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Confiar en esta alternativa de financiamiento significaría darle a los privados los incentivos para hacerlo
Es una fuente de crecimiento económico. La investigación y el desarrollo (I+D) -la búsqueda de ideas, productos y procesos- mejora la productividad y genera trabajos bien pagos. Juega un rol importante en mantener a las economías creciendo luego que ya se han industrializado. Tiene efectos secundarios positivos sobre el número de empleados que contratan las empresas, y en los salarios de los trabajadores poco calificados en los sectores usuarios de alta tecnología. Estos beneficios públicos ayudan a explicar por qué la actividad de I+D históricamente ha sido apoyada por grandes cantidades de dinero del gobierno. Pero el gasto público en investigación está en declive secular, dejando que las empresas privadas tomen el relevo. Este cambio en la financiación ya ha dejado rezagada a Gran Bretaña en la carrera global de I+D, y podría poner a Estados Unidos en riesgo también.
Las empresas privadas tienen muchos incentivos para costearlo, por supuesto. Las compañías que gastan más en I+D tienden a estar en los sectores de informática, automóviles y medicamentos. En la cima de sus respectivas industrias en 2010 de acuerdo a la consultora Booz, estaban Microsoft, Toyota y Roche. El último año, Microsoft gastó US$ 9.000 millones en I+D. Sus 850 científicos con PhD y 40.000 desarrolladores están principalmente preocupados por la computación en la nube. Toyota gastó US$ 9.200 millones; sus autos híbridos tienen sus orígenes en quince centros de investigación que estudian materiales y combustibles nuevos. Roche, que tiene más de 330.000 pacientes incluidos en ensayos clínicos, gastó US$ 9.000 millones.
Sin embargo, asegurarse que las empresas privadas hagan suficiente I+D es un problema, porque es probable que los beneficios públicos sean más altos que los beneficios privados que reciben las empresas (esto es, las ganancias). Incluso con sistemas de patentes para proteger a los innovadores, invenciones nuevas genuinas se difunden y los copiones y los competidores se benefician. Estos derrames del conocimiento son buenos para la economía como un todo, pero pueden ser malos para la empresa que hizo el descubrimiento original. En un trabajo de 2010 que analizó información de empresas estadounidenses, Nicholas Bloom de la Universidad de Stanford y Mark Schankerman y John Van Reenen de la London School of Economics encontraron que los beneficios públicos de la I+D eran aproximadamente el doble que los beneficios privados. La información también sugería que la tasa óptima de I+D sería dos veces mayor a la actual, y posiblemente más alta.
La respuesta a este problema consiste en la financiación gubernamental directa. Este fue el modelo preferido de post-guerra, especialmente en Estados Unidos durante la carrera espacial. A mediados de los sesenta la exploración espacial recibió cerca de US$ 25 mil millones por año del contribuyente, medido en dólares de hoy. La financiación pública de la investigación militar también fue grande. En su pico en 1964, la I+D federal llegó a cerca del 2% del PIB de Estados Unidos. Pero la proporción de investigación con financiación pública ha caído abruptamente en algunos países. En Estados Unidos el ratio de I+D público respecto al PIB ha caído a la mitad desde la década del sesenta. En Gran Bretaña el ratio cayó en esa misma proporción pero en un período más corto, bajando desde 0,31% en 1986 a solamente 0,17% en 2009, el nivel más bajo en el grupo de economías avanzadas del G7. Esto contrasta con el fuerte crecimiento en el gasto en I+D en Japón, Alemania y Corea del Sur.
Una caída en el gasto gubernamental coloca la responsabilidad nuevamente en los esfuerzos de I+D de las empresas privadas. En Estados Unidos este cambio de público a privado ha sido relativamente exitoso. Las empresas han aumentado su gasto en I+D más rápido que el PIB, por lo que han contrarrestado la reducción en el apoyo gubernamental. Incluso así el ratio total de I+D de Estados Unidos ha caído por debajo del de Corea del Sur; China se está poniendo a tiro rápidamente. Europa como un todo tiene un ratio de I+D/PIB débil, a pesar de los esfuerzos de Alemania. Actualmente, se encuentra cercano al 1,9%, muy por debajo del objetivo de la Unión Europea del 3%. La posición de Gran Bretaña es particularmente pobre. A diferencia de Estados Unidos, la I+D empresarial ha caído en tándem con el gasto público, disminuyendo desde el 1,5% del PIB en 1986 al 1,1% en 2009. De los países ricos, solo Italia está peor.
Tres cosas influyen en el gasto en I+D de las empresas. La primera es el tratamiento tributario. Estados Unidos fue rápido en ofrecer ventajas tributarias, introduciendo créditos fiscales por "investigación y experimentación" en 1981. Esto redujo la responsabilidad tributaria de las empresas en un 20% de su gasto en I+D, por lo que US$ 100 millones gastados en investigación le cuestan US$ 80 millones. En un trabajo de 2002, Broom, Van Reenen y Rachel Griffith de la Universidad de Manchester estudiaron los créditos fiscales por I+D en nueve economías avanzadas entre 1979 y 1997, encontrando que una caída del 10% en los costos de I+D produce un incremento en el gasto en I+D de 10% en el largo plazo.
La política de fusión es la segunda cuestión que puede influenciar la I+D. Las empresas compiten para ser las primeras en inventar productos nuevos; una de las razones para fusionarse con un rival puede ser para anular esta competencia. La industria farmacéutica ha visto consolidaciones masivas, por ejemplo: de las 42 empresas estadounidenses de medicamentos que existían en 1988, solo 11 permanecen en 2012. Estudios de casos sugieren que esto puede reducir las tasas de crecimiento de la I+D. En los seis años anteriores a la fusión de 1999, Astra y Zeneca aumentaron su I+D en un promedio de 19% anual. En los seis años subsiguientes, el crecimiento en I+D de AstraZeneca fue solamente de 1% anual.
Tercero, las empresas pueden enfrentar presión de los accionistas para frenar los presupuestos de I+D. La investigación es un costo actual que genera beneficios en el futuro distante (aunque la industria de los medicamentos muestra que las compensaciones pueden decepcionar). Hay evidencia de encuestas en la que los directores eligen escatimar en I+D a efectos de alcanzar objetivos de rentabilidad o para pagar mayores dividendos a los inversores.
El desempeño apático de Gran Bretaña en el gasto privado en I+D se explica por estos tres factores. Gran Bretaña fue un rezagado en la tributación, introduciendo créditos recién en 2000. Mucho de su gasto privado en I+D se ha reducido a las industrias de medicamentos y de servicios, donde las fusiones son abundantes. Y un informe reciente patrocinado por el gobierno sobre mercados de valores encontró una falta de toma de decisiones de largo plazo por los inversores. Pero Estados Unidos no se debe descansar. Se ve cada vez más tacaño en su tratamiento impositivo de la I+D mientras otros países lo alcanzan; las fusiones y el cortoplacismo también son una preocupación en Estados Unidos. Confiar en las empresas privadas para potenciar la I+D debería significar darles todos los incentivos para hacerlo.







