Dirigir la atención de los niños para que puedan aprender más
Neurocientíficos. Estudian cómo complementar la enseñanza tradicional
LA NACIÓN /GDA | NORA BÄR
"Si uno pusiera a un cirujano de hace cien años en un quirófano de hoy, no sabría por dónde empezar; en cambio, si uno trajera a la escuela a un profesor de hace un siglo, la única diferencia que encontraría en el aula sería el color del pizarrón."
La frase pertenece a Seymour Papert, cofundador del Laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto de Tecnología de Massachusetts, pero el psicólogo argentino Antonio Battro la recordó para subrayar que es imperioso diseñar nuevas estrategias que permitan enseñar y aprender mejor.
Fue durante las sesiones de la Segunda Escuela Latinoamericana de Neuroeducación, que reunió en el mes de marzo en Buenos Aires a 50 investigadores jóvenes de todo el mundo y a 30 de los científicos más reconocidos en el estudio de los engranajes del cerebro.
Las neurociencias ya ofrecen algunos indicios de cómo hacerlo: combinar juegos dirigidos con la instrucción tradicional, tomar pruebas frecuentes y luego dar un feedback de aciertos y errores, son algunos de ellos.
Aunque algunos resultados son preliminares, distintos trabajos ya arrojan indicios claros sobre qué caminos conviene tomar para tender puentes entre la ciencia y el aula.
Una de las premisas al parecer indiscutibles es la que enunció Kathryn Hirsh-Pasek, directora del Laboratorio de Lenguaje Infantil de la Universidad de Temple, Estados Unidos: "La forma en que se enseña es tan importante como qué se enseña".
En los últimos años, Hirsh-Pasek analizó la educación preescolar y comparó los resultados que arrojan la instrucción directa (la tradicional), el juego libre y el juego guiado.
La científica encontró que en un ambiente de juego guiado o dirigido (playful learning), los chicos desarrollan más regulación emocional, se estresan menos y muestran menos problemas conductuales. El juego dirigido ayuda a "enfocar" el interés.
"El juego guiado reduce la distracción; es como una lente que nos ayuda a dirigir la atención a lo que queremos que aprendan", dijo Hirsh-Pasek. "Es decir, crea un escenario que prepara a los chicos para el descubrimiento y la exploración. Pero también demanda mucho más tiempo y esfuerzo de los maestros."
David Klahr, profesor de Desarrollo Cognitivo y Educación en la Universidad Carnegie-Mellon, Estados Unidos, especialista en desarrollo del pensamiento científico, destacó que muchas veces se pasa por alto que llegan a la educación inicial equipados con razonamientos que les permiten dilucidar relaciones de causalidad e interpretar evidencias.
"En el jardín de infantes", explicó, "los chicos ya conocen la diferencia entre `saber` y `adivinar`". Klahr destacó también la importancia de la retroalimentación (feedback) por el maestro.
En experimentos realizados en su laboratorio entrenaron a dos grupos de chicos con cinco problemas diarios; unos recibían una "devolución" sobre sus errores y aciertos, y los otros, no. Siete meses más tarde sólo los primeros recordaban lo que habían aprendido antes.
Para el científico, el aprendizaje a través del descubrimiento conduce a una mejor comprensión de los fenómenos y procesos. Sin embargo, aclaró, "no debería dedicársele el 100% del tiempo de clase; también se necesita la instrucción tradicional, aunque no en exceso, porque les resulta más aburrida".
PROGRAMADOS. Estas y otras investigaciones confirman que los chicos no llegan a la escuela como una pizarra en blanco. Es más, el húngaro Gergely Csiba, profesor de psicología de la Universidad de Europa Central, de Budapest, descubrió que los bebes ya nacen "programados" para aprender de otros.
"Mostramos que bebés de pocos meses buscan el contacto vi sual y siguen los gestos (por ejemplo, cuando se les señala un objeto), lo que sugiere que tratan de entender de qué les están hablando", explicó Csiba.
A días de nacer, los bebés ya pueden distinguir entre los fonemas "ba" y "ga", contó Ghislaine Dehaene-Lambertz, investigadora de la Unidad de Neuroimágenes Cognitivas del Inserm, en París.
"Los bebés tienen mucha perseverancia para aprender a hablar y a caminar pero, desafortunadamente, cuando llegan a la escuela, ese apetito de aprender se pierde", consideró.
Puede ser, en su opinión, porque muchas veces, en lugar de alegrarse por los triunfos del niño, los docentes se muestran insatisfechos. "Los chicos son curiosos, quieren tener éxito y, si no lo logran, el deber de los maestros es encontrar porqué. Si uno alimenta las preguntas del niño, surgirán nuevos interrogantes. Si uno lo recompensa, seguirá intentándolo."
Hal Pashler, profesor de Psicología y Neurociencias en la Universidad de California, en San Diego, se centró en estudiantes universitarios y en un ingrediente fundamental del aprendizaje: el olvido.
Constató que volver a memorizar un mismo tema tras un pequeño intervalo de tiempo no es más efectivo que hacerlo tras un tiempo largo. Según Pashler, los mejores resultados se logran cuando el intervalo es de alrededor del 20% del lapso en que se tomará la prueba.
Tomar pruebas frecuentes es mejor que memorizar; los tests de múltiple choice son peores que los de recordar y las pruebas asociadas con retroalimentación de los profesores promueven la reconsolidación de la memoria, concluyó.
Si en algo hubo coincidencia es en que no habría que dejar la educación sólo en manos de los maestros. Se calcula que los chicos pasan el 80% de su tiempo afuera de la escuela.
LAS CLAVES
Jugar pero con sentido
El concepto de "juego dirigido" busca ayudar a "enfocar" el interés de los niños. Es visto por psicólogos conductuales y especialistas en desarrollo cognitivo como un componente fundamental del aprendizaje.
Combinar los modelos
La "receta" más efectiva se entiende que es combinar la instrucción tradicional con el juego dirigido. Alimentar preguntas y alegrarse si tienen éxito permite que perseveren si hay dificultades.
Entre pruebas y memorización
Para memorizar datos, es mejor dejar un tiempo entre repeticiones. Lo muestran trabajos realizados con estudiantes universitarios. Pero tomar pruebas frecuentes sería mejor que insistir en la memorización, insisten los técnicos.
Alegrarse con los aciertos
Los exámenes asociados al feedback del profesor ayudan a reconsolidar lo aprendido. Durante un experimento dos grupos de chicos fueron sometidos a cinco pruebas diarias; unos recibían devolución sobre errores y aciertos, y los otros, no. Siete meses más tarde sólo los primeros recordaban lo aprendido.
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