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 Lunes 10.09.2012, 13:52 hs l Montevideo, Uruguay
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Economía y Mercado


SÍNDROME DE LOS DERECHOS | Nos dan lo que queremos o cortamos la calle; pero de obligaciones, ni hablamos

Velocidad en el deterioro del gobierno del presidente Mujica es enorme

Hay elementos básicos que se están dejando de lado debido a una lógica de "funcionalidad social" muy peligrosa

Uruguay estará muy mal para el que le toque ser gobierno en el próximo período, en un país donde faltan liderazgos y el Presidente no manda, asegura el Dr. Ignacio de Posadas. Añade que se ha instalado la cultura del reclamo y por cualquier cosa se corta una calle, sin que nadie reclame cuentas. A continuación, un resumen de la entrevista.

-¿Cómo observa los tiempos que vienen en lo político?

-Hay una disyuntiva muy embromada para cualquiera: ¿quién se anima a decir en la campaña lo que hay que hacer y qué están dispuestos a hacer si ganan? Es una parada particularmente difícil para el Partido Nacional que es el que tiene al parecer las mayores chances en la oposición. El que quiera crecer debe ir a buscar los votos en la centro izquierda; el problema es que si me hago el centroizquierdista, por cada voto que gane tengo más chance de perder uno por la otra punta y además, si hago un esfuerzo de mimetización grande, es posible que la gente vote el original y no la fotocopia, es decir que sea más convincente el Frente Amplio que yo. Pero, si hago ese tipo de campaña electoral, abandono la chance de atacar realmente los temas de fondo que tiene el país. Hay que hablar de esos temas en la campaña electoral. Nadie se puede hacer el "chancho rengo" y después pretender pegar un batacazo el primero de marzo, porque la sociedad no se lo va a llevar. Excepto Vázquez, porque la izquierda está más presa de él y puede hacer una campaña electoral sin abrir la boca; probablemente le venga mejor eso. Es el candidato con más fuerza electoral, hay que reconocerlo. Pero faltan dos años y medio y la velocidad del deterioro de este gobierno es enorme.

-Entonces, debería ser más sencillo asumir una postura opositora…

-El período que viene es muy complejo, porque las expectativas que deberá enfrentar el próximo gobierno, sea cual sea, serán enormes y las chances de satisfacerlas, no tantas. Una economía menos pujante, una política laboral más rígida, un nivel de productividad muy bajo en un país aislado del mundo, un sistema educativo en pedazos, la seguridad con problemas brutales... es el peor de los mundos para afrontar un nuevo período de gobierno.

-¿Por qué la oposición incide tan poco en la agenda?

-La posibilidad de incidir en la agenda por parte de la oposición es muy baja. En primer lugar, el Parlamento ha dejado de tener el protagonismo que tenía antes. La oposición hace cosas, pero no le interesa a nadie. Por otro lado, no parece haber mucha preocupación en algunos integrantes de primera línea de la oposición por los temas de fondo; sacando algunos pocos líderes, la mayoría no son visibles en estos temas.

El país chato

-Usted habló últimamente de un país chato, sin dinamismo, ¿en qué basa esos conceptos tan desalentadores?

-Hay una actitud que está muy enraizada en una cultura que privilegia o añora -o las dos cosas- valores que no representan el dinamismo. Si un partido político planteara que el sueño uruguayo es llegar al éxito, rechinaría mucho. Es mala palabra, egoísmo, capitalismo desenfrenado, ¡qué se yo!

-¿A quién responsabiliza de eso?

-No lo inventó la izquierda, tiene sus raíces en cierta concepción del segundo bat-llismo y que la izquierda lo llevó al extremo. Va más allá del Frente Amplio, aún en los partidos tradicionales y en ciertos sectores de la sociedad hay temor en criticar eso, porque es lo popular, lo establecido.

-Después de escuchar al presidente Mujica hace un par de semanas, usted habló de los "nudos gordianos" que tiene el Presidente. ¿Cuáles son?

-En el almuerzo del Consejo de las Américas, prácticamente toda la exposición del Presidente fue en clave de "somos así, no se puede…" con frases como "antes quería cambiar el mundo y ahora me contento si puedo arreglar la vereda un poco…". Es una imagen reveladora, en cualquier otro país hubiera generado un gran impacto, proviniendo de quien debe liderar un país.

Lejos del cambio

-¿Cuál es la clave del cambio?

-El problema es que no hay un comienzo del cambio. El Presidente no dice "estoy peleando y avanzo despacio", sino que dice "no puedo pelear con esto". Es muy descorazonador, sobre todo para la gente joven, que en general muestra rechazo a la llamada "clase política". Uno no ve gente que esté abriendo puertas, ventilando, iluminando.

-¿La clase política no lo asume como un problema?

-No se ven liderazgos que destaquen, en la política, en la sociedad civil, o en instituciones como la iglesia o las cámaras empresariales. Inclusive, quienes tienen dinamismo en sus actividades, como algunos empresarios, se cuidan muy bien de no mostrarlo.

Asuntos de derechos

-El espacio que los partidos políticos dejan sin cubrir, ¿es el que ocupan otros movimientos sociales?

-Hay otro fenómeno prevalente en nuestra cultura que es el síndrome de los derechos. El último ejemplo es el tema del resarcimiento a las víctimas por crímenes o delitos. Hay una distorsión acerca de qué son los derechos. Que alguien esté en una situación de necesidad nos plantea el interés por ayudar, pero no es un derecho como está concebido en Uruguay. Lo que produce esa concepción -no es necesariamente este caso- pero sí en materia de salud o vivienda, es que la persona que se encuentra en esa posición, en lugar de hacer el esfuerzo por obtener lo que quiere, va y corta la calle para que se lo den.

-¿Se habla más de derechos que de deberes?

-Es que no hay deberes sino solo derechos. Es una concepción equivocada que se ha instalado muy fuerte. Los derechos no obligan a resarcirme cuando me roban. Eso lo que produce es una sociedad que está toda del lado del reclamo.

Entonces se da lo que ahora estamos viendo, que es un mamarracho. Todos estamos de acuerdo, hay que resarcir a las víctimas, muy bien… eso sí, págalo tú. Que lo paguen de los sueldos, los bancos, las aseguradoras… los países no avanzan así. La concepción es que el Estado tiene que dármelo. Me dedico a hacer el esfuerzo para ir a golpear la puerta del Estado para que me dé lo que yo quiero, pero no pongo la misma fuerza para ganármelo. Las expectativas se han desorbitado de tal manera que no hay sistema que las satisfaga.

Los platos rotos

-¿Cómo se supera ese estado de cosas?

-Es muy complejo desandar ese camino. Además, estos últimos gobiernos han ido aflojando en ese sentido. El Partido Nacional hizo un esfuerzo muy grande para cambiarlo y levantó muchas resistencias. Dejó instaladas algunas cosas en las que por ahora no se ha dado marcha atrás, como en materia de equilibrios macroeconómicos o procesos de mejora de gestión. Ni Sanguinetti ni los que siguieron, avanzaron. Y eso que los platos rotos estaban pagos en buena medida por el Partido Nacional, pero no se animaron. Fuimos hacia atrás.

-¿Solo ve retrocesos en lo hecho por los gobiernos del Frente Amplio?

-En un esquema como el nuestro donde el Estado es tan prevalente, el gobierno tiene los dedos metidos en una cantidad muy grande de teclas. Hacer un balance es muy difícil. Lo primero es el balance en materia institucional, que yo creo que es bueno, porque aun con los antecedentes que tenían muchos de los integrantes del Frente Amplio no han hecho desaguisados institucionales como se ve en Argentina. El escalón siguiente, en cuanto al respeto por el Estado de Derecho, no está tan claro. Hay un deterioro que se está acelerando enormemente. Una concepción muy marxista, donde se distingue el Derecho formal del Derecho de lo material. El concepto es: "no me incomoden con las formas, con el Tribunal de Cuentas ni con la Constitución, sacamos la ley y listo". Y esto está generando leyes que salen como chorizos, de pésima calidad técnica y jurídica. Hay cosas básicas de Derecho que se están perdiendo por una suerte de "funcionalidad social" muy peligrosa.

El gabinete

-¿Su juicio abarca a todo el gobierno?

-Si seguimos el orden en el Consejo de Ministros, que está dado por la antigüedad de las secretarías de Estado: a la derecha del Presidente viene el Ministro del Interior que está haciendo agua por todos lados, el siguiente es el de Relaciones Exteriores, donde se ha perdido pie. No hay política exterior, hay una suerte de rosario de decisiones ideológicas.

Después viene el Ministerio de Economía, donde hay cosas buenas, como el manejo de la deuda. La actividad financiera no está mal, aunque algo asfixiada. En materia fiscal no hay relajo, pero debería haber un manejo más prudente. Sí hay una cantidad enorme de malas regulaciones laborales y otras cosas que son violatorias del Estado de Derecho, como permitir el bloqueo del remate de Paylana. Hay valores superiores que debemos defender y no dejar que se pisoteen.

-En ese orden del gabinete, después viene Educación…

-Que es un desastre enorme, donde ya nadie le cree al gobierno que se vaya a hacer algo. Ni siquiera el Presidente consigue el mínimo de respeto sobre que se recuperen las clases perdidas en Secundaria, cuando las autoridades y el sindicato dicen que hay que "dejarse de decir pavadas".

Además hay algo que no lo inventó el Frente, aunque lo agudizó. Es aquello del perro del hortelano: yo no hago en educación pública pero no dejo hacer en la privada.

-¿A qué se refiere?

-En el almuerzo del Consejo de las Américas, el Presidente hizo una larga lista de "no se puede" en su discurso, muy honesto pero espantoso; que no hay co-mo entrarle a la educación, que los sindicatos no quieren cambiar, que su partido no le lleva los cambios. Una cosa muy buena que había hecho el Frente Amplio era que las donaciones de empresas a determinadas instituciones podían ser deducibles de impuestos. Una buenísima idea, pero inmediatamente le pusieron la pata encima y la topearon. Le planteé al Presidente que él podía levantar el tope, con un decreto. Yo mismo se lo redacté, y lo tiene ahí.

-A usted se le identifica con una defensa de la educación privada que se la contrapone con la pública…

-Se dice que la educación pública es en beneficio de la sociedad y la educación privada solamente de los que van a estudiar allí. Eso es una estupidez, las dos son un beneficio de la sociedad en conjunto que gana con la mejor calidad educativa. ¿Resulta que una es una actividad altruista y la otra egoísta? Es un razonamiento disparatado. A partir de esa definición, la actividad privada se apoya poco y nada mientras la pública tiene el presupuesto más importante de la historia y está peor que nunca. Por otro lado, hay un enorme esfuerzo de colegios privados -y no estoy hablando de Carrasco sino de barrios carenciados- donde los resultados son mejores que en el sistema público pero no se les apoya.

Si el Presidente no pide cuentas, el gobierno no funciona

-¿Desde qué perspectiva analiza usted los logros del gobierno?

-Este gobierno tiene como característica destacada un bajísimo nivel de eficiencia en la gestión. La Reforma del Estado se acabó, en AFE todavía estamos por ver la sociedad anónima, las PPP aún están en proceso… la capacidad de hacer cosas es muy poca.

-Desde el gobierno se asegura que las cosas demoran por la discusión amplia que requieren esos temas…

-La discusión es buena, pero hay cosas que son para discutir y otras no. Hay momento para la discusión, pero hay que poner un plazo y empezar a hacer. La discusión eterna no puede ser.

-El vicepresidente Danilo Astori puso énfasis en la necesidad de lograr compromisos de gestión en la función pública, ¿usted está de acuerdo con ello?

-Astori perdió esa batalla, aunque no sé si la dio con suficiente fuerza. La perdió el propio Presidente. Cuando dice que a él le gustaría hacer tal o cual cosa no creo que esté mintiendo, pero ya le han medido el aceite y nadie mueve un pelo porque saben que él no sigue los temas, no manda, entonces la gente hace pata ancha y el tiempo pasa.

-¿Quién manda?

-En algunos ministerios, los ministros hacen cosas, pero en el resto los sindicatos mandan, o trancan, porque es más fácil que hacer. Yo creo que en Industria se están haciendo cosas, en Ganadería se hizo mucho antes y por lo tanto, más que hacer es mantener. En otros no es tan fácil.

-Quedan dos años y medio de gestión. ¿Hay tiempo?

-La forma tan especial que tiene este Presidente para encarar los temas no tiene visos de cambio. Es más, se va acelerando, no pasan dos semanas sin que aparezca un invento, lo que sustituye a estar sentado pensando las cosas, ordenándolas, etc. Eso es malo. Porque los que tienen intereses que defender, se han dado cuenta que lo pueden hacer con total impunidad, porque nadie les va a decir nada. Hay que ejercer autoridad, liderar y mandar.

Un gobierno depende enormemente del Presidente, yo me di cuenta de eso cuando me tocó ser ministro. A veces se habla de "superministro" o ministros con grandes poderes, eso son macanas. Al final, quien da la tónica es el Presidente. Pero si el Presidente no trabaja, no organiza, no delega, no pide cuentas, el gobierno no funciona.

Todos de acuerdo en que Argentina va camino a una crisis

-¿Cómo observa la situación de Argentina?

-En Argentina la situación está muy embromada. No parece haber opciones de poder fuera del peronismo, hoy en día los partidos se juegan ahí adentro, donde las reglas de juego son muy crudas. Argentina está en un proceso de deterioro cultural muy fuerte, con problemas morales, con un gran menosprecio por el Estado de Derecho. Todos en el mundo son contestes en que Argentina va camino a una crisis y las únicas discrepancias son sobre cuándo se va a producir.

Acá tenemos que estar atentos. Hoy día pueden estar pasando dos cosas: que a nivel del Ministerio de Economía y el Banco Central se estén preparando para esa crisis y no quieran decirlo, lo que no está mal. También puede ser que estén actuando como dicen, que estamos blindados y que no va a pasar nada. Eso sería peligroso. La dependencia económica de Argentina es mucha.

-¿Cómo encarar esto?

-No hay una vacuna, no hay antídoto. Creo que lo primero que hay que hacer en esta situación es no hablar. El exceso de locuacidad del Presidente y del Canciller es negativo. No se pueden estar haciendo bravuconadas que cualquiera sabe que no se pueden llevar a cabo, pero tampoco ayuda estar diciendo todos los días que no se puede hacer nada, "me llenaron la cara de dedos" como dijo el Presidente, porque te van a pegar de vuelta. Mejor callarse la boca.

-¿Qué país debería ser el aliado de Uruguay?

-Si miramos objetivamente a Uruguay en su estrategia exterior, ¿dónde están sus puntos de apoyo? Sobre Argentina no; Brasil nos ignora olímpicamente; con Estado s Unidos, hasta el Canciller dice que no es el momento de estrechar vínculos; con Gran Bretaña o España hacemos declaraciones solidarias con los países que tienen problemas con ellos. ¿Dónde nos vamos a apoyar, en medio de un momento tan convulsionado? Los países serios, como México, Colombia o Chile han generado otras relaciones.

-El Presidente confía en Brasil…

-El Presidente confía en Dilma, no en Brasil. Y no es lo mismo, las relaciones exteriores no se hacen en base a las personas, sino en entender los intereses y tratar de equilibrarlos. No es una cuestión de ir al estribo y mucho menos decirlo. Eso de pedir un lugarcito para arrimarnos, como dice el Presidente, no existe en un país serio.

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