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Ana Fornaro
RESULTA BASTANTE brutal -es el término adecuado- cuando un autor, crítico o prologuista intenta celebrar una obra pero termina enterrándola entre clasificaciones con la excusa de darle un lugar. Es lo que pasa con Te quiero verde, la novela de la estadounidense Elaine Dundy (1921-2008) que fue un éxito de ventas en los años 50 y que no ha dejado de reeditarse y publicarse en varios idiomas desde su aparición.
Introducida por el crítico Terry Teachout, la novela que catapultó a la fama a la que hasta entonces era una ignota actriz radicada en Londres, es dinamitada desde su prólogo con una frase final: "Para ser una escritora de literatura femenina, no está nada mal". Es una muestra más del daño que pueden hacer los prólogos, los críticos y las editoriales. Porque Te quiero verde (versión muy poco feliz del título original The Dud Avocado) es una buena novela, inteligente y de un humor cáustico que permite lecturas de varios grados.
Se trata del relato semi-autobiográfico de una veinteañera estadounidense, Sally Jay Gorce, que decide educarse sentimentalmente en un París de posguerra para cumplir los típicos sueños indefinidos de chica ilustrada, ingenua e ingeniosa, que cita versos de Milton y Blake como quien recuerda el horóscopo. Armada como una comedia en tres actos con momentos descacharrantes, hace que el lector - que quizás al principio deteste un poco a una protagonista que suele pasarse de lista- termine por adorar a un personaje que, de tan vivo, parece salirse del libro.
A su vez, además del viaje de iniciación, a lo Holden Caulfield, Te quiero verde es un lúcido retrato del París de los años 40, con sus intelectuales acartonados y sus artistas costrosos, donde la mugre y las luces se confunden en mesas de cafés de la margen izquierda del Sena. "Decir cómo eran los habituales de Montparnasse, en vez de decir en qué no se parecían a otros, no resulta fácil. En general formaban un grupo de juerguistas bastante poco recomendable, que partían de la premisa de que todos los días era su cumpleaños u otra suposición igualmente endeble, y sus virtudes eran esencialmente negativas". En la primera parte de la novela predomina la descripción, la mirada atónita y sin concesiones de una persona que piensa que su vida siempre está a punto de empezar, que pasa de actriz a dobladora, a amante de un noble italiano, a dama en apuros, a mujer de pintor, que anda con el pelo teñido de rosado y se equivoca sistemáticamente en su forma de vestir.
El estilo jocoso, que abunda, puede confundirse con frivolidad. Pero ahí está la trampa: es un personaje que adopta deliberadamente la superficialidad porque detesta las imposturas. Y una autora que se animó (como sus contemporáneas y compatriotas Dorothy Parker y Dawn Powell) a escribir desde el humor, con ironía e inteligencia, esquivando cualquier rótulo de prologuista profesional.
TE QUIERO VERDE, de Elaine Dundy. Editorial Duomo, 2011. Barcelona, 305 págs. Distribuye Océano.





