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Por Jorge Chouy
jchouy@seragro.com.uy
Los uruguayos no somos muy afectos a las modas ni a los cambios abruptos, según generalizada coincidencia. Esto rige para todo, y también para las modificaciones en los sistemas productivos en el agro. Pero el palo y el hambre enseñan, y la necesidad aguza el ingenio, qué duda cabe.
Las graves crisis climático–forrajeras, las epidemias sanitario–comerciales, que desarticularon la ganadería en varias oportunidades, la exasperante carga del prolongado sobreendeudamiento de las empresas que pesó durante décadas sobre el sector, tuvieron efectos desastrosos para la actividad y la vida del agro.
Inversamente, otros factores más positivos, aportados por sectores muy dinámicos, como la irrupción arrolladora de la agricultura moderna, la mejora en los sistemas de comercialización y, sobre todo, el aumento de los precios de la carne y de la hacienda, estimularon a los ganaderos a adoptar nuevas tecnologías en sus sistemas de producción: en este caso nos referimos a la utilización de granos en la ganadería de carne.
Ha sido un proceso que tiene por lo menos un par de décadas de trayectoria; por poner una fecha de inicio: la gran sequía de 1988–89, que devastó al rodeo vacuno y a las finanzas de los establecimientos.
En el medio de la crisis, algunos pioneros pusieron los primeros granos molidos en las bateas o directamente en el piso de los campos pelados, y los primeros fardos de pasto seco frente a los desconfiados ganados, chúcaros pero hambreados. Hasta entonces, estos manejos eran casi exclusivamente realizados por los tamberos, una especie diferente a la del ganadero de carne.
Ha pasado el tiempo, en varias etapas sucesivas se fue adoptando la nueva tecnología, al punto de que hoy puede considerarse una técnica ampliamente difundida, un valor adquirido de aplicación bastante generalizada.
Al tiempo que se expande la técnica, se multiplican los estudios y las investigaciones sobre el punto. Los trabajos de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC) de la Estación Experimental Dr. Mario A. Cassinoni (EEMAC) -de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República-, los datos que surgen del Giprocar -de FUCREA-, los numerosos ensayos que se desarrollan en las distintas estaciones del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la experiencia de los corrales individuales o nucleados en la Asociación Uruguaya de Productores de Carne Intensiva Natural (AUPCIN), los acuerdos de algunos frigoríficos con productores o grupos de productores, la acción de algunas cooperativas y también de empresas racioneras, de técnicos particulares, de productores individuales, se suman y multiplican en la formación de una masa crítica de conocimiento que consolida la nueva realidad y define claramente el camino que queda por recorrer.
En ese marco, la Asociación Rural del Uruguay (ARU) realizó recientemente una actividad (Expo Melilla, 1ª Exposición Internacional de Demostración en Vivo de Alimentación Animal Basada en Nuevas Tecnologías) que congregó a numerosos expertos y empresarios vinculados a estos temas (y a otras áreas, relativas a la producción hortofrutícola), algunas de cuyas presentaciones son recogidas en síntesis en la página web correspondiente1, de las que elegimos diversos datos para incluir en estas notas.
En el mismo sentido, al otro día de
que esta edición esté en la calle, el jueves
31 de mayo, la Estación Experimental INIA Treinta y Tres realizará una jornada técni-
ca sobre suplementación de bovinos y ovinos, con varias exposiciones, a cargo de connotados expertos. l
1 http://expoprado.com/es/sin-categoria/textos-conferencias-expo-melilla-2012/





