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Los principales temores son una posible merma en exportaciones y menos llegada de inversiones
Antes del discurso crucial del primer ministro David Cameron sobre Europa, las grandes empresas británicas temen cada vez más las consecuencias negativas para los negocios de un posible alejamiento del país de la Unión Europea (UE), e incluso de una salida.
Cameron pronunciará hoy en Holanda un discurso en el que debe anunciar una amplia renegociación de las relaciones de su país con la UE. Los empresarios expresan públicamente su preocupación desde hace meses sobre los riesgos de ruptura con un bloque que es el principal socio comercial del Reino Unido, cuya frágil economía podría volver a contraerse en el cuarto trimestre.
«Las empresas no quieren echar la soga tras el caldero -no con el 50% de nuestras exportaciones hacia Europa-», advirtió John Cridland, director general de la confederación patronal CBI, en su mensaje de año nuevo.
Otras figuras del mundo de los negocios como Richard Branson, fundador del grupo Virgin, o los dirigentes de los gigantes de la publicidad WPP o de las telecomunicaciones BT también se preocuparon de un proceso de renegociación que «equivaldría a poner en peligro» su adhesión a la UE y a «crear una incertidumbre perjudicial para las empresas británicas», en una carta publicada en el Financial Times.
Cameron no ha anunciado completamente sus intenciones, pero ha prometido consultar a la opinión pública. También estimó que un referéndum «a corto plazo» sobre la pertenencia de su país a la UE «no sería una buena respuesta». «El referéndum es un instrumento imprevisible y este asunto podría salir mal y hacer salir al Reino Unido de la UE», señaló Iain Begg, profesor del Instituto Europeo de la London School of Economics (LSE).
«El mayor riesgo para el Reino Unido es asistir a un agotamiento de la inversión extranjera, lo que reduciría su capacidad exportadora hacia su primer mercado, Europa occidental» advirtió.
Las empresas japonesas que construyen automóviles en el Reino Unido para servir al mercado europeo, por ejemplo, dejarían de invertir.
Este argumento se escucha incluso entre los conservadores. «¿Por qué iría a implantar una fábrica (en el Reino Unido) si no sabe -y nadie se lo puede decir- cuáles serán los términos de los intercambios comerciales en el futuro?», se preguntó Lord Heseltine, un antiguo ministro de Margaret Thatcher.
La operación también podría ser peligrosa para la City. Si el país abandona la UE, ya no podrá decir nada sobre la reglamentación financiera procedente de Bruselas, a la que estará sin embargo sometido.
«Es esencial seguir en la mesa de negociaciones para defender nuestras empresas y nuestro interés nacional, en particular protegiendo nuestro sector de servicios financieros», subrayó John Cridland.
A diferencia de las grandes compañías, los dirigentes de la pequeña y mediana empresa parecen más favorables a una renegociación de las relaciones con Bruselas. Según un sondeo de las Cámaras de Comercio Británicas entre sus miembros, una mayoría (47%) respalda una relación más distante con la UE pero preservando la adhesión del Reino Unido, 26% favorece el status quo, 12% querría salir de la UE y 9% pide más integración. AFP






