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La competitividad en el mercado forestal –tal como sucedió en el agrícola o el ganadero– ha generado la búsqueda constante de una mayor especialización por parte de las empresas. Básicamente, ello se traduce en más inversión genética para lograr rendimientos superiores, y en diálogo continuo con sus clientes para conocer y satisfacer necesidades cada vez más exigentes.
En este escenario, desde su nacimiento hace más de 20 años, UPM Forestal Oriental no ha cesado en su apuesta al Programa de Mejoramiento Genético, convirtiéndose en referente a nivel nacional e internacional, en las especies que maneja. El Ing. Agr. y Ph.D. en Forest Management Ricardo Methol, Gerente de Desarrollo Técnico y Planeamiento, explica la importancia de no haber abandonado nunca ese objetivo.
–¿Qué papel juega la genética en el negocio forestal? ¿Por qué es tan importante invertir en genética?
–La genética juega un papel clave en la industria forestal, ya que nos permite maximizar la eficiencia en el uso de la tierra –es decir, mayor productividad– y además producir la calidad de fibra demandada por los mercados.
Una característica fundamental que tienen los programas de mejoramiento genético forestales es que deben ser específicos para una zona. Por más que se importan materiales desarrollados en otras regiones, nunca serán tan adaptados y tan productivos como los materiales desarrollados localmente.
En el rubro forestal, el mejoramiento genético tiene la particularidad de que demanda un período de desarrollo mucho más largo que en los cultivos anuales, y por lo tanto requiere constancia y persistencia para que el proceso no se interrumpa nunca. Esto implica que se requiera de un compromiso real de inversión en tiempo, dinero y recursos humanos calificados, en forma permanente y con una visión de largo plazo.
–¿Desde hace cuánto tiempo UPM Forestal Oriental invierte en el Programa de Mejoramiento Genético? ¿Qué objetivos procuró al comienzo y hacia cuáles se dirige hoy?
–UPM Forestal Oriental inició el Programa hace más de 20 años, definiendo las especies más adaptadas y de mayor productividad para las condiciones de Uruguay, y que, a la vez, produjeran fibras aceptadas por los mercados internacionales.
En este sentido, podemos destacar el rol de nuestra empresa en confirmar al Eucalyptus dunnii como una opción real a ser usada en forma operacional en el Uruguay. Hoy lo damos por descontado, pero en su momento hubo un trabajo muy serio y sistemático de evaluación de esta especie, no sólo sobre su adaptación y productividad sino también en cuanto a su aptitud para el procesamiento industrial y a su aceptabilidad internacional.
Los objetivos generales que se persiguen se mantienen incambiados y son básicamente aumentar la productividad de pulpa por hectárea plantada. En los últimos años, debido al alto costo de la tierra, también se ha incorporado más fuertemente el objetivo de encontrar variedades adaptadas a sitios marginales, que antes no se consideraban para forestar. Además se tienen en cuenta aspectos de calidad de fibra que pueden implicar que se descarten algunos materiales.
–¿Cuánto trabajo hay detrás de un plantín?
–Todos los años incorporamos nuevas variedades forestales a la producción operacional, que van remplazando gradualmente a las variedades anteriores y aumentando así los niveles de productividad, uniformidad y calidad de fibra.
Cada nueva variedad que incorporamos tiene un proceso de desarrollo y evaluación que fue iniciado entre 13 y 15 años antes. Son plazos muy largos, pero gracias a nuestro Programa de Mejoramiento, bien estructurado y constante, hoy podemos obtener nuevas variedades –todos los años– en forma continua.
–¿Qué demanda hoy el mercado de la celulosa?
–El mercado de celulosa demanda una materia prima de buena calidad y, especialmente, que mantenga un buen nivel de uniformidad a lo largo del tiempo, que permita afinar el proceso industrial a la materia prima disponible y por tanto generar pulpa con las mismas características, para que las fábricas de papel también puedan optimizar su proceso industrial.
En términos prácticos, ello requiere abastecer un mix de especies y variedades bastante uniforme a lo largo de los años, donde los cambios que se hagan en ese lapso sean graduales y debidamente planificados. La celulosa que producimos en Uruguay es demandada por los mercados más exigentes, posicionando al país dentro de los afamados productores de celulosa.
–Los aumentos de productividad, ¿pueden mantenerse indefinidamente a lo largo del tiempo? ¿Qué tan cerca se está del techo biológico?
–Los aumentos de productividad han sido significativos al inicio y cada vez resulta más desafiante lograr incrementos similares en términos porcentuales. Sin embargo, en los últimos años hemos focalizado nuestra estrategia de mejoramiento genético en el desarrollo de híbridos inter-específicos, en donde se capturan las mejores características de dos o más especies. Esta estrategia nos permite mantener la posibilidad de seguir generando importantes aumentos de productividad por muchos años más.
En la actualidad ya estamos plantando híbridos de E. grandis x E. globulus y de E. dunnii x E. globulus, que están demostrando un excelente comportamiento en el campo y presentan una excelente calidad de madera para producción de celulosa.
–¿Por qué es necesario hacer la diferencia en genética? ¿Qué valor tiene para los productores que integran forestación a sus campos?
–Los materiales genéticos que produce UPM Forestal Oriental son usados para abastecer tanto las plantaciones en campos propios como las que se establecen en campos de productores asociados al Programa de Fomento.
Para un productor agropecuario que incluye la actividad forestal en parte de su campo, el hecho de poder disponer de materiales genéticos adaptados de alta productividad tiene una importancia extrema, ya que podrá lograr un rápido establecimiento de sus plantaciones, con menores costos de implantación y cuidados iniciales, con alto rendimiento sanitario y, sobre todo, una mayor productividad por hectárea al momento de la cosecha.
En un contexto de valorización del recurso tierra, producir madera con calidad es sumamente importante, porque se pueden alcanzar mejores resultados en menor área. También el productor debe buscar eficiencia para compensar la carga impositiva y los costos fijos. A partir de 2007, cuando se excluyeron los beneficios fiscales para el caso de plantaciones de áreas con destino a celulosa -incluyendo replantaciones-, de alguna forma se desestimuló la renovación de materiales genéticos menos productivos o de especies que resultaron no ser adecuadas al sitio, en suelos ya destinados a la forestación.
Esto lo hemos planteado al MGAP a través de la Sociedad de Productores Forestales, porque entendemos que es relevante para el país promover el uso óptimo de los suelos ya destinados a forestación, y con esta modificación de la ley se pone a los productores en la disyuntiva de mantener una forestación que producirá menor volumen por hectárea pero gozará de los beneficios fiscales, o replantar sus áreas con nuevos materiales genéticos, adaptados al sitio y con la expectativa de alcanzar una productividad sensiblemente superior, pero resignando dichos beneficios. l





