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NADIE LO HA VISTO, NADIE LO HA OÍDO y NADIE LO CONOCE de Mari Jungstedt. Océano, 2009 y 2010. Barcelona, 286, 287 y 335 págs. Distribuye Océano.
POCOS FENÓMENOS han sido tan beneficiosos para un país como el triunfo de la policial sueca. Liderado al principio por Henning Mankell, ahora son incontables los autores que se dedican al género. En este caso la autora crea una pareja típica (el comisario Anders Knutas y el periodista Johan Berg), ambienta los crímenes en un sitio apartado (la isla de Gotland) y trabaja con un conocimiento minucioso tanto de la geografía como de los rasgos locales. Ha ido publicando una novela por año. En Nadie lo ha visto (2003) un cadáver de mujer desnudo y mutilado rompe la paz del lugar, y pronto el comisario Knutas sabe que se enfrenta con un asesino serial. En Nadie lo ha oído (2004) quien muere es un fotógrafo alcohólico, que ha sacado fotos comprometedoras, y es secuestrada una adolescente. En Nadie lo conoce (2005), por último, un grupo de estudiantes de arqueología da con un caballo decapitado y poco después desaparece una estudiante holandesa.
DIABOLIK. Tempestad de recuerdos, de Angela y Luciana Giussani. Kraken, 188 págs. Distribuye Océano.
CUESTA entender la fama de esta historieta italiana. Encarnado en innumerables historias, el personaje recién alcanzó cierto peso en la versión cinematográfica de Mario Bava, interpretado por John Philip Law, en 1968. Esta vez se trata de un libro de edición impecable, dibujo cuidado, colores muy bien aplicados sobre un papel grueso y sin reflejos. El guión, sin embargo, sigue acumulando los lugares comunes y previsibles de casi toda la serie. El nivel mítico del personaje, con un borde de Mal, es más anunciado (hasta por el mismo personaje) que conseguido. Aun así hay mujeres bonitas, islas del Pacífico, policías corruptos y demás elementos.





