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JORGE CAUMONT
Creer que la situación macroeconómica de un país depende exclusivamente de la combinación de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria que lleve adelante su conducción económica es un error bastante generalizado a nivel de la población en general. Cuando la situación es buena, el error es acentuado por los propios integrantes políticos de la administración de gobierno. La combinación de políticas es tan solo uno de los factores que la determinan. En realidad, los factores determinantes de la situación macroeconómica de un país, su nivel de actividad, el comportamiento de sus precios y la situación de las reservas del Banco Central cuando la nación tiene tipo de cambio fijo o el nivel del tipo de cambio cuando el país tiene un sistema cambiario de flotación, son básicamente cuatro.
El primero, aunque no necesariamente el más importante, es lo que ocurre en el mundo extra regional. Si la economía mundial está en receso o en expansión lanza efectos importantes y de distinta naturaleza sobre un país abierto comercialmente, sobre sus exportaciones y sobre sus importaciones, tanto de bienes como de servicios. También importa si las tasas de interés relevantes a nivel mundial son altas o bajas; cuál es el nivel de los precios internacionales de los productos que el país en cuestión exporta e importa y cuál es la fortaleza frente a las demás monedas, de la que emplea como referencia, hoy y desde hace ya casi un siglo, el dólar estadounidense.
El segundo factor que envía efectos sobre la situación macroeconómica de un país es lo que ocurre a nivel regional. Este factor se vuelve sumamente relevante cuando se trata, como en nuestro caso, de una nación pequeña económicamente, entre dos potencias emergentes como son Argentina y fundamentalmente Brasil.
El tercer factor es el escenario político, ya que desde él se influye a través de decisiones que pueden o no ser las más adecuadas.
Y por último, la reacción frente a todo esto de la conducción económica a través de medidas fiscales, monetarias y cambiarias.
EL MUNDO. Pasando a Uruguay y sin hacer consideraciones sobre los efectos del escenario político sobre la situación macroeconómica, se puede afirmar que desde el exterior no regional, hoy nuestro país recibe señales mixtas. Por un lado, son adversos los efectos que lanza la recesión europea y la crisis que tiende agravarse en esa región debido al "Grexit", como se denomina a la probable salida de Grecia del grupo que comparte al euro como moneda, y con el consiguiente contagio que ello puede tener tanto a nivel macroeconómico como desde el punto de vista de la estabilidad financiera y bancaria. A ello se suma el bajo crecimiento de Estados Unidos y de Japón y la recesión de Inglaterra. Se configura un panorama adverso directo sobre las corrientes exportadoras y los sectores productivos, e indirecto por los efectos de la crisis de los desarrollados sobre las naciones que les venden a ellos y les compran a nuestro país.
Pero, por otro lado, esa mala situación de los países desarrollados coexiste con la necesidad de un bajísimo nivel de las tasas de interés relevantes a nivel mundial para incentivar el gasto y reanudar el crecimiento. A nivel interno, en Uruguay se recogen esas bajas tasas de interés lo que ayuda al crecimiento de la economía y, por otro lado, implican bajos pagos del servicio de la deuda externa por intereses.
En tercer término, la diferencia entre la situación europea y estadounidense lleva a un vuelo a instrumentos financieros de calidad ("flight to quality") y ello a su vez, a una apreciación del dólar en el mundo, lo que es malo para nuestro país, donde el signo monetario norteamericano se ha depreciado a lo largo de años, al punto de caer su cotización entre 40 y 45% de su pico en 2003. La apreciación del dólar nos hace aún menos competitivos frente al resto del mundo de lo que éramos por la inflación en dólares que tuvimos en los últimos diez años.
Y por último, el cuarto factor de relevancia que afecta desde el mundo a nuestra economía es el comportamiento de los precios internacionales. Con la debilidad mundial del dólar, los precios de los commodities en general y los de los que Uruguay importa y exporta se han apreciado considerablemente. Lo contrario viene ocurriendo ahora con el fortalecimiento del dólar a nivel global. Todos estos factores se tienen que reflejar, inexorablemente, en menor nivel de actividad, en aumentos del tipo de cambio y en un efecto neto sobre los precios que resultará de la presión alcista que tiene el incremento del valor del dólar y de la presión bajista de una menor actividad económica.
LA REGIÓN. Argentina se encuentra en el umbral del colapso cambiario. Es altamente probable que antes de fin de año se deba liberar al tipo de cambio y que se produzca un salto en la cotización del dólar en el mercado comercial que le acerque al paralelo, hoy 30% por encima. Eso sumará efectos adversos a los que viene teniendo la prohibición de comprar dólares y de importar libremente tanto bienes como servicios en general. La situación argentina viene afectando a varios sectores productivos nacionales, pero impactará más considerablemente cuando se vacíe el "pipeline" de inversiones en la construcción que todavía está lleno pero sin la paciente espera fuera de él, que había hasta el trimestre final de 2011. No menos considerable será el efecto que tendrá en el mediano plazo sobre la inversión en el agro, cuando se dé la conjunción entre tipo de cambio altísimo en el vecino país con menores precios internacionales de los commodities agrícolas.
Por su parte, nuestro principal cliente comercial, Brasil, se encuentra ante una desaceleración fuerte de su actividad que lo lleva a adoptar medidas proteccionistas y de apreciación del valor del dólar, además de conceder estímulos a su declinante industria mediante rebajas tributarias. El gobierno brasileño emplea, sagazmente, el mismo procedimiento de reactivación que le critica su presidenta Rousseff al presidente Obama. Y suma al proteccionismo comercial como complemento. Los efectos sobre Uruguay son deflacionarios por el lado de las menores compras a nuestro país e inflacionarios por otro, por la contribución que hace a la suba del dólar en nuestro mercado.
EN RESUMEN. Salteando los efectos sobre la situación macroeconómica que tiene el actual escenario político, enrarecido por los enfrentamientos internos en el seno de la coalición que gobierna, lo que ocurre en la región y en el exterior fuera de ella y dada una combinación de políticas fiscal, monetaria y cambiaria que parece estar desde hace tiempo bajo "piloto automático", hacia adelante se debería esperar un menor nivel de actividad, una inflación que será mayor por las inconsistencias que aún existen en el mercado laboral y por la propia devaluación de la moneda uruguaya, en tendencia que difícilmente pueda revertirse.






