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Estados Unidos pelea con aviones no tripulados pero los riesgos psicológicos que corren los pilotos a 7.000 kilómetros de sus blancos son tan dañinos como las heridas en batalla.
ELISABETH BUMILLER(*)
Desde la consola de su computadora, en los suburbios de Siracusa, Nueva York, el coronel D. Scott Brenton vuela a la distancia un drone Reaper que transmite cientos de hora de video en vivo de insurgentes, sus presuntos blancos, metiéndose en sus vidas diarias a 7.000 kilómetros de Afganistán. A veces, con su equipo osbervan la misma casa familiar durante semanas.
"Veo madres con sus hijos, veo padres con sus hijos, veo padres con madres, veo niños jugando a la pelota", dice Brenton.
Cuando le ordenan disparar un misil o matar un militante -y sólo, dice Brenton, cuando las mujeres y los niños no están cerca- se le erizan los pelos de la nuca, como solía pasarle cuando disparaba desde su caza F-16.
Después, como en los viejos tiempos, compartimenta. "No siento ninguna cercanía emocional hacia el enemigo", dice. "Tengo una orden y la ejecuto".
Los drones, los aviones sin tripulantes manejados a distancia, no sólo están revolucionando la guerra, también cambiando de manera profunda las vidas de los que los vuelan.
Brenton reconoce la peculiar desconexión de pelear una teleguerra con un joystick desde un confortable sillón en un suburbio de Estados Unidos.
Cuando fue desplegado en Irak, "uno aterrizaba del F-16, la gente sabía lo que estuviste haciendo". Ahora sale del cuarto oscuro lleno de pantallas, su adrelina aún fluyendo después de haber apretado el gatillo, y se toma un ómnibus a casa, de camino compra algo de comida rápida y hace el surtido pero sin hablar con nadie sobre lo que ha hecho.
"Es un sentimiento extraño", dice. "Nadie de mi ambiente más cercano sabe nada de lo que ocurre".
A menudo imaginados como robots que transforman la guera en un video juego ascéptico, los drones tienen cámaras poderosas que llevan a la guerra directo a la cara del piloto.
Aunque los pilotos hablan elogiosamente de los días buenos, cuando ven algo en un video le pueden advertir a una patrulla en Afganistán que los espera una emboscada, la Fuerza Aérea también está movilizando capellanes y médicos alrededor de los centros de operaciones con drones para ayudar a los pilotos con los días malos: imágenes de un niño muerto por error o el primer plano de un marine herido en un ataque que salió mal.
Entre las tareas con más complicaciones psicológicas está la estrecha vigilancia de las misiones aéreas de francotirador, que recuerda aquel oficial de la Stasi de Alemania Oriental absorbida por la vida de aquellos a los que espía en la película La vida de los otros. Un piloto de avión no tripulado y su socio, un operador de sensores que manipula la cámara de la aeronave, tienen que observar los hábitos de un militante, mientras juega con sus hijos, habla con su esposa y visita a sus vecinos. Mientras estiman el momento para disparar, por ejemplo, cuando la familia está en el mercado.
"Ven a este tipo haciendo cosas malas y después volver a las cosas de su antigua vida", dice el coronel Hernando Ortega, el jefe de medicina aeroespacial del Air Education Training Command, quien ayudó en un estudio el año pasado sobre el stress de los pilotos de drones. "En determinado momento, algo de eso podría recordarte cosas que uno mismo hace. Podrías tener un nivel de familiaridad que te haga difícil jalar del gatillo".
De la docena de pilotos, operadores de sensores y analistas de Inteligencia que los apoyan recientemente entrevistados en tres bases militares de Estados Unidos, ninguno reconoce el tipo de sentimiento personal por los afganos que lo mantenga despierto por la noche después de ver el baño de sangre dejado por las bombas y los misiles. Pero todos hablan de una cierta intimidad con la vida de la familia afgana que los pilotos tradicionales no ven a 20 mil pies de altura o que incluso las tropas terrestres nunca ven.
"Los ves despertarse en la mañana, trabajar, ir a dormir a la noche", dice Dave, un mayor de la Fuerza Aérea que manejó drones entre 2007 y 2009 en la base Creech de la Fuerza Aérea en Nevada y ahora entrena pilotos de drones en la base Holloman de Nuevo México. (La Fuerza Aérea, citando lo que dicen son amenazas creíbles, prohíbe a los pilotos decir sus apellidos).
"Había una buena razón para matar a la gente que maté, y eso me da vueltas y vueltas en la cabeza", dice Will, un oficial de la Fuerza Aérea que fue piloto en Creech y ahora entrena a otros en Holloman. "Pero uno nunca se olvida de eso. Nunca se va del todo, no para mi".
Las complejidades solo crecerán a medida que los militares luchen por satisfacer una demana insaciable por drones.
La Fuerza Aérea tiene más de 1.300 pilotos de drones, alrededor de 300 menos de los que necesita, estacionados en 13 o más bases en Estados Unidos. Manejan naves no tripuladas principalmente en Afganistán. La cifra no incluye los programas clasificados de la CIA, que conduce ataques con drones en Pakistán, Somalia y Yemen. A pesar que la guerra afgana está perdiendo intensidad, los expertos militares esperan que los drones compensen la menor cantidad de tropas en el terreno.
El general Norton A. Schwartz, comandante en jefe de la Fuerza Aérea, dijo que era "concebible" que los pilotos drone en la Fuerza Aérea podrán superar en número a aquellos en las cabinas de los aviones en un futuro cercano, aunque predijo que la fuerza seguirá teniendo pilotos tradiciones por lo menos en 30 años.
Cada vez más y más bases de la Guardia Nacional Aérea están abandonando las aeronaves tradicionales para complacer la nueva demanda, entre ellos Hancock Field, que retiró sus F-16 y se cambió a los Reapers en 2010. Brenton, quien por entonces tenía más de 4.000 horas volando F-16 en 15 años de servicio activo y una década en Siracusa desplegando zonas de guerra con la Guardia, dice que aprendió a volar drones para estar en contacto con el combate.
"Siento que estoy haciendo lo mismo de siempre, lo unico es que no me despliego para hacerlo", dice. Ahora trabaja full time comandando una fuerza de cerca de 220 pilotos de Reaper, operadores de sensores y analistas de Inteligencia de la base.
Los pilotos dicen que los mejores días son cuando las tropas en tierra les agradecen por mantenerlos a salvo. Todos descartan la idea de que están jugando un video-jueg. Y también rechazan la palabra "drone", que describe a un avión que vuela por sí mismo. Ellos los llaman aviones piloteados a la distancia.
Todos los pilotos que algunas vez volaron en cazas, dicen que extrañan la sensación. Para lidiar con eso, Brenton, por ejemplo, a veces sale a dar vueltas en un pequeño avión a hélice.
"Está bueno estar ahí arriba", dice.
(*) The New York Times (trad.: F.R.C.)
pilotos de drones tiene Estados Unidos. Son 300 menos de los que la Fuerza Aérea reclama.
pilotos a distancia van a precisar para 2015 para vigilar las 24 horas del día en todo el mundo.
kilómetros es la distancia entre el piloto y la nave que maneja y con la que ataca en Afganistán.
pilotos de drones entrena la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Son más que los pilotos tradicionales.
Para 2015, el Pentágono proyecta que la Fuerza Aérea necesitará más de 2.000 pilotos de drones para combatir patrullas aéreas operando 24 horas al día en todo el mundo. La Fuerza Aérea ya está entrenando más pilotos -350 el año pasado- que pilotos de cazas y bombarderos. Hasta el año pasado, pilotos drone pasaron por el entrenamiento de vuelo tradicional antes de aprender como operar Predators, Reapers y Global Hawks. Hoy, los pilotos hacen cursos intensivos y pasan solo 40 horas en un avión tipo Cessna antes de empezar su entrenamiento en drones.
En 2010, Brasil propuso a Colombia, Bolivia y Uruguay crear un "código de conducta" para regular el uso de aviones no tripulados brasileños y el acceso a la información que pudieran recoger de otros países. En este contexto, Venezuela optó por desarrollar su propio drone, el ANT-1X, fabricado por la estatal Cavim y operado por la Fuerza Aérea. Y aunque existen pocos antecedentes sobre él, ya se usó en 2011 en el ejercicio aeronaval "Quigua Ampliado II-2011", en aguas del Caribe. Pero esa no sería la única incursión del gobierno de Hugo Chávez en este campo. En marzo pasado, el general Douglas Fraser, a cargo del Comando Sur de Estados Unidos, afirmó que Venezuela e Irán trabajan en la construcción de nuevos drones. (El Mercurio/GDA)



