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 Viernes 13.07.2012, 02:49 hs l Montevideo, Uruguay
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Cultural


Militares, Tupamaros y Alvaro Alfonso

Los manipuladores

László Erdélyi

MILITARES uruguayos y tupamaros siguen siendo noticia y protagonizando libros. Uno de los más recientes, Los dos demonios, pertenece al periodista Álvaro Alfonso.

Los dos demonios uruguayos serían los militares y los tupamaros. El argumento busca equiparar moralmente a la violencia guerrillera con la violencia perpetrada desde el Estado, y es muy movilizador. Hay quienes entienden que es un camino para la reconciliación; también ha sido cuestionado por su reduccionismo. No cae bien en sectores vinculados a los organismos de derechos humanos; y es aprovechado por muchos -demasiados- para el eterno juego político, ese que permite cambiar, matizar y asumir nuevos roles según el contexto, y relanzar nuevos discursos. Pero no deja de ser un argumento maldito: está atado a circunstancias políticas e ideológicas del momento, y como tal ya anuncia su fragilidad.

Si bien el libro apunta a los dos demonios, en la contratapa queda más claro el objetivo: dejar en evidencia los contactos secretos y no orgánicos entre algunos tupamaros y militares, y que a partir de 1989, "en el más estricto secreto, comenzaron a coordinar asuntos de Estado, interviniendo en política interna y externa, siempre a espaldas de los gobiernos". Es decir, al margen de los gobiernos democráticos sin importar el signo político, manejando los verdaderos hilos del poder. Una verdadera conspiración a espaldas de la República.

DEMONIOS OCULTOS. El libro describe muchos encuentros secretos entre militares y tupamaros. En las primeras páginas aparece uno de 1994 y tiene como protagonistas al hoy Presidente Mujica, y a dos oficiales de inteligencia militar que el autor no identifica. Allí Mujica les pide que certifiquen la autenticidad de una grabación que dejaría mal parado a un ministro del entonces gobierno de Lacalle. Los militares le dicen que es auténtica. Alfonso acota que esa grabación había sido previamente manipulada por los propios servicios de inteligencia; no queda claro si ese dato le es trasmitido a Mujica. Más tarde la revelación pública de la cinta por parte de los tupamaros provocó una crisis política durante la administración del Presidente Laca- lle, una secuela más de los incidentes del "Hospital Filtro" y la extradición de los miembros de ETA a España (agosto, 1994), quizá el peor enfrentamiento ocurrido entre manifestantes y policías desde la década del 70.

Hay más relatos de encuentros secretos. Aparecen la logia Los Tenientes de Artigas y la recurrente Masonería. El autor describe incluso la existencia de un "teléfono rojo" entre militares y tupamaros que funcionó "decenas de veces" para intercambiar datos importantes, desactivar crisis, e incluso coordinar comunicados de prensa. El clima conspirativo crece; ya avanzado el libro, en la pág. 281, la conspiración cobra otro cariz. Alfonso describe una reunión entre un dirigente colorado y dos jefes tupamaros en octubre de 2009, sin revelar ni el lugar ni los nombres. El colorado estaba preocupado por la inminencia del segundo plebiscito contra la Ley de Caducidad que amparaba a los militares. Los tupamaros le dicen: "Vaya tranquilo mi amigo, eso no sale", en referencia al plebiscito. El colorado reacciona, asombrado: "¿Cómo que no sale? ¿Si es una votación? ¿Cómo van a hacer?" (sic). El plebiscito, como se sabe, fracasó. Alfonso infiere que en pleno gobierno constitucional de Tabaré Vázquez se habría manipulado el resultado de una consulta popular. Una inferencia que no es menor.

El origen de la información que fundamenta varias de estas denuncias no está, o aparece como "fuentes de inteligencia" de carácter anónimo. Intuyendo la creciente desconfianza del lector, Alfonso rodea estos relatos con gran cantidad de información lateral, pública, o con entrevistas a diversos actores con testimonios de primera mano cuyas revelaciones, según el autor, tienen que ver o son consecuencia de esas reuniones secretas. Pero el lector no suma esos datos al argumento central y tiene cada vez más dudas. De forma paradójica la incertidumbre alcanza al propio autor, porque el libro abunda en preguntas retóricas. Sólo en las páginas 282-83 hay trece, con grandes signos de interrogación, y sin responder. El lector que gastó su dinero buscando respuestas quedará decepcionado.

Ceferino Reato, el reconocido periodista e investigador argentino, señala en la introducción de su último libro (Disposición Final, 2012) que uno de los errores que debe evitar el buen periodismo es "la tentación de apelar a las visiones conspirativas para explicar lo que sucedió. Este tipo de hipótesis es atractivo porque ofrece una explicación para todo lo que nos propongamos, pero por lo general no puede ser contrastado o demostrado: depende más bien de nuestras creencias previas que de los hechos que intenta explicar".

DEMONIOS A LA INTEMPERIE. Álvaro Alfonso es un periodista de larga trayectoria con muchos libros en su haber, y que ha entrevistado a casi todos los grandes protagonistas de las décadas duras. No debe extrañar que ciertos testimonios semiocultos en la maraña conspirativa del libro sean de gran valor. Es el caso del reportaje a Diego Burgueño, hijo de Carlos Burgueño, un vecino muerto por una bala durante la toma de la ciudad de Pando llevada a cabo en 1969 por comandos tupamaros. La figura de Burgueño fue muy utilizada para denunciar los excesos de la violencia tupamara. Tras un periplo doloroso de 40 años, los familiares de Burgueño se han sentido víctimas de la peor manipulación política. El testimonio de Diego conmueve: es un hijo que logra trasmitir indignación genuina ante el manoseo que pesa sobre la memoria de su padre. Se lo robaron un día de 1969 en una calle de Pando, y se lo siguen robando.

Otros testimonios son más complicados. Es el caso del militar José "Nino" Gavazzo y el ex guerrillero Ricardo Perdomo Perdomo, que cierran la obra con dos largos reportajes, amén de haber sido citados muchas veces en el libro. Parecen representar a los dos demonios. Sus discursos dividen el mundo en amigos y enemigos: Gavazzo, hoy en prisión por cargos de violación de los Derechos Humanos, dice ser víctima de una conspiración elaborada por múltiples demonios; lo quieren culpar de todo lo que "otros" hicieron. Perdomo, a su vez, ve a los tupamaros que hoy gobiernan como una banda de "burgueses y ortibas", verdaderos demonios traidores a la causa pura de la revolución. Son discursos sin matices, sin sorpresas, sofocantes. No muestran ni una sola luz al final del camino que les permita ver al otro, conocer al adversario en su verdadera esencia, entrever al ser humano. Un camino difícil porque "comprender al enemigo quiere decir también en qué nos parecemos a él" dice el pensador Tzvetan Todorov.

En lugar de desarticular los discursos maniqueos, manipuladores de datos y realidades (algo que hicieron A. Lessa y L. Haberkorn), Alfonso los termina reforzando. El libro es funcional a los juegos políticos artificiales que campean en torno al argumento de los dos demonios. No sorprende que, llegados a la pág. 239, el autor dispare la siguiente frase: "El tema de los Derechos Humanos, siempre fue un asunto político, como tal hay que tratarlo, no se puede considerar desde el punto de vista jurídico". Una afirmación arriesgada, por cierto, que además no caerá bien entre muchos familiares de víctimas, esos que, desde su intimidad, perciben a la política como una abstracción que les quitó a sus seres queridos, y se los sigue quitando.

LOS DOS DEMONIOS, de Álvaro Alfonso. Editorial Planeta, 310 págs. Montevideo, 2012. Distribuye Planeta.

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