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Por: Mariángel Solomita
Cuenta Mauricio Sepúlveda, el integrante más chico de Vincent Vega, que pasó muchos años rechazando eso a lo que luego volvió. En definitiva, la música.
Llegó a la guitarra para escapar de las clases obligatorias de piano, y ahora busca al piano para enriquecer a esas guitarras que caracterizan al dúo que conforma desde 2008 junto a Matías González.
Tal vez sea la presión de ser hijo de músicos. Su padre, chileno, llegó a Montevideo para hacer música y armó un dúo junto a su madre. Todavía tocan de vez en cuando: Dúo Aymará. Pero hacen música del altiplano, muy distinta a lo que propone Vincent Vega.
"Surgió como una alternativa a estudiar", dice Sepúlveda. Estudiantes de psicología, las reuniones de estudios fueron más interesantes cuando incluyeron guitarras, y Sepúlveda se mostraba como el integrante que necesitaba González para esa banda para la que ya tenía nombre pero no integrantes. De hecho, ya había un miembro, Rodrigo Comy, diseñador gráfico y dibujante que bajo el seudónimo de Levedad, se encargó de imprimirle a la banda un aporte plástico.
A SU RITMO. "Es complicado, en una definición apurada diría que son canciones pop con bastante folk, con instrumentación de base acústica y con arreglos de guitarra eléctrica y de armonías vocales. Folk pop y algo de rock también." Así intenta definir González, desde su trabajo en una librería, la música que hacen. Específicamente es la condición de dúo vocal lo que resulta más atractivo, y la destaca. Está demostrado si se considera la cantidad de toques que consigue la banda y el hecho, no menor, de haber editado el primer tiraje de su disco debut. Cierto, fueron 200 copias, pero distribuidas de forma independiente, por sus mismos músicos. El productor artístico del disco -que lleva el mismo nombre de la banda-fue Guillermo Berta, el mismo que produjo el exitosísimo De, de Alberto Wolf y Los Terapeutas, entre otros.
Sin ensayos. "Estuvimos viviendo un año juntos hasta que nos separamos porque no nos aguantábamos la cabeza. Ese año se dieron pila de ensayos espontáneos, que son muchas de las canciones que tocamos en el segundo disco, que está en pre-producción", y se editará en marzo. El gran galgo.
-¿Cómo piensan los discos?
-(M.G.)Tampoco hay una forma estándar. Por ahora no nos manejamos con esa cosa de una obra atada a un concepto, sino que son como más disgregados los discos, por cuestiones de personalidad nuestra que no tenemos esa facilidad en la composición como para hacer un cúmulo de canciones e ir al estudio a grabar de un tirón. Nosotros trabajamos de un manera muy diferente: vamos armando las canciones muy de a poco y cuando la canción está relativamente terminada vamos y la grabamos. Como que el disco es el resultado de una experimentación. Se va formando por capas, cada capa es una canción.
CAMBIOS. "Hasta hace muy poco no pensaba en de qué escribir. Era accesorio. Era, tenemos una melodía y qué le cantamos arriba. Palabras mínimamente coherentes. Hoy le doy otro valor a la canción, y descubrí que tengo cierta facilidad para escribir", dice Sepúlveda.
-En otra nota decían `a veces nos salen malas canciones`, ¿qué es una buena canción?
-(M.S.)La diferencia entre una improvisación musical gigantesca y una buena canción no es la duración es que tenga un cierto cierre.
-¿Qué estado de ánimo dirías que tienen sus canciones?
-(M.S.)Melancólicas...más que vida melancólica no sé por qué nos salen canciones en ese tenor...yo soy un tipo alegre pero me pongo a componer, agarro la guitarra y entro en otro estado de ánimo.
-¿Inspiración o trabajo dedicado?
-(M.S.)Dedicado. Inspiración pasa todo el tiempo, si no le metés trabajo...
-¿Cómo te relacionás con la música?
-(M.S.)Trato de estar con una guitarra arriba todo el tiempo que puedo.
-¿Buscan mantener cierta actitud en el escenario?
-(M.G.)No, no. Yo creo que no hay nada de impostación en esto. No sé si tenemos una actitud estándar o una manera de desenvolvernos. Según nuestros estados de ánimo de ese día estamos de una manera distinta.
-Como cantante, ¿seguiste a algún tipo de referente?
-(M.G.)Según cuáles sean mis gustos del momento, sin embargo hay cantantes a los que admiro, en primer lugar la forma de cantar de John Lennon me parece excelente, y hay otros que a pesar de que no los quiero imitar porque son definitivamente virtuosos, me gustan mucho. Robert Plant, McCartney, Paul Simon de Simon y Garfunkel tiene una voz hermosa, yo disfruto mucho escucharlo. Y a veces cuando estás haciendo melodías para las voces vale la pena recurrir a gente clásica en eso de cantar, para aprender básicamente cómo cantar y hacer arreglos de voces.
-Sumaron a un bajista, ¿qué llevó a Vincent Vega a este cambio en la formación?
-(M.G.)Es obvio que siendo dos personas la diversidad sonora y la variedad estilística te limita a que hay cuatro manos disponibles para tocar y hacer música, y en cambio introduciendo a una tercer persona como Juan Chilindrón que es un gran amigo y una gran persona y un músico excelente, incluye un instrumento pero también una cabeza que está pensando ese instrumento y también a los otros instrumentos en relación con su instrumento. Entonces hace que todo sea más dinámico, a la vez complejo porque al haber dos personas está esa cuestión de la unanimidad que tiene que haber para que una decisión esté tomada. Ahora hay un tercero que está en conflicto y en breve habrá un cuarto, buscamos un baterista.
-¿Dirías que alcanzaron un estilo propio?
-(M.S.)Sonamos como Vincent Vega, no sé si hablaría de "estilo", me parece que hay que erosionar un poco el tema de los estilos musicales. Sirven para mucho, pero apenas los usás y te funcionan tenés que descartarlos porque atenta contra el cambio de sonido. Ahora estamos en un momento de transición, quizás por eso se pueden ver más influencias. Lográs más o menos conformar un sonido donde podés reconocer alguna influencia pero no que suene totalmente a ellas, ahí si se puede decir que te separaste de las influencias. Estamos intentando eso.
-¿Qué tanto se exigen?
-(M.S.) Muchísimo. Creo que no hemos llegado a lo que podemos lograr. Requeriría muchísima más dedicación de la que podemos darle a la música, y también tenemos ideas en nuestras cabezas que tal vez sea por un tema de no poder comprar más instrumentos o no poder pasar más tiempo en el estudio, -porque los momentos en el estudio son intervenciones esclarecedoras-, y porque hay una deficiencia a nivel de letras, que queremos mejorar. Sin embargo el nivel de exigencia es alto. Trabajamos en varias etapas, probamos las canciones antes en vivo. Porque tocar en vivo nos genera muchas sensaciones, es un estrés para nosotros, pero es un estrés que lo disfrutamos es un tire y afloje. Las canciones en vivo pueden sonar totalmente distinto a lo que sale en el ensayo.









