Timothy Williams, new york times
En una franja árida del desierto en el sureste de Irak, un soldado estadounidense saludó moviendo la mano a su contraparte iraní que montaba guardia en un fuerte en el lado opuesto de la frontera. El iraní parecía confundido, pero regresó el saludo. Alguna otra vez, el estadounidense pudo haber recibido un dedo medio levantado, o ninguna respuesta.
Los soldados estadounidenses que ayudan a patrullar a los guardias fronterizos iraquíes, encuentran que tienen una función peculiar en esta tierra de nadie ardiente y polvorienta.
Están estacionados a unos cuantos metros de un enemigo ostensible, hacia el que sienten poca animadversión, en un lugar donde la frontera misma es poco clara, mientras realizan lo que ha resultado estar entre las asignaciones más desafiantes de la guerra: entrenar a la Policía iraquí para patrullar sus propias fronteras porosas antes del retiro del Ejército estadounidense el año próximo.
El gobierno estadounidense considera la misión de los soldados, cualesquiera que se sean sus aspectos desconcertantes, tan crítica que las tropas fronterizas estadounidenses probablemente estarán entre las últimas en partir antes del retiro de Irak, programado para el 31 de diciembre de 2011.
Desde la invasión liderada por Estados Unidos en 2003, se ha acusado repetidamente a Irán de exacerbar la continua violencia y la inestabilidad en Irak; y es en esta parte de la frontera de 910 millas de Irak con Irán que funcionarios de Inteligencia estadounidenses dicen que han pasado de contrabando explosivos con capacidad para penetrar blindajes, disparar aparatos para bombas al borde de los caminos, cohetes tipo Katyusha de 240 milímetros y rifles para francotiradores, entre otro armamento.
La zona cerca del fuerte fronterizo, en la provincia de Basora en Irak, también se considera estratégica porque está cerca de los puertos marítimos iraquíes y de sus campos petroleros más grandes.
"La seguridad fronteriza en Irak es una capacidad fundamental requerida para lograr la completa soberanía y el reconocimiento internacional``, explicó el mayor general Stephen Lanza, principal portavoz del Ejército estadounidense en Irak.
Debido a que los iraníes y estadounidenses carecen de relaciones diplomáticos, algunos de sus encuentros reales más cercanos suceden a lo largo de la frontera iraquí, incluido el canal contaminado de 27 metros de ancho, en Shulha Al-Alghwat; se dice fue minado durante la guerra entre ambos países y que sólo jaurías de perros salvajes se atreven a cruzar.
"Si hay una exhibición de fuerza, ellos la devolverán``, dijo el sargento James H. Allen, un integrante del equipo de fuerzas estadounidenses del orden en la frontera. "Si trajéramos un tanque a la frontera, ellos traerían un tanque a la frontera. Pero cuando llegamos, los saludamos con la mano y no les apuntamos nuestras armas``.
Aunque parece haber poca tensión, los iraníes sí hacen ocasionalmente trucos ingeniosos al estilo Guerra Fría, señalaron soldados estadounidenses e iraquíes.
En el puerto de entrada de Shalamcheh, a unas cuantas millas del fuerte, trabajadores iraníes recientemente levantaron un inmenso mástil con una bandera iraní en la punta que hoy está más arriba de una iraquí mucho más pequeña en el otro lado.
Este mes, un helicóptero militar iraní sobrevoló en círculos antes de aventurarse un centenar de metros en espacio aéreo iraquí.
"Miren eso", dijo el teniente coronel William Girard, subjefe de grupo del equipo fronterizo de transición, con voz sorprendida. "Empujan sólo para probar las cosas``. Hizo una pausa y agregó: "Saben que nadie les va a disparar``.
Más extraño aún, soldados estadounidenses en Shalamcheh, uno de los principales cruces fronterizos para millones de peregrinos iraníes que se dirigen a los templos chiítas en Irak, así como para la importación de automóviles, materiales para construcción y productos iraníes, han visto a la propia frontera iraní avanzar lentamente dentro de lo que creían era Irak.
Mientras soldados estadounidenses e iraquíes habían tratado al punto medio del canal de Shalamcheh como la frontera, los guardias fronterizos iraníes han empujado gradualmente la línea hacia el oeste unas cuantas docenas de yardas durante los últimos meses. "Estos tipos la siguen moviendo gradual y lentamente``, dijo el capitán Walter Lillegard, oficial ejecutivo del equipo estadounidense de transición en Shalamcheh.
Lillegard y otros efectivos estadounidenses dicen que no toman en serio las acciones iraníes, y bromean sobre los vientos que soplan en la zona y lanzan los sombreros a Irán -donde sea que quede eso-, y se pueda desatar un incidente internacional.
No obstante, a menudo hay una tensión mayor entre soldados iraníes e iraquíes, que se enfrentaron en batallas sangrientas en la misma área durante la guerra entre Irán e Irak. La zona aún tiene minas terrestres, puestos de observación desiertos y los esqueletos de vehículos militares por todas partes.
DURAS DE FORMAR
Preparar a los iraquíes para patrullar la frontera ha resultado difícil, dicen soldados estadounidenses que trabajan como entrenadores allí. Es que las tropas fronterizas iraquíes han recibido poca atención. Aunque asisten a la misma academia que la Policía, se les paga menos y les dan pocos suministros, y a menudo se quedan sin combustible, refacciones y municiones.