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ISAAC ALFIE
Sobre el fin de la semana anterior la prensa daba cuenta de un nuevo invento para recibir dinero desde el Gobierno Central, esta vez propuesto desde la Intendencia de Montevideo. La "justificación" era que algunas de sus inversiones en realidad le corresponden al Gobierno Nacional. Cuando de encontrar razones o justificar cosas se trata, todos solemos tener un desarrollado sentido de la creatividad, ni que hablar cuando de invocar derechos monetarios refiere. Siempre alguien creerá que es correcto y como, salvo rarísimas excepciones, las cosas no son blancas o negras, algún punto de contacto habrá, aunque sea remoto o traído de los pelos y no puedan justificar ni cercanamente lo requerido. El caso planteado es uno de ellos, pero es la consecuencia de una política llevada a cabo desde el Gobierno Central que estimula este tipo de prácticas.
En general, la mayoría de los gobiernos municipales dedican su presupuesto a pagar salarios y gastos generales y, residualmente si algo le sobra, irá a inversiones. Montevideo no es la excepción; es más, a juzgar por lo que se ve recorriendo el país, se podría decir que es el peor de la clase por un campo.
Observando el accionar de las Intendencias, en muchos casos el mismo se puede graficar de la siguiente manera. Se contrata personal bajo la excusa de falta de trabajo o necesidad imperiosa para determinadas funciones, luego hay que pagarle y entonces se deben cobrar impuestos. La población, al pagar sus impuestos, tiene menos dinero disponible y con ello consume e invierte menos, entonces esa misma cantidad de dinero en lugar de generar empleos genuinos y productivos termina haciendo todo lo contrario. En efecto, en primer lugar parte del dinero se pierde en el mecanismo de administrarlo y luego su aplicación marginal suele ser de escaso o nulo valor para la sociedad. A su vez como el personal es excesivo, "hay que darles algo para hacer", entonces se inventan regulaciones, trámites, procedimientos y todo lo imaginable con el fin de justificar las "importantes" funciones, lo que traba e impone costos adicionales al sector privado, verdadero motor del desarrollo y generador de la riqueza. Es el mismo dinero que generaría empleos genuinos, de mayor productividad y seguramente mejor remunerados a largo plazo, el que paga los salarios y no puede usarse alternativamente. A su vez, como los funcionarios públicos suelen tener un poder más allá de lo común, y se aprovechan que los gobernantes pasan y muchos tampoco quieren comprarse grandes problemas, -el dinero es de otros-, el reclamo por aumento de salarios es permanente. Al final "siempre algo queda" y entonces el dinero termina allí, dejando las obras como "residuo de gestión".
Lo anterior es claro que no es cierto en todos los casos, siempre hay buenas excepciones que todos conocemos, pero lamentablemente son la mayoría y Montevideo está entre dicha mayoría.
También vale una aclaración. Cuando se hace la descripción del párrafo anterior, se toma el caso actual, es decir una situación donde existen los servicios públicos y el Estado y las administraciones están maduras. Es decir, se dan las condiciones para que ello pase. Como todos sabemos, la presencia del Estado hasta cierto límite es necesaria y mejora las condiciones de vida y productividad general de la economía.
CAMBIO DE POLÍTICA. Desde su asunción en 2005, la actual Administración ha venido progresivamente aumentado las transferencias monetarias a muchos sectores, haciéndolos más dependientes del cheque que el gobierno les envía. Esto no solo ocurre en el caso de las personas con los efectos conocidos, sino también sobre instituciones y otras partes del gobierno, lo que ha sido poco analizado. Así, la llamada "reforma" de la salud tiene el mismo talante, algunos soportes a determinados "sectores productivos" y los dineros que se otorgan a los gobiernos departamentales son todas piezas de un mismo collar. Mirando las cifras de la ejecución presupuestal y los cambios que ha tenido, nadie puede dudar que el centro de la política gubernamental es la transferencia monetaria, que es fácil de hacer, se "ejecuta el gasto" pero que, cuando logra algo, el resultado es pobre. A su vez, de la manera en que se están haciendo, son los casos típicos donde los textos de Finanzas Públicas indican como lo que no se debe hacer, en especial hacia las Intendencias donde no hay propósito específico o metas sino dinero como porcentaje de recaudación global o en forma de subsidio sobre la tarifa eléctrica y cosas similares sin nada a cambio, sin evaluación ni concurso. Los resultados son los esperables, nada de nada, salvo honrosas excepciones que son bien conocidas. En todo esto Montevideo, que se decía discriminada y no lo era es de las que, proporcionalmente, más ha aumentado el dinero que recibe. Ahora la nueva ley de patentes opera como un nuevo subsidio a las Intendencias, donde Montevideo y Canelones serán las grandes beneficiadas y por supuesto van por más. Es fácil que otro recaude y yo gaste, también es una forma donde los incentivos se dan vuelta y a nada bueno conduce.
CÍRCULO PERVERSO. Los problemas que genera este tipo de política son varios y asimilables a cuando los padres le brindan todo a sus hijos sin exigencias a cambio. No existen los incentivos adecuados, unos básicamente se sienten titulares de derechos, convirtiéndose en perfectos inútiles, en tanto los otros, que al inicio eran los mejores del mundo, apenas no puedan sostener el traspaso de dinero serán unos perversos avaros y malas personas. Ya he dado mi opinión acerca de lo que sucede con las personas que reciben importantes sumas de dinero. Solo hay que trasladar la situación a otras áreas y las consecuencias no son diferentes.
Es obvio y natural que cada uno debe mantenerse por sí mismo, es quien mejor sabe qué necesita de verdad y qué no es prioritario y, por tanto, aplicará los recursos de la manera más eficiente. Si el dinero viene de afuera, el mismo se gastará primero en lo superfluo y luego en lo imprescindible; la razón es simple, cuando se presente ante la opinión pública reclamando los recursos será por algo que nadie puede decir que no. Así de duras son las cosas. Pero hoy las cosas no son así, varias decenas de miles de familias, las mutualistas, las empresas de transporte y las Intendencias dependen, en algunos casos casi enteramente del cheque del gobierno.
FUTURO. Para tener una idea de lo que estamos hablando, desde 2004 a la fecha las transferencias monetarias que efectúa el Gobierno Central crecieron 160% en términos reales cuando el PIB aumentó 53%. En términos de este indicador pasaron del 4 al 6,8% (un 23% del total de gasto e inversión de todo el sector público, sin considerar intereses), permítaseme el término, un dislate. Todo se dio en medio de una extraordinaria bonanza económica. Basta recordar que entre el segundo semestre de 2003 y el primero de 2011 (8 años) con excepción de 7 u 8 meses, entre septiembre-octubre 2008 y marzo-abril 2009, Uruguay creció de manera continua y a tasas desconocidas para períodos extensos, al menos desde la segunda postguerra, lo que le permitió tener recursos en abundancia para financiar, prácticamente, lo que fuere. El tema es que el dinero no siempre se obtiene tan fácil y lo ya otorgado constituye la base del futuro, por lo que la "lógica" de esta situación es que de allí nada se baja y para "mejorar" hay que otorgar mayores recursos, que no son fáciles de conseguir si el país no crece y a tasas importantes. Cuando las dificultades financieras llegan, el cheque puede no llegar, al menos de manera completa, y esto deja a quienes se han acostumbrado a recibirlo y vivir de él, en la peor de las situaciones, sin dinero y sin poder trabajar para procurárselo y, al gobierno sin defensas porque todas las culpas serán suyas. Yendo a los casos concretos, ya hoy el sistema de salud está haciendo agua, las mutualistas en general con rojos importantes, donde el "ajuste por calidad es notorio". Es decir con dinero abundante y sin que existan atrasos en los pagos, el sistema se deteriora por la sencilla razón que más del 75% del dinero que les ingresa proviene desde el sector público, y éste algo ha apretado la cuantía de lo que abona. No es difícil de imaginar lo que pasaría si el dinero disponible disminuye.
Piense el lector qué sucedería si por alguna razón se deben de reducir, en términos reales, las transferencias por los planes de asistencia y las asignaciones familiares a familias que hoy básicamente viven de ellos; y evalúe lo que sucedería si a las Intendencias se les retacearan recursos, algo que está en la tapa del libro será la primera medida que se adopte.
Por todo lo anterior, lo mejor que se puede hacer es comenzar a desandar este camino porque si estando todo bien no funciona, las consecuencias cuando ello no sea así serán demasiado traumáticas y para ello hay que empezar por no aumentar los dineros que hoy se transfieren.




