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-En los 7 años que te llevó la realización de El cultivo de la flor invisible, ¿cuál fue el principal motivador para tí?
-Siempre tuve la convicción de que era una película por lo menos importante para nosotros. Creímos en hacerla para aportar una mirada diferente sobre el tema, y de eso nos aferramos todo el tiempo. Hubo momentos duros, primero por la responsabilidad que implica narrar esta historia, que en algún momento se volvió pesada.
Uno de los desafíos fue desprenderla de la ideología a la que está ligada y quedarnos con el carácter universal de la búsqueda.
-Una crítica local dice que tu película trata de una "aflicción que es difícil poner en palabras", ¿cómo definirías a esa aflicción?
-No sé si usaría esa palabra. Traté de generar un espacio de reflexión donde uno pudiese acercarse a la vivencia íntima que significa buscar a una persona que querés mucho durante 25 años, y como esa cosa particular que tiene la desaparición forzada, que es muy difícil cerrar una etapa, un ciclo porque culturalmente es necesario enterrar a nuestros muertos. Quise mostrar cómo esas personas evocan la memoria de sus hijos o viven con ellos cada día en sus casas. Eso siempre está presente en la imagen porque filmamos en las casas de las madres, es algo que se respira a través de la película.
-En la película la cámara entra a estas casas y busca rastros de esas ausencias. Por ejemplo dónde se guardan sus fotos, ¿cómo propusiste el rodaje a tus protagonistas?
-No hubo un plan definido, tratamos de generar una relación con cada persona que íbamos a entrevistar, y cuando llegábamos a cada casa veíamos cómo transcurría. Hay un tema también de conexión entre el entrevistado y el equipo que filma. A veces hacíamos la entrevista primero, otras veces primero tomábamos un café o hablábamos de cualquier cosa, hasta generar el espacio adecuado para hacer la entrevista.
-Con respecto al tratamiento de la temática, ¿hasta dónde quisiste llegar en las entrevistas?
-Hay una raya íntima que uno se traza que tiene que ver con el respeto. Yo sabía que no quería hacer una película sensacionalista ni buscar ningún efecto habitual que relacionamos con el tema. Había algo muy vivencial en la forma en que trabajábamos, nos entregábamos a ese momento. Yo llevaba un plan de preguntas que quería hacer. Hicimos varias entrevistas con todos los personajes, entonces en la etapa final del rodaje hicimos una entrevista definitiva, para esa instancia ya tenía una línea argumental que quería explorar. Traté de seguir esa línea y entregarme a la relación que tenía con ella intentado descubrir esa cosa que yo esperaba, que es una cosa muy difícil de filmar, como la ausencia o metáforas para poner en imágenes mis pensamientos.
-Darle una textura poética a la narración...
-Trabajar más sobre la simbología. A veces uno no va directo a lo que quiere hablar sino que muestra algo que significa lo que uno quería decir al principio; creo que eso es mucho más potente. Y las cosas que no se dicen: eso se trabajó mucho en el montaje, dejando fuera de campo algunas cosas para que el espectador tenga también la capacidad de construir. Me parece que es un película que involucra al espectador, porque uno no necesita saber todo.
-¿Qué esperás como realizador de los espectadores cuando proponés un documental de este tipo?
-No tengo planeada una respuesta, no busco una respuesta específica en el público, la película no fue hecha para eso aunque obviamente estoy expectante de lo que pase. Para las personas que tienen afinidad con el tema de derechos humanos creo que va a funcionar, por otro lado como te decía es una película que trasciende ideologías, por eso sería importante para mí que alguien que estuviese cansado de este tema aceptara compartir la película.
-En la narración hacés convivir el presente y el pasado, ¿qué planteamiento le hiciste a las madres cuando les propusiste la participación?
-La película empezó como una especie de relato de memorias, ese fue el puntapié inicial, ahí se entabló el vínculo con familiares. A partir de ahí prácticamente no hablamos de la película. En algún momento me la reclamaban. Yo llegué a mostrar algo de material en un momento bastante cercano al comienzo y lo que hicimos fue pegar material en bruto, en Familiares se juntaron a verla y pensaron que eso era la película terminada. Para ellos era simplemente una acción.
-No le veían la pata cinematográfica.
-Claro, era solo un ejercicio de memoria.
-¿Al principio no te dejaban filmar las reuniones?
-Pasó al principio, justo la coyuntura se estaba dando de que empezaron a pasar cosas, en el plenario se trataban cosas importantes y son muy recelosos de lo que se habla ahí dentro. Nosotros entrábamos con la cámara y nos echaban, porque evidentemente no confiaban en nosotros, creían que lo que filmábamos ahí podía salir al otro día en el informativo o en la radio. Hicimos un gran trabajo de confianza, fue complejo, fue duro, pero era necesario para llegar al final a realizar las entrevistas que necesitábamos.
-Siguen apareciendo restos, ¿cómo decidiste detenerte y dejar de filmar?
-Nos dimos cuenta en un momento de que esta historia no tenía final, de que era una historia inconclusa, inacabada y que el final iba a tener que ser natural.
-¿Cómo llegaste a la sala de montaje?
-Mi método de trabajo es duro porque al no tener guión, al escribir tan poco el montaje es casi un camino al infierno porque uno se enfrenta a demasiadas cosas y tiene que ir descubriendo de todo ese mundo filmado qué es lo que puede construir a la mejor película. Me llevó dos años, cuando me sentí perdido le pedí a unos amigos que opinaran. Eso me ayudó a desprenderme de un lastre que no permitía que la película fluyera. La responsabilidad de contar esta historia se me hacía pesada y eso me trancó porque me costaba más tomar decisiones. Cuando logré desprenderme de esa mochila la película empezó a andar.
Juan Álvarez Neme nació en 1972 en Montevideo. Es director y productor. Se formó en la Escuela de Cine del Uruguay. En 2007 presentó el documental Al pie del árbol blanco. El cultivo de la flor invisible participó del Festival Internacional Cinematográfico del Uruguay y del BAFICI. Actualmente está finalizando Avant, un documental que tiene como protagonista a Julio Bocca.
"Cada día me cuesta más definir la película. En algún momento me hubiera gustado construir un retrato de ausencias. Creo que en la película se palpa un valor que es el de resistencias." J.A.N.







