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 Viernes 14.12.2012, 03:49 hs l Montevideo, Uruguay
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Cultural


Con la novelista Matilde Asensi

"La historia me lo da todo"

María Sánchez (desde Buenos Aires)

ES UN DÍA de tormenta en Buenos Aires y en el lobby del Hotel Alvear retumban los truenos. Fuera el cielo está completamente oscuro, como el futuro de España del que inevitablemente hablamos, pero dentro del hotel todo reluce. La escritora española Matilde Asensi (Alicante, 1962) se destaca en un lugar como ése: es una persona sin artificios ni decorados, llana, directa y con un gran sentido del humor, que hace preguntas en lugar de contestarlas y que sentencia con ímpetu.

Periodista de profesión, Asensi cambió la radio por un trabajo de administrativa en un hospital para tener tiempo para escribir. Hoy es una de las novelistas españolas más reconocidas a nivel internacional en el campo de la ficción histórica. Desde su tardío primer libro, El salón de ámbar (1999), cada una de sus obras se ha convertido en un éxito de ventas (Iacobus, El último Catón, El origen perdido…).

Su último libro, La conjura de Cortés (Editorial Planeta), completa la trilogía de "Martín Ojo de Plata". Transcurre en el Siglo de Oro español (siglos XVI y XVII) y tiene por protagonista a Catalina Solís, una joven que huye de su destino en España haciéndose pasar por Martín, su hermano muerto. Luchando contra piratas, perseguidos por orden real, topándose con el tesoro de Hernán Cortés o infiltrándose en la nobleza sevillana, los personajes recorren el imperio colonial español, desmontando algunos de los mitos de la conquista de América.

PERIODISMO E HISTORIA.

-En tus obras el contexto socio-político es un elemento de mucho peso, no son solo telones de fondo para colocar a tus personajes, sino que cobran protagonismo por sí mismos…

-Es una novela histórica con género de aventuras.

-…¿qué viene primero a la hora de escribir, el interés por una época determinada o la trama?

-La trama nace de las lecturas. Primero me interesa algo; por ejemplo, lo que desencadenó Iacobus fue que estaba leyendo un libro de Amin Maalouf que se llama Las Cruzadas vistas por los árabes y encontré un comentario de pasada donde el autor decía que los tres ejes de peregrinaje en la Edad Media eran Roma, Jerusalén y Santiago. Y yo me pregunté: "¿Qué Santiago? ¿Santiago de Compostela?" Siempre hemos oído hablar del patrón de España, pero yo no sabía entonces lo que era el Camino de Santiago.

-¿No estaba de moda como circuito de turismo rural?

-No. Ahora todo el mundo hace el Camino de Santiago, pero entonces no había nadie. Lo que Amin Maalouf me estaba diciendo era que Compostela estaba al mismo nivel que Roma y Jerusalén. Empecé a leer y leer, y leyendo aparecieron las órdenes de los caballeros templarios, los hospitalarios, los teutones. Toda la historia va creciendo, pero crece a partir de la curiosidad periodística. Está muy relacionado, es como un instinto. De los escritores que hemos salido en España en los últimos quince años, muchos éramos periodistas, como Pérez-Reverte o Julia Navarro.

-¿Qué hace el periodista sobre el escritor?

-Primero, el periodista hace un daño enorme al escritor porque no sabes escribir. Sabes escribir, pero no tienes estilo literario. Son lenguajes diferentes, y el periodístico encaja mal con el literario.

-¿Lo capa?

-Sí, en cierto modo lo lastra, pero es lo único malo. Luego te lo da todo: el instinto para detectar tanto la noticia como el titular, que es lo que te hace elegir un tema; el desarrollo, la fase de investigación y la curiosidad; el saber más para redondearlo… Un libro es como el reportaje periodístico. Creo que mi labor sigue siendo la misma que hacía, claro que escribiendo de otra manera. Yo estudié en una época en la que se hacía periodismo de investigación y no era muy distinto de lo que yo hago al documentarme para escribir un libro.

-¿Qué pesa más: la ficción o la historia?

-Es 50-50. Está tan imbricado como la trama y la urdimbre. ¿Tú puedes separar en tu chaqueta los hilos verticales de los horizontales?

-No.

-Es que no se puede, y no se debe. No hay nada que predomine, los verticales son imprescindibles para que los horizontales estén donde están y tú no tengas frío. ¿Historia o ficción? No se puede separar.

-¿Dónde está el punto que equilibra el derecho de la ficción a novelar y la obligación que conlleva la pretensión histórica?

-Yo procuro ser muy respetuosa con la historia, no la modifico jamás. Adapto mi ficción a la historia, porque la historia me lo da todo. En La conjura de Cortés, es verdad que Hernán Cortés robó el tesoro de Axayácatl, el padre de Moctezuma, está en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, pues yo hago que mi personaje se encuentre con ese tesoro. Otro ejemplo es el cometa que cruzó el cielo el 13 de diciembre de 1608. Se vio sobre la península ibérica y la gente se echaba a llorar por las calles, aterrorizada, se hacían misas, etcétera. Lo leí en unas crónicas de corte de Felipe III y lo incluí en Venganza en Sevilla.

MUJERES BORRADAS.

-¿Por qué un personaje andrógino, a veces Martín y a veces Catalina, como protagonista?

-No, es mujer que se disfraza de hombre. No es un Orlando de Virginia Woolf, no hay una ambigüedad sexual.

-¿Y por qué ese personaje?

-Porque existían ese tipo de mujeres en esa época. Isabel Barreto de Mendaña, la viuda del descubridor de las islas Salomón, por ejemplo. Su marido, Álvaro de Mendaña, organizó una segunda expedición a las Salomón que partió del Puerto de Callao con una flota de 60 galeones. Antes de llegar a las islas, Mendaña muere. Los capitanes se reúnen en la nao capitana para decidir quién va a gobernar la flota y entonces Isabel dice: "Yo. Soy la viuda, sé gobernar una nao, sé dirigir una flota y mi familia ha pagado todos estos galeones". Baja a la cámara, se viste con las ropas de su marido muerto, sube y dice: "yo voy a gobernar esto, quien no quiera acompañarme, puede volverse". Ella llegó a las Salomón, llegó a las Filipinas, cruzó el Pacífico, hizo el tornaviaje, llegó al norte de América y, costeando, volvió al Puerto de El Callao. Cuando llegó, el rey la nombró Adelantado de las Indias y los capitanes que la abandonaron acabaron en la cárcel. Pero ¿quién recuerda hoy a Isabel Barreto de Mendaña?

-Pocos.

-A las mujeres nos borran. No es que no estuviéramos. En Madrid ahora hay una exposición en el Museo Naval que se llama Nosotras estuvimos allí y es la documentación desde el 2º viaje de Colón sobre las 30 mujeres que vinieron con él con nombre y apellidos. (Iba a decir fueron, pero es que estoy acá yo) (Risas). Mi madre me contaba de pequeña que las mujeres fueron a América mucho después, cuando los hombres ya se habían casado allí con indias. Y yo ahora digo: "No, mamá, no, desde el segundo viaje. Trabajaron codo con codo con los hombres, pero nadie se acuerda de ellas". La figura de Catalina es la de una mujer que huye de la vida que le tienen destinada: casarla a los 13 años con un señor de 60, de poder morir de parto, de meterla en un convento o de quedarse solterona, que era un pecado y una vergüenza terrorífica. Esas niñas existían y están recogidas en nuestra literatura porque eran un fenómeno social: en el teatro de Lope de Vega, jocosamente, pero están. Y esto no ocurría solo en España. Hubo un almirante de la armada británica que cuando lo fueron a enterrar descubrieron que era mujer. Y, ¿qué hicieron? Lo enterraron en el panteón de los almirantes ilustres de la armada inglesa con su nombre de hombre. ¿Alguno de nuestros grandes ilustres puede que fuera una mujer y no lo supiéramos? Piénsalo…

EL QUIJOTE.

-En "Martín Ojo de Plata" utilizas palabras o expresiones de la época dentro de una narración actual. ¿Cómo se construye ese lenguaje?

-Con mucho esfuerzo (risas). Todas las mañanas empezaba leyendo el Quijote y cuando ya notaba que esa forma de hablar fluía, saltaba al ordenador. La trilogía transcurre de 1597 a 1609, desde que Catalina tiene 14 años hasta los 23, y el Quijote se publica en 1605. Se encuentra justo en el medio de mi periodo histórico. El Quijote es uno de esos libros que aborreces desde el colegio, porque te lo han enseñado mal, y de repente, lo pillas de otra manera y te partes de la risa. Fue un best-seller en su momento porque era un libro de humor y de aventuras, ahora lo hemos convertido en una cosa sagrada pero de hecho fue un best-seller, una tirada de 500 ejemplares en 1605 y traducido a todas las lenguas europeas en el primer año, ¿tú cómo lo llamarías? Best-seller, y punto.

LA CONQUISTA.

-En una entrevista con motivo de la publicación de El origen perdido dijiste que no viajarías al otro lado del Atlántico por tu miedo al avión.

-Lo que pasa es que hace cuatro años, cuando me invitaron a la feria de Guadalajara, me di cuenta de que tenía un problema y me dije: "Matilde, tienes que resolverlo". Y encontré una fórmula. Hice un primer viaje Alicante-Barcelona y la fórmula era: sé que voy a morir, tengo claro que voy a morir, me despido y ya, si llego, bien y si no, estoy preparada para morir. Después de eso ya he tomado más aviones porque es muy práctico. No me gusta y mi truco sigue siendo el mismo, el de que voy a morir.

-Y ahora que estás al otro lado…

-Ay, no sé como voy a volver a casa.

-¿En barco?

-¿Cuánto se tarda a España?

-Ni idea, ¿un mes, quizás?

-¿No has ido nunca?

-Nooo.

-Un mes es demasiado.

-En España se habla genéricamente del Descubrimiento. Sin embargo, en esta parte del mundo, se suele hablar de la Conquista.

-Es que es la conquista de América. En el prólogo de Martín Ojo de Plata (libro recopilatorio de los dos primeros volúmenes de la trilogía homónima) ya lo dejé claro: a los americanos no les gusta la palabra Descubrimiento, estaría bien que la elimináramos de nuestro vocabulario, porque no tenemos necesidad de molestar a nadie. Una vez que lo sabes, ¿qué más te da eliminarlo? Bórralo. Igual que la fiesta del 12 de octubre. Ellos tienen sus fiestas nacionales, sus fiestas de la independencia de España. ¿Por qué nosotros celebramos el Día de la Hispanidad? ¿Queremos tener nuestra fiesta nacional? Muy bien, pero dejemos a los otros, vamos a respetar un poco.

-¿Crees que se cuenta mal la historia de la Conquista?

-No me atrevería nunca a decir cómo se ha enseñado aquí porque no lo sé, pero puedo hablar de España. A mí me enseñaron lo que se llamaba el Descubrimiento, pero en realidad son tres fases diferentes: el descubrimiento, la conquista y la colonización. Lo del descubrimiento, las tres carabelas y Colón nos lo han dicho tanto que ya me da igual, me aburre. Incluso de la conquista, mal, pero nos la han enseñado. Y sin embargo, nadie nos ha hablado de justo treinta años después, de la colonización, cuando se empiezan a crear las ciudades. (El padre adoptivo de Catalina es de un pueblo de 40 vecinos llamado Santa Marta. Ahora, Santa Marta es una ciudad turística y tiene 9 millones de habitantes).

Cuando la gente viene a buscar una oportunidad, a fusionarse y a crear el mestizaje, a crear la personalidad propia de Latinoamérica, en España 9 millones de personas se morían de hambre, españoles que no vieron ni medio doblón de oro, ni medio trozo de plata que vino de América. Entonces ¿de qué narices de imperio en el que no se ponía el sol estamos hablando? ¿De un imperio que el pueblo de España no se enteró ni de que existía? Porque era tan ignorante, tan pobre y miserable que no sabía más de lo que pasaba en su media frontera. Los ingleses, con lo que robaron en los galeones españoles crearon la Compañía de las Indias Orientales, un negocio que les ha durado hasta prácticamente el siglo XX. Pero la monarquía española dejaba que su pueblo se muriera de hambre mientras entraba el oro por el puerto de Sevilla. Y, ¿para qué? Para pagar las guerras de religión, guerras contra cualquier país que dejaba la religión católica y se volvía protestante. Para mantener un imperio geográficamente enorme, desde Filipinas hasta Flandes. Y para mantener las juergas de la corte española, que eran hoy sí y mañana también, las fiestas de toros y las cacerías, ¡mira qué casualidad!

-¿Y qué cazaban? (Risas)

-No, elefantes no, porque no había en España. Los de los elefantes son los de ahora, pero cazan también, tienen la misma afición. (Se ríe).

Volviendo al tema de la educación en España, en literatura se enseña a los niños el género de la Picaresca, el Lazarillo de Tormes, etcétera. Y en historia, el Descubrimiento (porque allí le llamamos así). Cuando yo junté en mi cabeza esa etapa histórica con la Picaresca -los niños que se morían de hambre y que tenían que robar para comer, las pinturas de Velázquez del niño quitándose las pulgas o la freidora de huevos de Sevilla- me di cuenta de que eso estaba pasando al mismo tiempo que llegan los tesoros de América. No lo podía creer. ¿Estamos quedando con la culpa de haber robado aquellos países, sus grandes tesoros, gente que ni siquiera lo disfrutó? Si lo hubieran disfrutado nuestros antepasados, toda la culpabilidad que quieras, pero es que se los gastaban la corona y la Iglesia con sus retablos de oro y sus guerras. No es justo. Igual que hay que aprender a respetar lo que no quieren, como lo del Descubrimiento, también vamos a decir las cosas como son, no tenemos que sentirnos culpables de algo que ni hicimos ni disfrutamos. Lo que sí es imperdonable es que nos lleváramos, por ejemplo, la máscara o el tesoro de Moctezuma. Ese tipo de arte no es su valor en oro, en plata o en jade, sino su unicidad.

LECTORES AMERICANOS.

-En Uruguay la gente tiene un doble sentimiento con España, de cariño y recelo. ¿Cómo reciben tus novelas los lectores de América?

-Muy bien. Vengo de México, que es donde está sobre todo esa dualidad de la que hablas, y no tenía ninguna preocupación. No puede haber problemas cuando hay un diálogo, una aceptación de la culpa y un entendimiento por las dos partes, de negación de falsedades. Yo no vengo aquí a quitarles culpa a los españoles de nada, vengo a explicarles, igual que escribí el segundo libro de la trilogía para explicarles a los españoles que Sevilla fue muy importante y que no nos colgaba el oro de las orejas. Todo el mundo quería venir a América, por algo la corona prohibió la migración al Nuevo Mundo, porque se le vaciaba España. Y en España, además de que somos buena gente, aguantamos. Aguantamos malos reyes, malos validos, aguantamos dictadores, aguantamos. ¿Eso es ser pusilánimes? No, somos buena gente, queremos vivir en paz y tener un trabajo, nuestra familia y nuestra vida tranquila. Pero hemos tenido la inmensa mala suerte, 400 años, de tener malos gobernantes, malos monarcas, malos políticos,…

-¿Y no crees que ahora es en parte culpa del pueblo?

-¿Crees de verdad que cuando tengo que elegir entre el fuego y la sartén es responsabilidad mía? No quiero ni a uno ni a otros, todos han tenido una oportunidad y ninguno ha hecho nada. Y los sindicatos tampoco, no han hecho nada por la gente, nunca. ¿Y ahora es culpa de la gente? ¿Por qué? Si la gente estaba trabajando y le decían: "Pide un crédito, pide un crédito, te vamos a dar para la casa, para los muebles, para el coche y para que te vayas de vacaciones". Fue todo una campaña de marketing para que consumiéramos y nos endeudáramos. Por Dios. Yo respeto profundamente a Latinoamérica, la respeto… no sé si respeto a mis políticos y a mis gobernantes, creo que no.

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