Fabián muro
Corresponsal del diario Dallas Morning News para América Latina y con base en México, el periodista estadounidense Alfredo Corchado estuvo en Uruguay para dar cuenta de la compleja realidad que enfrentan aquellos que tienen que informar sobre el crimen organizado y la amenaza que éste representa para la democracia y el Estado de Derecho.
-¿Qué temas son los más interesantes para el Dallas Morning News respecto a América Latina?
-Hay que tener en cuenta que en Estados Unidos, América Latina significa, básicamente, México y veces Colombia o Cuba. Durante mucho tiempo, el principal tema fue la inmigración. Dallas es una de las cinco ciudades con más presencia mexicana en Estados Unidos. Pero desde 2006 eso cambió, y ahora lo principal es el crimen organizado. Por mucho tiempo lo ignoramos o lo poníamos en la crónica roja. No le dimos la importancia que deberíamos haberle dado. Porque va más allá de la crónica roja. En realidad es una lucha por la democracia y por crear instituciones fuertes.
-¿Cuáles son los desafíos que le plantea el crimen organizado a la democracia?
-Uno de los pilares de la democracia es la libertad de expresión. Y hoy en México hay zonas donde eso no existe. Ya sea por autocensura, por corrupción o por el peligro de vida para el periodista.
-¿A usted lo han amenazado?
-Cuatro veces. Nunca supe si eran amenazas que podrían concretarse o sólo querían asustarme. Parte de mi familia vive en Estados Unidos, pero otra parte está en México. Y eso siempre está en mi mente. Quiero pensar que por ser estadounidense no me harían nada. Quiero creer eso. También tengo que decir que el riesgo de un corresponsal de un diario estadounidense es mínimo en comparación con el de un periodista mexicano. Yo cuando siento que hay una amenaza inminente, llamo al periódico y me sacan de inmediato. Es muy importante saber que el dueño de un periódico te apoya. Y que te paga bien. Eso es uno de los grandes problemas de los periodistas en México. Un periodista en México es casi como un policía: mal entrenado, mal pagado… eso lo hace muy vulnerable para que el crimen organizado lo coopte o directamente lo mate.
-¿Cómo cambió su trabajo desde que lo amenazaron?
-Nuestra oficina cambió las ventanas por vidrios blindados. Discutimos si debíamos andar armados cosa que por suerte descartamos inmediatamente. Contratamos seguridad privada mexicana, pero duró poco porque nos dimos cuenta que no podíamos confiar en ella. A menudo los guardias de seguridad privados trabajan para el crimen organizado. Era mejor no atraer tanta atención. Soy mucho más desconfiado que antes. Lo primero que me fijo cuando llego a un lugar para hablar con alguien para una nota sobre el crimen organizado, es dónde está la salida, con qué seguridad cuenta el lugar, cosas así.
-¿Usted siempre se presenta como periodista?
-Sí. Pero no siempre explico sobre qué estoy escribiendo.
-¿Cómo evalúa la credibilidad de las fuentes?
-Eso es lo más difícil: establecer la confianza. Una de las claves es poder hablar con gente de ambos lados. Autoridades y narcos. Hay tener contactos en ambos lados y ser casi como un diplomático. Es muy complicado porque uno nunca sabe dónde están los buenos y los malos. El crimen organizado está tan mezclado en la sociedad que el enemigo puede estar en cualquier parte, puede ser tu vecino. Pero tenemos que dar ambas caras de la moneda.
-¿Cómo se establece esa confianza?
-Cara a cara. No hay nada que sustituya a eso y es algo que lleva mucho tiempo. Hay una tradición en el periodismo de investigación de Estados Unidos de apoyarse en documentos y archivos. Pero en esto hay que hablar con narcos, con gente que te cita siempre de noche en estacionamientos de shoppings. Y siempre hay que preguntarse si la fuente no persigue otros fines. Si yo consigo una entrevista con el líder de un cartel, éste puede llegar a verme como un vocero; eso ha pasado. Quieren asimilarte. Y si luego ven que escribiste algo que los perjudica, bueno, puede pasarte algo grave. En México dicen que en esto es "plata o plomo". O aceptas el soborno o te matan.
-Usted tiene dos culturas, la mexicana y la estadounidense. ¿Eso cómo influye en su trabajo?
-Tener dos culturas es estar como en un limbo. Me siento más norteamericano cuando estoy en México y viceversa. Cuando me pienso como estadounidense escribiendo sobre estos temas, pienso que soy del país de la demanda de la droga. Y cuando me pienso como mexicano, me veo como del país de la corrupción y la pobreza. La mejor manera de tratar esto es servir como puente de entendimiento entre dos países.
-¿Cómo ha cambiado su trabajo con el impacto de la nuevas tecnologías?
-Mucho. Antes éramos 15 personas. Ahora estoy yo solo. Creo que cometimos un error. Nos fuimos todos a internet y es fundamental incorporar lo multimediático, no lo dudo. Pero en ese intento perdimos mucha gente con experiencia y calidad. Hoy estamos pagando el precio. Nos estamos dando cuenta que hay que tener multimedia, pero también hay que tener contenido original. Gente especializada, que escriba con autoridad y con seriedad.