiento no está garantizado. La gravedad de estos problemas se remarca, precisamente, porque la actividad económica está en un muy buen momento y recursos no faltan.
Efectivamente, la economía está fuerte, creciendo y consolidando mejoras en el clima de inversiones. Uruguay volvió a obtener el grado inversor, lo que confirma la percepción que ya venía apreciándose en los mercados financieros internacionales sobre la buena posición financiera del país.
Los avances económicos se trasladan a los indicadores sociales. La pobreza –medida por el ingreso- tuvo un nuevo retroceso (cayó a 13,7%), lo mismo que la indigencia (bajó a 0,5%). El desafío es consolidar estos avances, en momentos en que los vientos empiezan a virar y ya no soplan a favor.
En este plano, un tema clave es la competitividad-precio, medida a través del Tipo de Cambio Real, que se ha visto seriamente erosionada en los últimos meses. Los alertas por problemas de competitividad no son nuevos y en estas páginas hemos abordado el asunto desde diversos ángulos. Ahora bien: el Tipo de Cambio Real ha venido cayendo mientras la economía siguió creciendo, como se muestra en la gráfica de página 6 (al centro). ¿Cuál es el problema, entonces? Veamos.
En primer lugar, hay que ver –y la gráfica correspondiente lo muestra con bastante claridad– que el fuerte aumento del Tipo de Cambio Real fue previo al ciclo de recuperación y uno de los fundamentos clave para la salida de la crisis, al menos en los primeros años.
El crecimiento comenzó luego a consolidarse, pues –a pesar del encarecimiento relativo de la economía- otros factores positivos adquirieron relevancia y permitieron compensar –con creces- la caída del Tipo de Cambio Real. Hasta puede argumentarse que son dos caras de la misma moneda. Mencionemos tres factores que, a nuestro juicio, son los principales.
El primero es la evolución de los precios internacionales relevantes para el Uruguay. Si bien la canasta de consumo (el ÍPC) se encareció frente a la de sus principales socios comerciales en los últimos años, también el ingreso del país se multiplicó, porque el valor de las cosas que se exportan tuvo aumentos históricos, en un verdadero "cambio de paradigma": las vilipendiadas materias primas (sinónimo de pobreza y "falta de inteligencia" para producir) resultaron ser la nueva estrella de la economía global. La demanda asiática de alimentos puso a la carne, la leche, los granos, como productos de alto valor. Uruguay agradecido.
Otro factor clave fue la situación regional. Brasil y Argentina (que también se beneficiaron por el aumento en la demanda de materias primas) expandieron, además, sus grandes mercados internos. En ese proceso, también tuvieron una caída propia de su Tipo de Cambio, de tal forma que Uruguay, si bien perdió competitividad con el resto del mundo, la mantuvo con la región, en particular con Brasil (como se ve en la gráfica), que se constituyó –como era esperable- en el principal socio económico. El escenario regional fue clave para el crecimiento de la economía en los últimos años.
El tercer elemento es el propio mercado interno uruguayo. El crecimiento de la economía fundamentó una fuerte recuperación de los ingresos de los hogares, que se habían sumergido en la crisis 1999-2002. Pero no fue el único factor causal: las políticas públicas, con pautas de permanente recuperación del salario real, más intensas políticas sociales de apoyo y transferencias a las personas de menores ingresos, promovieron una expansión significativa del mercado interno en términos de consumo, con tal intensidad que el consumo parece excedido. También parece necesario revisar las transferencias sociales, dada la buena situación del mercado de trabajo.
Asimismo, la inversión (interna y externa) se fortaleció y logró mantener -e incluso aumentar- su participación en el PBI, acercándose a un interesante 20%. Esto es consecuencia de un clima de negocios atractivo (más allá de algunos "ruidos", como el ICIR y la situación con Argentina).
Este desempeño responde al propio crecimiento productivo, que exige inversiones (plantas de celulosa, silos, puertos, maquinaria de construcción, etc.) y al crecimiento del consumo, que también demanda inversiones (shoppings, locales, distribución, logística, etc.).
En este marco, los mecanismos de promoción jugaron y juegan un rol relevante, con estímulos muy contundentes en términos de exoneraciones impositivas. De todas formas, es necesario aumentar los niveles de inversión, en particular en sectores que pautan los costos y la competitividad (energía, infraestructura).
El desempeño de la economía se ha visto facilitado por una conducción económica que, más allá de discusiones puntuales, cuenta con un respaldo bastante amplio. La economía nacional redujo vulnerabilidades: tiene una menor relación deuda/PBI, una mayor proporción de deuda en moneda local, una posición fiscal razonable (si bien sería preferible un mayor equilibrio) y un sistema cambiario flexible, todo lo cual permitió, por ejemplo, capear la crisis financiera global de 2008-2009 sin demasiadas zozobras.
Dicho todo esto respecto al proceso reciente de la economía, la situación a partir de este 2012 genera –sin embargo- preocupaciones, porque el escenario global y regional se deteriora, y porque Uruguay tiene aún cuentas pendientes.
Preocupación renovada
La situación europea es el punto más crítico de la economía global. Luego de un ciclo de alto endeudamiento y expansión de presupuestos, la crisis financiera de 2008 (generada en EEUU) desnudó las debilidades europeas, que hoy se hacen flagrantes. Y no solo hay problemas de gasto y deuda, sino que están cuestionados los propios fundamentos de la moneda única, el euro.
Mientras, EEUU buscó superar la crisis a través de una fenomenal expansión en la oferta de dinero, lo que ha tenido un éxito parcial; sin embargo, el desempleo aún es altísimo y el crecimiento económico no se muestra robusto.
En cierta forma, puede argumentarse que la crisis que se inició en 2008 todavía no terminó y ya no se remite solo a lo financiero, sino que se expresa también en la economía real, con altísimos niveles de desempleo a ambos lados del Atlántico.
Contrariamente, la demanda asiática se mantiene, asociada a un proceso de desarrollo profundo que ha emprendido China, junto con otros países relevantes de esa región. Es uno de los fundamentos clave del mencionado "cambio de paradigma" a nivel mundial: los asiáticos son capaces de producir cada vez más y mejores bienes industriales, y demandan cada vez más alimentos, cuyos precios -en consecuencia- se fortalecen.
No obstante, tanto China como el resto de Asia tienen una alta dependencia del comercio con EEUU y Europa. Por tanto, la situación europea y la estadounidense impactan en Asia, cuya pujanza puede verse afectada.
En la región, el vigoroso crecimiento de Argentina y Brasil registrado en los últimos años ha dado paso a una moderación preocupante. Después de crecer apenas 2,7% en 2011, Brasil apuntaba a crecer 4,5% este año, pero las proyecciones privadas indican que se estará más cerca de 3%.
Con este escenario, Brasil hizo lo esperable: el Banco Central comenzó a bajar la tasa de interés (la Selic) y –consecuencia lógica- el dólar empezó a subir. El ministro de Hacienda, Guido Mantega, se congratuló de que eso "beneficiará a los exportadores brasileños". Como los vecinos no tienen dolarizada su economía y además el crecimiento es flojo, la presión inflacionaria no preocupa. La preocupación es nuestra, porque Brasil devalúa más: 25% en el último año, contra 7% en Uruguay (datos al 18 de mayo).
En un marco de conducción económica totalmente diferente, Argentina expresa una tendencia parecida: se proyecta un crecimiento inferior a 3% y los más pesimistas temen una recesión, en particular por los problemas energéticos.
¿Para dónde rumbea Argentina? Algunos expertos señalan que el escenario es similar al de fines de los 80: inflación creciente, problemas de oferta e inestabilidad financiera. En cualquier caso, es una economía con menos vigor que en los últimos años, lo cual no es buena noticia para Uruguay.
Por todo esto, es legítima la preocupación que manifiestan los actores empresariales a todo nivel, así como la cautela de la conducción económica para no aumentar el gasto, cuando estamos en plena discusión sobre la Rendición de Cuentas.
En este escenario, el problema cambiario es relevante: que el Tipo de Cambio Real siga cayendo pronto se hará insostenible. En el gobierno ya se proyecta que el dólar empareje la inflación este año (es decir, que no habría inflación en dólares en 2012). Parece ser lo mínimo que podría aspirarse para estar mínimamente tranquilos.
Pero la caída del TCR no es lo único: Uruguay tiene un persistente problema de "costo país", en particular en el transporte, aspecto clave para el agro. Según un estudio reciente de la ARU (recogido por El Observador), el costo de fletar un camión con 28 toneladas de granos a una distancia de 200 kilómetros fue U$S 764 en Uruguay, U$S 672 en Argentina y U$S 293 en Brasil.
Esto deriva de dos causas principales: el incremento en el precio de los combustibles -que son los más caros de la región (ver El País Agropecuario Nº 206, página 11)- y el aumento de los costos salariales y las cargas sociales.
El salario medio en dólares en la economía se duplicó respecto al año 2000 (en algunos sectores el aumento es aún mayor) y, si bien los precios internacionales subieron más (en la gráfica de página 6, a la derecha, se presenta el ejemplo de la carne vacuna), su volatilidad es alta (véase lo que está pasando en el sector lácteo). Así, es relevante que la flexibilidad cambiaria se exprese bien, si es que (como en 2009) sobrevienen turbulencias externas.
Pero solo con eso no alcanza: se necesita invertir más, para reducir costos y aumentar la eficiencia, para mejorar la competitividad genuina y bajar el "costo país". Lamentablemente, la lentitud del sector público para operar en este plano es desesperante.
En síntesis
Los agronegocios se muestran como un sector clave en la economía y su posición en las ventas externas probablemente se seguirá consolidando, en la medida en que, lamentablemente, los sectores manufactureros puros y los servicios enfrenten más restricciones en la región y en otros mercados. En lo que va del año, tres de cada cuatro dólares que ingresan por exportaciones corresponden a los agronegocios.
Más aún: según un estudio del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales (DECON-FCS) de la Universidad de la República, financiado por la FAO y coordinado por la economista María Inés Terra (ver páginas 34 y 35), se concluye que "el sector agropecuario tiene una importancia mucho mayor que la que muestran las Cuentas Nacionales (que le asignan menos de 10% del PBI), debido a su alto contenido de valor agregado y a su carácter de bien intermedio. Muestra fuertes encadenamientos hacia adelante, sobre todo con el sector agroindustrial, que es un sector netamente exportador. Por lo tanto, indirectamente este sector está exportando mayor valor agregado nacional que el resto de las manufacturas".
Los expertos agregan que "cualquier política de estímulo a este sector tiene mayor poder de difusión que en otros sectores".
Respecto a su impacto social, señalan que "es el sector que más multiplica la producción, la renta y el empleo. El efecto es más fuerte para los hogares más ricos, pero es el que provoca mayor incremento de renta en los dos quintiles más bajos de ingreso".
Con este encuadre, la dinámica de los agronegocios es fundamental para la continuidad del crecimiento del Uruguay, lo cual es esencial para superar los problemas sociales que aún subsisten.
Por lo tanto, a todo costo que se ahorre y a toda mejora competitiva que se sume, el agro lo multiplica en beneficios. Ante un panorama global complicado, es importante que estas cuentas estén claras. l





