En solo tres días, se apagaron las voces de dos de los más famosos y elogiados representantes de la música cubana en el mundo. El lunes 14 de julio, y tras una larga convalescencia por una insuficiencia renal, falleció Compay Segundo en la ciudad de La Habana. El miércoles 16, también tras pelearle a un tumor maligno, murió Celia Cruz, "la negrita con más tumbao", en su casa de New Jersey, Estados Unidos.
Según fue publicado el martes 15 en el diario mexicano Reforma, el esposo de Cruz, Pedro Knight, no le comentó en sus últimos momentos la triste noticia de la muerte de Compay Segundo el lunes; justamente el día en que cumplían 41 años de casados. Tal vez para no agravarle su delicado estado de salud, que ya le impedía levantarse de la cama.
La salsa, el son y la guaracha están de duelo. Cuba y todo el universo musical sufrieron dos pérdidas irreparables. Seguramente, en un plano superior a los mortales, la Guarachera de Oriente gritará "¡azúcar!" y el sonero le contestará con su "Chan chan".
El sueño trunco de morir cantando
La reina cubana de la salsa falleció a los 78 años sin haber cumplido su sueño de morir cantando en el escenario, pero satisfecha de haber hecho bailar al mundo durante medio siglo de trayectoria artística.
"Hay Celia para más y seguiré sacando discos hasta que el cuerpo aguante", dijo la cantante el pasado mes de octubre, durante su estancia en México, en donde ofreció un recital en el Auditorio Nacional para celebrar sus 50 años de carrera.
Celia Cruz, nacida en La Habana el 21 de octubre de 1924, inició su carrera en la década de los 40, cuando aún era adolescente.
Reconocida por su popular frase "¡azúcar!", la guarachera cubana vivía desde 1960 en Estados Unidos, y se convirtió en una heroína nacional para la comunidad cubana exiliada en ese país, al manifestar públicamente su oposición al régimen de Fidel Castro.
La Guarachera de Oriente fue operada en noviembre pasado de un tumor maligno en un hospital de Nueva York, y entonces pidió respeto a su privacidad y dijo en un comunicado que su enfermedad era un capítulo personal sobre el que no quería hablar.
"Aunque mi vida siempre ha sido un carnaval y un libro abierto para tantos de ustedes, en estos momentos humildemente les pido que respeten la privacidad tanto mía como la de mis seres queridos", declaró entonces. Además, agradeció los "rezos y mensajes de solidaridad" que "han sido una muestra de su cariño", y expresó que esos mensajes "son el aliciente que me acompaña día a día y me da fuerzas para enfrentar este nuevo reto en esta parte de mi existencia".
Sobre su operación, reveló recientemente a la prensa que nunca tuvo miedo, ni soltó siquiera "una lagrimita".
El pasado mes de marzo recibió un multitudinario homenaje en Miami, adonde fue vestida de gris, portando rosas rojas en la mano, sonriente y luciendo buen aspecto en el teatro Jackie Gleason de Miami-Beach, donde se dieron cita numerosas estrellas de la música latina y estadounidense.
"No sabía que la gente me quería tanto", dijo la cantante poco antes de comenzar la gala, transmitida en directo por la cadena Telemundo.
La cantante de origen cubano Gloria Estefan, la mexicana Paulina Rubio, la estadounidense Gloria Gaynor y el puertorriqueño José Feliciano figuraron entre los múltiples artistas que interpretaron canciones que la Reina de la salsa hizo mundialmente famosas.
Cruz inició su carrera artística cuando un primo la animó a participar en "La hora del té", un concurso radiofónico en el que ganó la final. Tras unos principios en salas de fiesta de segunda categoría, tuvo su gran oportunidad cuando Mirta Silva, solista del grupo musical La Sonora Matancera, abandonó la formación y Celia se presentó a las pruebas en las que salió seleccionada.
En 1957, hizo su primer viaje a Estados Unidos para recoger el primero de una serie de discos de oro y de platino.
En julio de 1960, Celia y La Sonora Matancera lograron salir de Cuba para actuar en México y decidieron no regresar al país por sus divergencias con el régimen castrista, un exilio que vivió el resto de su vida y que le hizo nacionalizarse estadounidense. Fue en ese país que grabó discos con el mítico timbalero neoyorquino de origen puertorriqueño Tito Puente.
Durante toda su carrera acumuló honores y premios, entre ellos el Premio Grammy en la categoría de música latina en 1990 por "Ritmo en el corazón", con Ray Barretto, y el Grammy al mejor álbum de salsa por "La negra tiene tumbao"en 2002.
La intérprete de éxitos como "Que le Den Candela", y "La Negra tiene tumbao" ha grabado más de 70 discos, y ha sido premiada con varios Grammy.
"Me siento muy bien", lanzó Celia Cruz al público de Miami-Beach el pasado mes de marzo, que la recibió y despidió con una atronadora ovación.
Un adiós entonando "Chan chan"
Una multitud despidió el martes 15 de julio al trovador Compay Segundo entonando de forma espontánea su popular creación "Chan-chan", durante el entierro del legendario artista en el Panteón de las Fuerzas Armadas del cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba.
Durante varios minutos, los asistentes corearon el famoso estribillo "de Alto Cerro voy...". mientras el cuerpo de Compay recibía sepultura.
La representación institucional se redujo al nivel de responsables provinciales de cultura a pesar de que Compay Segundo está considerado ya como una leyenda de la música cubana.
Durante el sepelio, el musicólogo Lino Betancourt, autor de un libro sobre la figura de Compay, recordó al artista como un hombre que derrochó simpatía hasta el último minuto de su vida.
Máximo Francisco Repilado Muñoz nació el 18 de noviembre de 1907 en Siboney (Santiago de Cuba), y adoptó el seudónimo artístico de Compay Segundo a principios de los años 40, cuando formó el dúo Los Compadres junto a Lorenzo Hierrezuelo.
Compay quedó como abreviatura del compadre utilizado en la región oriental de la isla y Segundo por su tono de barítono, que le obligaba a actuar acompañando a la primera voz.
A pesar de su dilatada carrera, Compay no conoció las mieles del éxito hasta mediados de los 90, cuando participó en "Buena Vista Social Club", un proyecto del guitarrista estadounidense Ry Cooder que incluyó a otras figuras de la música cubana como Elíades Ochoa, Ibrahim Ferrer y Rubén González, y que logró en 1997 un Premio Grammy.
Posteriormente, el cineasta alemán Win Wenders hizo un documental sobre los músicos cubanos que recibió una extraordinaria acogida y consiguió un galardón en los Premios de Cine Europeos, abriéndole definitivamente las puertas de los mercados internacionales.
Hijo de una familia campesina, Compay aprendió los oficios de torcedor de tabaco y barbero para ayudar en su casa, pero esto no le impidió empezar a tocar de oído e inventar su propio instrumento, el "armónico", una combinación de la guitarra española y el tres cubano.
Saboreó la bohemia santiaguera de los años 20 y desde muy joven se relacionó con trovadores de la talla de Sindo Garay, Miguel Matamoros y Ñico Saquito.
Pasó por pequeñas agrupaciones y estudiantinas en Santiago y apareció en estaciones radiofónicas comerciales con su armónico antes de llegar a La Habana, de la mano del Quinteto Cuban Stars.
En 1936 ingresó en la Banda de Bomberos de Regla como clarinetista y después pasó al Conjunto Matamoros, donde permaneció durante 12 años y conoció a Benny Moré, el "bárbaro del ritmo".
En 1942, forma Los Compadres, con el propósito de divulgar la música campesina cubana. El dúo se rompe en 1955 y deja paso a "Compay Segundo y sus muchachos".
Sin embargo, su carrera se quiebra a partir de 1959 cuando, tras el triunfo de la revolución cubana, llega el olvido y Compay empieza a trabajar en la Fábrica de tabacos H.Upman.
Durante casi 20 años compagina su trabajo en la fábrica con su pasión por la música, hasta que su jubilación, en 1970, le permite volcarse otra vez en el mundo de la trova y el son.
Empezar de nuevo no fue fácil para Compay, que llegó a tocar para los turistas en los hoteles habaneros hasta que en 1989 viajó a Estados Unidos con el Cuarteto Patria, invitado por el Festival de Culturas Tradicionales Americanas.
En 1994 participa en el Primer Encuentro del Son y el Flamenco en Sevilla (España) coincidiendo con la edición de una recopilación de sus éxitos de la mano de Santiago Auseron (Juan Perro) que le facilita la entrada en el mercado español primero y europeo después.
Las giras internacionales se suceden y, en 1996, ficha por Dro Music, de la Warner Records de España, y se hace miembro de la Sociedad de Autores y Editores de ese país.
Tras el Grammy de Buena Vista , Compay entra en la elite de la música mundial por la puerta grande, con nueve discos editados entre 1996 y 2002 y actuaciones en los más importantes escenarios del mundo, desde el Olympia de París hasta el Carnegie Hall de Nueva York, pasando por la Sala Nervi del Vaticano, donde actuó ante el Papa Juan Pablo II.
Figuras como Charles Aznavour, Cesaria Evora, Antonio Banderas o Pablo Milanés han acompañado a "Compay en Duets", uno de sus últimos discos.
Su pasión por la música y su capacidad creadora le llevaron a escribir "Se secó el arroyito", una pieza de teatro popular cubano inspirada en una guajira compuesta por él mismo hace décadas.
De su talento salieron más de un centenar de composiciones, como "Macusa", dedicada a su primera novia adolescente, y "Chan-Chan", todo un himno para la canción cubana.
Compay, conocido como "el último trovador y el patriarca del son", mantuvo siempre un extraordinario sentido del humor y no permitió que la popularidad le alejara de sus orígenes. "Hay una palabra que no existe para mí, que es el hastío (...) Nunca estoy
aburrido, ni de comer, ni de mujeres ni de nada. Tengo 95 años y, por favor, quiero tener un hijo más. No estoy cansado de la vida", aseguraba en noviembre del pasado año, en su último cumpleaños.
No ha logrado dar otro hermano a sus cinco hijos pero sí ha conseguido su otra gran aspiración: pasar por el mundo y "dejar huella".
"Es muy bonito pasar por el mundo y dejar huella. Hay que luchar por eso, se lo aconsejo a la juventud. No pierdan el tiempo, porque yo no lo he perdido y ya ven....".
En base a EFE y AFP