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Por Jorge Chouy
jchouy@seragro.com.uy
La noticia cayó como una bomba, como siempre pasa con esas noticias: en la noche del 18 de setiembre, Paraguay declaró tener un foco de aftosa en una región ganadera cercana a la capital. Las muestras tomadas en un rodeo manejado por el presidente de la Rural de esa zona, una persona reconocida por su seriedad, dieron positivo al virus O.
El foco apareció en una zona central, San Pedro, lejana a la frontera peligrosa, donde existe una campaña de vacunación vigilada y control internacional. El productor afectado reclama una auditoría, porque dice haber vacunado correctamente.
En este caso las cosas podrían ser más graves, porque podría estar en cuestión la efectividad de las vacunas utilizadas. A diferencia de Uruguay, que prohibió la fabricación de vacunas dentro del país, Paraguay cuenta con laboratorios que producen vacunas y se aplican en sus rodeos.
Las autoridades del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) aislaron el foco y decidieron aplicar el rifle sanitario a las 800 reses del establecimiento, para abreviar el período que el país estará interdicto ante el mundo.
El presidente de la Asociación Rural del Paraguay, Néstor Núñez, estimó que demorarán por lo menos de seis a ocho meses en recobrar el estatus perdido de libre de aftosa y que, mientras tanto, se perderán U$S 70 millones que mensualmente se recaudan por exportaciones. El dirigente calculó que se afectará el ingreso de alrededor de un millón de personas.
Hacía días que andaba un rumor de problemas de este orden, que evidentemente había llegado a oídos de nuestros organismos de control oficial, porque en los pasos fronterizos con Argentina se habían reinstalado los rodiluvios.
Ahora todos los países linderos –Brasil, Argentina– armaron sus defensas y Paraguay quedó aislado. No exporta carne, ni subproductos de la faena, ni animales vivos, ni productos animales o vegetales que puedan eventualmente acarrear el virus. Por ejemplo, no puede exportar forrajes, pero obviamente no podría tener problemas en exportar los enormes volúmenes de grano de soja que normalmente comercializa.
Virus comercial
La aftosa es inocua para el ser humano y difícilmente mate las vacas, pero provoca una catástrofe comercial y un desbarajuste general en las finanzas de las empresas. Inmediatamente se suspendieron las exportaciones, justo cuando el país traía un embalaje acelerado y ganaba posiciones en el concierto mundial, aumentando la producción y mejorando la calidad de la carne y los procesos industriales.
En los ocho primeros meses del año ha-bían exportado más de 120 mil toneladas peso embarque, provenientes de la faena de 866 mil animales, que proporcionaron unas 200 mil toneladas de carne en gancho. Las ventas al exterior recaudaron casi U$S 636 millones; 36% fue a Chile y otro 35% a Rusia (43.500 y 41.500 toneladas respectivamente), mostrando una concentración en sus colocaciones, a pesar de que tenían 44 destinos habilitados.
Para comparar, Uruguay, en el mismo lapso, exportó poco más de 140 mil toneladas (peso producto) por un valor aproximado a U$S 830 millones. Es decir que Paraguay ya estaba acercándose al nivel uruguayo en volumen y recaudación, cuando inopinadamente pega este traspié.
Ahora deja libres y desabastecidos a mercados a los cuales nosotros también atendemos; en lo inmediato, la desgracia de los hermanos puede ser una oportunidad para mejorar nuestras colocaciones.
Con una mirada más lúcida, este episodio dramático es todo negativo, porque afecta a la credibilidad de la región, de las campañas de erradicación de la aftosa ante los ojos rasgados de los desconfiados asiáticos, y también afecta al prestigio del producto carne vacuna ante los consumidores del mundo, siempre tentados por los productores de pollos, de cerdos… o de vegetales.
Y, por casa, ¿cómo andamos?
El último episodio de aftosa de Uruguay, del que recientemente se cumplieron 10 años, ocasionó una pérdida de U$S 1.000 millones, según estimaciones oficiales.
Actualmente, la situación está mucho más controlada, porque el rodeo está todo vacunado y tiene una inmunidad acumulada de años, pero no hay que dormirse, porque cualquier contagio, aunque sea en un cerdo, nos borra automáticamente de los mercados por un buen tiempo. l



