Sábado 10.05.2008, 11:02 hs. | Montevideo, Uruguay
 
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Actores
El desnudo teatral
Ver la intimidad de un cuerpo sobre el escenario tiene que tener su razón de ser. ¿O no?

Por: Bernadette Laitano

Las esculturas griegas del período clásico expusieron los cánones de belleza a través de cuerpos desnudos o escasamente cubiertos (El Discóbolo de Mirón o la Venus de Milo, por ejemplo). Esa vara sirvió de inspiración a los artistas del Renacimiento, como se ve en los frescos de la Capilla Sixtina en El Vaticano, donde una de las imágenes más conocidas es La creación de Adán, de Miguel Ángel: a la izquierda está Adán, desnudo, levantando apenas el brazo para hacer contacto con Dios. Esa desnudez se repite en El juicio final, hecho que escandalizó a la Iglesia y la motivó a contratar a otro pintor para que coloque unos taparrabos sobre las figuras creadas por Miguel Ángel. Este es sólo un dato sobre la reacción que puede provocar la exposición de un cuerpo despojado de vestimenta.

La representación de un cuerpo sin ropas siempre fue tema de debate en las diferentes manifestaciones artísticas. Hoy, nadie se escandaliza al ver una escultura o pintura que reproduzca un desnudo, pero la aceptación debió superar obstáculos y prejuicios que veían las obras como algo indecente. Alcanza con recordar la persecución que sufrió Goya cuando creó La maja desnuda, poco antes de 1800. El artista dejó de lado el desnudo mitológico para retratar a una mujer real, sin vestimenta alguna, recostada sobre un lecho y mirando directamente al espectador. Además del juicio, la obra fue confiscada por Fernando VII en 1807, y luego secuestrada y retirada de la vista del público por la Inquisición, que la consideraba obscena.

Saltando en el tiempo unos siglos, hoy el desnudo en el teatro parece no ser un tema resuelto. ¿Cuándo se justifica? ¿Hay que buscarle justificación? ¿Es "artístico" o responde a intereses económicos?

PRESENTACIONES. Hair es referente en esta "controversia" de la desnudez en el teatro. El musical, estrenado en 1967, hace foco en la cultura hippie así que no faltan los contenidos sobre la revolución sexual, el amor, la paz y el uso de drogas, pero el mayor impacto fue la aparición de los jóvenes actores "como Dios los trajo al mundo" en varias de las escenas. De la misma época, también se puede analizar ¡Oh, Calcuta!, de Kennett Tynan, sobre la que se escribió que es "una obra erótica que elevó la revolución sexual de los `60 a la categoría de espectáculo". Como parte de la discusión en este artículo, no se puede obviar una de las afirmaciones emitidas por su creador: "No tratamos de hacer una revolución. Sólo queremos hacer diabluras, diversión y... dinero".

En Uruguay, Alberto Restuccia y Luis Cerminara, fundadores de Teatro Uno, colocaron el tema en el tapete al estrenar Las sirvientas, de Jean Genet. Fue en la década de 1960 y, en realidad, lo que pide el autor en el texto es que los personajes femeninos sean representados por un elenco masculino. El travestismo era parte de la transgresión de la obra, pero Restuccia decidió que, además, habría un breve pasaje por la ausencia de vestuario: "Como autor de la puesta en escena, pensé que la mejor manera para el público de entonces, que nunca había presenciado desnudos en el teatro, era que nosotros entráramos en el escenario con un vestuario masculino, que lentamente nos fuéramos despojando de él y pasáramos a colocarnos -en escena a la vista del público- el vestuario femenino, con un fugaz pasaje por el desnudo". ¿Qué ocurrió? La Intendencia de Montevideo censuró el espectáculo, aplicando una multa en cada una de las funciones. ¿Qué hicieron ellos? Decidieron descontar ese dinero de la recaudación para mantener la obra en cartel. "Así fue como, por primera vez, Alberto Restuccia, Luis Cerminara y Pepe Vázquez -que éramos los tres actores- quedamos en cueros (sic) arriba del escenario, tal como Dios nos trajo al mundo", remata el referente del teatro under en Uruguay.

Hoy, el artista tiene en cartel dos espectáculos, Monólogos del pene (en Intramuros) y Salsipuedes remasterizado (en el teatro de Agadu), en los que recurre a la ausencia de vestuario aunque con sentidos diferentes. En ambas, el actor es el mismo, Marcelo Martínez (arriba en la foto): "Siempre tiene una funcionalidad, no es gratuito. En Monólogos... es simplemente para divertir. Es necesario como herramienta para contar la historia, pero es para divertir, entonces eso me permite reírme de mí, de mi cuerpo, llevarlo con naturalidad. En Salsipuedes es un despojo que tengo que hacer, para representar la evolución del hombre".

Una de las voces que no podía obviarse era la de Álvaro Armand Ugón: "La otra vez me decían que una persona fue a ver La Duda y preguntaba `¿por qué pusieron a Álvaro Armand Ugón a hacer de cura, si siempre aparece haciendo desnudos?` Pero no es que haya hecho tantos". Su primer trabajo en ese sentido fue para la película Su música suena todavía, pero en teatro protagonizó Don Juan, el lugar del beso, luego llegaron Paternoster (en realidad, aquí queda en ropa interior) y Resiliencia. Una obra sucedió a la otra en un período de tiempo inferior a los dos años, quizá por eso la sorpresa del espectador al ver a Armand Ugón vistiendo sotana.

- ¿El mago en el perfecto camino es la primera obra en la que se te ve sin ropa?

- No, desnudo total es el segundo. Después, hice un par de desnudos parciales, de mostrar glúteos o quedar en calzoncillos. Quedar en calzoncillos, dos veces. Mostrar los glúteos, una vez. Desnudos, dos.

La cuenta la lleva Horacio Nieves. Es que, si bien muchos espectadores no se inquietan al ver el cuerpo descubierto de un actor en el escenario, no es tan errado afirmar que el desnudo constituye un momento de transgresión dentro de la obra en sí. Por eso el planteamiento de este tema, que le da voz a los actores que son quienes exponen sus cuerpos. Y no todos son tan resueltos como Lucía Sommer (foto principal), que responde casi hasta sorprendida cuando se la consulta sobre su postura al respecto: "Me da lo mismo". "No tengo vergüenza corporal". "Si me lo plantean no me preocupa para nada. No es `¡ah!`, es lo más fácil", son algunas de sus reacciones. Ella actuó, junto a Armand Ugón, en Don Juan.

POSTURAS. Gustavo Gomensoro comparte escenario con Nieves en El mago..., (Espacio Teatro) interpretando a Ángel Terqui, pero antes ya había representado a Pedro (hoy por Nieves) en 1985. Así que también tiene una opinión sobre el tema desde el lado de la experiencia. "El cuerpo es un instrumento al servicio del alma del personaje", afirma, sin dudar. "(El mago...) habla de una iniciación y en cualquier iniciación inevitablemente tenés que despojarte de todo, de las trabas espirituales que tengas y de lo material ni hablemos, ¿no?", comenta sobre la obra donde Pedro sufre el arranque literal de su ropa a manos de Terqui.

Es que ahora hablamos de las justificaciones que tanto se buscan desde la platea, aunque el límite sean las obras en las que actúan los entrevistados porque cada caso tiene su razón de ser (o no). A grandes rasgos, se puede hablar de desnudos artísticos, estéticos, simbólicos, hasta violentos. Como se decía en líneas anteriores, Martínez encara de manera diferente su trabajo en Monólogos... -donde apela al humor- que en Salsipuedes, obra en la que se narra la masacre de los indios charrúas.

Lo mismo sucede con Armand Ugón: "El desnudo de Don Juan era absolutamente sin sentido, era totalmente exhibicionista porque tenía que ver con el personaje. Se mostraba desnudo y lo usaba, también, como un elemento de poder sobre el espectador. Era muy `mírenme`. Yo había hecho trabajo de gimnasio, estaba muy bien físicamente y lo que buscaba era eso, se exponía como en una vidriera". Más adelante, compara: "No siempre el desnudo tiene que ser estético, muchas veces puede ser repugnante o repulsivo como en Resiliencia, donde se daba una situación en la que el tipo estaba defecando. Ahí era todo lo contrario, era la posición más asquerosa que te pudieras imaginar".

De todas formas, el análisis detallado de los particulares no es impedimento para tener una postura particular sobre el tema. En el caso de Armand Ugón, esa postura es la siguiente: "Yo creo que está bueno que, en el teatro, el desnudo casi nunca tiene que ver con lo erótico o lo sexual. Tiene que ver con un montón de otras cosas, pero no con lo sexual, lo erótico o lo pornográfico, sino con un montón de otras imágenes que levantan el cuerpo desnudo en el escenario".

"Te cuento cuál es mi concepto del desnudo", dice Restuccia, "es el de un desnudo artístico y no gratuito, que no sea desnudarse por desnudarse". Algo similar opina Nieves: "Creo que de parte del actor tiene que estar hecho con el único compromiso de la función artística y que sea parte de un engranaje dentro de lo que estás queriendo decir".

RECEPCIÓN. En tanto los actores aceptan el tema sin darle demasiadas vueltas, no sucede lo mismo desde la platea, y eso lo tienen en cuenta los artistas. En el paquete entra la decisión de incluir la exposición no porque el autor lo solicite, sino porque el director o el propio actor lo considera oportuno y lo propone. También hay que estudiar el peso que se le da al desnudo en la difusión del espectáculo. Finalmente, saber analizar correctamente la respuesta de ese público que ocupa las butacas.

Con respecto al primer tema, fue Armand Ugón quien propuso la herramienta para su personaje: "En medio de uno de los ensayos estábamos en proceso de investigación, en medio del ejercicio y quedé en bolas (sic) de un momento a otro. Empecé a caminar y a hacer todo lo que estaba planteado en el ensayo, todo, en bolas". Así las cosas, no habría que tener en cuenta el mandato del autor como único reparo justificable.

En lo que tiene que ver con el peso del desnudo en la difusión del espectáculo, en general no se lo menciona y el espectador se entera cuando está dentro de la sala, con el actor en el escenario (dejamos de lado el boca a boca). La excepción, aquí, la constituye El mago... donde la producción empapeló muros de Montevideo con una foto que mostraba el cuerpo masculino cubriéndose los genitales con una de sus manos. No se trata de Nieves, sino que la fotografía la compró Gomensoro después de verla en una exposición porque le parecía que estaba acorde al sentido de la obra. La otra iniciativa de la producción fue centrar el programa en la misma foto y en un artículo que Luis Viale publicó en El País, titulado Desvestir al vestido.

Todos reconocen que al público local todavía le cuesta aceptar la desnudez del actor y emplean términos como "pacato" o "conservador". Claro que también reconocen que están los que asisten al espectáculo "por morbo". En ese colorido de reacciones, otro punto en el que los entrevistados comparten opinión es en la aceptación del cuerpo femenino por encima del masculino. En la discusión por el porqué, la respuesta más inmediata fue la difusión del cuerpo de Eva, desde la televisión hasta quioscos empapelados con revistas que muestran mucha piel y poca ropa. Y, si se permite, no puede dejar de nombrarse la revista porteña dentro del mundo del teatro: "Lo que vende es una vedette, o sea, vende el cuerpo de esa chica, no la trajeron para actuar, la trajeron para que muestre su belleza", señala Sommer.

Sentido estético, metafórico, transgresor. Varía en función del espectáculo. "Está bueno tomarlo como un tema más dentro de la creación", dice Álvaro. "Para mí no es el tema. Hay cosas que te hacen quedar mucho más desnudo arriba del escenario. Miserias personales. Porque si suponemos que el actor tiene parte de los personajes que representa, muchas veces mostrás cosas que te dejan más desnudo que el desnudo propiamente. Estás desnudando tu alma, entonces el desnudo físico es anecdótico".

El cuerpo, herramienta de trabajo

¿Cuál es la relación entre el actor y su cuerpo, antes de pisar el esceario? Nieves afirma que "más o menos las preparaciones son similares, el discurso interno es diferente".

¿Algún cuidado estético particular? "Trato de no tener las uñas de los pies largas (risas), ese tipo de cosas me parece que son básicas. Por respeto al público, ¿no?".

"En Don Juan llegamos a una concepción estética del personaje y por eso tenía que estar muy bien, hacer gimnasia, pasarme aceite por el cuerpo, pero no siempre el desnudo tiene que ser estético", señala Armand Ugón. Y Sommer agrega: "Tengo resequedad en las piernas, así que le sacaba el aceite a Álvaro y me lo pasaba yo".

"No pondría a un actor a tomar clases de musculación para que mostrara mejor su cuerpo. Es algo muy personal, es su cuerpo", finaliza Restuccia.

FR

Famosos sin ropa

Equus, El graduado, El cuarto azul son obras que ganaron reconocimiento internacional no sólo por la obra en sí o el pasaje por la desnudez, sino porque, además, el actor o actriz que realizaba dicha escena era famoso.

El más difundido fue el caso de Daniel Radcliffe. Su primer trabajo para teatro, luego de darse a conocer como Harry Potter, fue Equus, de Peter Schaffer. En el psicodrama, Radcliffe interpretó a Alan Strang, un joven que entra a un centro de salud mental luego de cegar con un pincho metálico a seis caballos. En una de las escenas, Alan pierde la virginidad. El acto sexual en sí dura un minuto, pero el actor debe permanecer desnudo, en escena, durante diez minutos. En Uruguay, la obra la estrenó la Comedia Nacional y la protagonizó Levón.

Más cerca de estas tierras, Nacha Guevara logró que se comentaran más los 30 segundos en los que se la vio sin ropa a los 63 años, que El graduado en sí, obra que protagonizó junto al ex Chiquititas y Rebelde Way, Felipe Colombo. La misma obra corrió el riesgo de ser censurada en un teatro de Inglaterra, pero porque la actriz de esa versión, Glynis Barber, no se desnudaba. Otra famosa que protagonizó El graduado fue Jerry Hall, ex esposa de Mick Jagger.

Por otro lado, Nicole Kidman eclipsó la taquilla de Broadway cuando protagonizó, en 1998, El cuarto azul. Luego, serían Soledad Sylveira y Osvaldo Laport los protagonistas de la versión argentina.

Lección de Anatomía, del argentino Carlos Mathus, también superó la barrera de los prejuicios. Se estrenó en 1972, en el Primer Congreso Mundial de Medicina Psicosomática porque los psicoanalistas se interesaron en el minimalismo de los cuerpos desnudos y los textos breves. Carlos Calvo, entonces desconocido, actuó en la obra durante cuatro meses, en 1973.



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