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Cada pueblo de España tiene su celebración colorida e incluso insólita; son un escape a los problemas e imán para el turismo.
Un buen chupinazo para empezar… y se arma la juerga. Pese a la crisis, España sigue celebrando. Será porque son un atractivo turístico, porque se convirtieron en una tradición de siglos o simplemente porque a los españoles les gusta el regocijo, las fiestas populares sobreviven a todo.
Las más famosas son los Sanfermines, en honor de San Fermín, el patrono de Navarra, que del 7 al 14 de julio llevan a Pamplona -448 kilómetros al Norte de Madrid- a más de un millón de turistas. La actividad más conocida de los Sanfermines es el encierro, que se realiza todas las mañanas de la fiesta. El objetivo es conducir lo más rápido posible a un grupo de toros desde sus corrales a la plaza de toros, en un recorrido de 850 metros por las calles del sector antiguo de la ciudad, que dura entre dos y tres minutos. Se trata de una actividad tan espectacular como riesgosa. En el siglo XX se produjeron alrededor de 15 muertes durante los encierros. Y prácticamente cada día hay varios heridos. Ésta, como otras fiestas tradicionales, involucran el uso de toros o caballos en acciones violentas, por lo cual reciben críticas de organizaciones defensoras de los derechos de los animales.
En los Sanfermines, además, hay música, fuegos artificiales y desfile de muñecos gigantes y cabezudos.
Debe aclararse que si bien el alcohol corre generoso en muchas de estos acontecimientos, se denomina chupinazo, o txupinazo, al cohete que se lanza para anunciar que comienza una celebración o espectáculo. Aquí, un resumen de las principales fiestas que se registran en el verano español.
OTROS ENCIERROS. El de San Sebastián de los Reyes (Madrid), conocido como Pamplona chica, se realiza el 28 de agosto y tiene una tradición de cinco siglos. La localidad se encuentra a 18 kilómetros al Norte de la capital. En Ampuero (Cantabria, a 55 kilómetros de Santander), a principios de septiembre, también se realizan encierros, con la particularidad de que su recorrido es de ida y vuelta.
TOMATINA. Esta virtual guerra de tomates que se registra el último miércoles de agosto en el pueblo de Buñol (Valencia) ya es la segunda fiesta más famosa del verano español. Se utilizan toneladas de tomates, plantados especialmente, ya que se trata de una variedad no muy sabrosa. Durante exactamente una hora, los participantes se los arrojan sin pausa y casi sin reglas: solamente se exige aplastar el tomate antes de tirarlo. Cualquiera puede intervenir, salvo niños, y es gratuito. Al cabo de la celebración, todos los participantes y las calles del centro quedan totalmente teñidos de rojo. La tradición nació hacia 1945, de manera casual, cuando una pelea callejera degeneró en el lanzamiento de todo tipo de verduras. Buñol está a 40 kilómetros de Valencia, a su vez a 352 kilómetros al Sureste de Madrid.
BOUS A LA MAR. El nombre de la fiesta significa "Toros al mar" y no es otra cosa que un encierro en el cual los participantes tratan de que los animales caigan al mar tras llevarlos por un recorrido cercado. Se realiza la segunda semana de julio en la localidad de Denia, Alicante, a 106 kilómetros de Valencia
RAPA DAS BESTAS. Los primeros sábados, domingos y lunes de julio, alrededor de 2.000 personas asisten a esta actividad, que tiene mucho de doma pero también de fiesta, en el pequeño pueblo gallego de Sabucedo. Los participantes suben al cercano monte Cebado a buscar caballos salvajes. Hacen huir a la tropilla hasta un curro, una plaza circular hecha de paredes de piedra, donde los llamados aloitadores les cortan las crines y los marcan. Para reducir a los animales, los aloitadores no usan cuerdas o palos, sino sus brazos y piernas, por lo cual semeja una lucha cuerpo a cuerpo con los equinos. La Rapa es considerada por los lugareños como el pasaje de los jóvenes a la mayoría de edad, debido al peligro que encierra la tarea.
ROMERÍA VIKINGA. El primer domingo de agosto tiene lugar en la localidad pontevedresa de Catoira, en la desembocadura del río Ulla, una recreación de un asalto vikingo, que conmemora un episodio histórico de esta tierra: cuando los pobladores del lugar rechazaron a los piratas normandos y sarracenos que buscaban el tesoro de la Catedral de Santiago. Los participantes concurren debidamente disfrazados y la sangre que corrió entonces se recrea con vino. Se trata de una fiesta relativamente nueva, pues su primera edición se registró en 1960. Catoira se encuentra a unos 26 kilómetros de Santiago de Compostela y a 550 de Madrid.
ROMERÍA DE SANTA MARTA. Esta celebración, bastante morbosa para algunos, se celebra cada 29 de julio en el pueblo de As Neves (Pontevedra). Las personas que sufrieron alguna grave enfermedad y se recuperaron, en agradecimiento a Santa Marta de Ribertame, patrona de la resurrección, desfilan en ataúdes abiertos. As Neves se encuentra a 39 kilómetros de Vigo.
CIPOTEGATO DE TARAZONA. Cada 27 de agosto al mediodía, un joven de Tarazona, un pueblo de la provincia de Zaragoza, se disfraza con un colorido traje con capucha y corre por las calles para tratar de escapar de la multitud, que le arroja tomates. Su meta es treparse a un monumento en la plaza del pueblo. Cada año hay decenas de voluntarios para hacer de Cipotegato, por lo cual el "cargo" se sortea, pero la identidad del elegido se mantiene en secreto hasta el final de su huida. Se asegura que la fiesta tiene más de 300 años y que originalmente se realizaba con un preso, a quien se le prometía la libertad si conseguía escapar de la lluvia de pedradas (no tomates) arrojadas por los vecinos. Para llegar: está a 86 kilómetros de Zaragoza y a 325 de Madrid.
BATALLA DE FLORES. No hay peleas, sino desfile de carrozas alegóricas adornadas con miles de flores. Tiene lugar el último viernes de agosto en Laredo (Cantabria), desde 1908. Además, hay música, mercados callejeros y lanzamiento de fuegos artificiales. Ubicación: 448 kilómetros al norte de Madrid.
Por lo general, estas fiestas se realizan en localidades chicas en el interior, por lo cual quien desee visitarlas deberá trasladarse desde Madrid o las principales ciudades provinciales. Los pasajes aéreos Montevideo-Madrid-Montevideo cuestan entre 1.000 y 2.900 dólares por persona, en clase económica, según fecha y disponibilidad.
Los participantes en los Sanfermines deben tener más de 18 años de edad y llevar vestuario y calzado adecuados para correr. Tampoco pueden llamar la atención de las reses, agarrarlas de la cola u hostigarlas. Se recomienda a quienes caigan durante el encierro quedarse quietos en el suelo, con los brazos tapando la cabeza, pues lo peor que puede ocurrir en esos casos es que los toros pasen sobre ellos, lo cual según los organizadores no es tan grave. En cambio, si la persona trata de incorporarse, el animal "lo llevará puesto, como aceituna pinchada en palillo", advierte la página web de la fiesta.








