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Por Francisco Mendiola
Lic. en Economía
Productor agrícola-ganadero
China compra 100 mil toneladas de maíz estadounidense, el MGAP otorga permisos para exportar ganado en pie, la Reserva Federal confirma las tasas en los niveles actuales, fondos toman ganancias en Chicago, sube el kilo de vaca INAC, cae el Bovespa, S&P devuelve grado inversor, el USDA da a conocer la intención de siembra de cultivos de verano, gran feria por volumen y precios en Cuchilla de Silvera, India le vende 100 mil toneladas de harina de soja a Irán, la cuadrilla kosher abandona el país y el gobierno argentino anuncia el error de turno al grito de viva Perón.
Todo esto en las últimas semanas; a lo largo del año seguramente en algún momento se consiga la apertura de un nuevo mercado, aparezca un interesante avance tecnológico, suba el dólar, disminuya la relación flaco/gordo, Meteorología emita varias alertas naranjas, Nueva Palmira colapse durante unos días, baje el rendimiento en segunda balanza debido a la calidad de las pasturas, exista un novedoso convenio entre productores e industria sobre la base de una relación ganar/ganar y algún activista político sorprenda con su creatividad para intentar cambiar las reglas de juego como parte de su incomprensible esfuerzo por repeler inversiones.
Ante la inmensa cantidad de acontecimientos y la inmediatez con que se dan a conocer, los productores se preocupan por ver cómo quedan parados y leen la opinión de analistas que intentan darle explicación a lo sucedido y, en función de ello, anticipar situaciones que se pueden llegar a dar bajo determinados supuestos (generalmente, el primero es que China siga creciendo); tomando en cuenta lo difícil que resulta acertar, sus informes quedan minados de "no obstantes", con el fin de amparar cualquier alternativa.
De esta forma, el panorama termina perpetuándose entre "bueno pero hay nubes en el horizonte" y "complicado pero siempre que llovió paró". Independientemente de la capacidad de anticipar algún hecho en concreto, lo que queda es la satisfacción de conocer un poco mejor la evolución de los hechos y qué posibles implicancias pueden llegar a tener.
Así las cosas, el productor agropecuario termina acostumbrándose a trabajar con la sensación de que en algún lugar hay una mecha encendida y que en cualquier momento algo va a reventar.
Recientemente ha trascendido la noticia de la eventual creación de un mercado de futuros y opciones local. Tendría lugar gracias a un acuerdo que se realizaría entre la Bolsa de Valores de Montevideo (BVM) y el Mercado a Término de Buenos Aires (MATba).
De concretarse, podría ser una gran noticia para el sector, dado el impacto que tendría. Aunque hoy en día ya se puedan armar coberturas utilizando la Bolsa de Chicago, se pueden concretar en muy pocos commodities. En cambio, en este caso se abriría un abanico mucho más amplio de posibilidades para distintos productos agrícolas y ganaderos.
Estos mercados se han ido desarrollando a lo largo de los años en distintos lugares del mundo, siendo concebidos originalmente como una respuesta a la incertidumbre que supone el trabajar en un sector con oferta estacional y demanda constante.
Si bien el riesgo no puede ser eliminado, sí puede ser transferido, y esa es justamente una de las principales funciones del mercado de futuros: darle la posibilidad a quien quiere disminuir un riesgo de transferírselo a quien está dispuesto a asumirlo. Por ejemplo, un productor quiere asegurarse un piso de venta y le paga una prima (Bolsa mediante) a un especulador que, motivado por su cobro, está dispuesto a asumir el riesgo de que el precio del subyacente caiga.
La existencia de este mercado en Uruguay le daría a un sector necesitado de estabilidad la chance de obtenerla, sacudiéndose el riesgo relativo a la volatilidad de precios. Esta solidez atraería inversiones, permitiría darle viabilidad a un mayor número de proyectos y contribuiría a una mejor coordinación de la cadena agroindustrial; esto último aumentaría la competitividad del sector, dándole al país la posibilidad de crear valor y a sus habitantes de maximizar su bienestar.
En la práctica, un productor podría ir comprando fertilizante, consultando precios de semilla, analizando precios de laboreos, y en función de ello tomar posición en el mercado de forma tal de ir cubriendo costos y fijando márgenes, sin asumir el riesgo de incumplimiento que supone un contrato forward.
Una correcta utilización de estas herramientas le daría terreno a distintas estrategias de comercialización, quitándoselo a la especulación; el nivel de riesgo a asumir deja de ser una característica intrínseca del negocio y pasa a ser una elección.
En fin, una vez diseñada la cobertura, la rentabilidad queda condicionada por la capacidad del productor y el clima, pero no por los cotidianos sobresaltos de los mercados internacionales.
Bueno sería conocer el rol que van a asumir el gobierno, el Ministerio de Ganadería, las instituciones financieras, los acopiadores, los exportadores y la industria frente a esta oportunidad que tiene el país. l






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