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Domingo 22.03.2009, 20:46 hs l Montevideo, Uruguay
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Domingo


Microeconomía doméstica

Sobrevivir con los sueldos mínimos

Más de un tercio de los trabajadores formales está en la franja salarial más baja, y en general gasta el 38% en comida. La estrategia es el "rebusque" para llegar, si lo logran, a fin de mes.

LEONEL GARCÍA

Las "changas" y la necesidad de apelar a los contactos familiares y personales se hacen imprescindibles en aquellos trabajadores en la franja salarial inferior.

Para Jimena Umpiérrez, de 26 años, hacerse un "surtido" es inalcanzable. No deja de ser una cruel paradoja, ya que trabaja de cajera en un local de venta de alimentos. No lo permite su sueldo, de menos de 5.000 pesos. Y si no fuera por sus suegros, con quienes vive junto a su marido y su hijo de dos años, ni siquiera podría llegar a fin de mes. La mitad de sus ingresos se destina al pequeño, ya sea en la guardería o en la señora que lo cuida mientras ella trabaja, ocho horas por día, de viernes a miércoles. Entre ella y su marido -quien trabaja en un frigorífico y su salario es algo mayor- aportan mensualmente 3.000 pesos a un consorcio, para cumplir el sueño de la casa propia. Pero ese sueño está lleno de interrogantes. "El día de mañana, ¿podremos mantenernos por nosotros mismos? Porque ahora no pagamos luz, agua ni nada y no llegamos a fin de mes", se pregunta y responde. Tampoco gasta en boleto, porque vive a cuatro cuadras de su trabajo, en el Barrio Lavalleja. Y aún así, llegar al día 30 con plata en el bolsillo es casi utópico.

La economista Alejandra Pico, del Instituto Cuesta Duarte del Pit-Cnt, dice que la recuperación promedio del salario real entre 2005 y 2008 es de casi un 15%. Aún así, el mayor número de trabajadores todavía se encuentra en la franja salarial más baja.

Según datos del Banco de Previsión Social (BPS) correspondientes al año pasado, el 37% de sus cotizantes, unas 399 mil personas, gana hasta 5.832 pesos. Entre ellos están quienes ganan una cifra equivalente al Salario Mínimo Nacional (SMN), hoy fijado por decreto en 4.441 pesos por mes, $ 177,6 por jornal, o $ 22,2 por hora. El Director Nacional Adjunto de Trabajo, Nelson Loustaunau, lo define como un "mínimo infranqueable". El dirigente sindical Milton Castellano, de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio e Industria (FUECI), sostiene que desde la puesta en práctica de los Consejos de Salarios, en 2005, quedó reducido a un "indicador testimonial".

Pero el último dato acerca de cuántos ganan menos de ese indicador es de 2006 y habla del 9,5% de los ocupados, de acuerdo con el Informe sobre Desarrollo Humano en Uruguay 2008, presentado en diciembre pasado.

Esta danza de cifras y siglas deja lugar a un interrogante: ¿se puede vivir con esa plata? Los involucrados coinciden que no, aunque finalmente lo logren. Expertos en consumo y economía sostienen que sí, pero bajo determinadas condiciones; la principal de ellas: no puede ser el único ingreso del hogar, pero esto es una conclusión más intuida que documentada. No hay una receta, sino tantas estrategias de supervivencia -porque se trata de eso- como casos se estudien.

Pico sostiene que no existe algo así como "una estrategia para vivir" en los hogares de más bajos recursos. En un estudio de casos que realizó el Cuesta Duarte en febrero 2008, concluyeron que quienes se encuentran en la franja salarial más baja representan "un aporte complementario" a otros haberes. "Son hogares que no suelen pagar alquiler, ya sea porque construyeron o le prestaron la casa, o viven con sus padres". El caso de Jimena, con sus suegros, es una variante.

Diego Nande, gerente comercial de Mercoplus Latin American, una firma dedicada a investigaciones de mercado, sostiene que es muy común "que en un mismo hogar se junten varias personas que ganan el mínimo o están en la franja salarial más baja". El informe del Cuesta Duarte coincide en que en todos los casos había más de un preceptor de ingresos. El objetivo final es el mismo: parar la olla.

Y nunca mejor utilizado el término. Marcos Bandan, jefe de Investigación de la sede uruguaya de Mercoplus Latin America, asegura que en el quintil de los hogares con menos ingresos del país, con un techo de 9.123 pesos, aproximadamente el 38% del gasto está destinado a la alimentación; unos 150 dólares mensuales para 4,2 integrantes. En el otro extremo de la escala, con una base de $ 31.122, se destinan US$ 294 cada treinta días para dos miembros del hogar.

Rebusque. En Cuba, donde el salario promedio de los trabajadores ronda los 19 dólares, se resignificó el verbo "resolver" para definir la búsqueda de recursos adicionales para sobrevivir. En Uruguay, donde el salario mínimo es de casi 190 dólares y por definición (artículo 1 de la ley 10.499) es "aquel que se considera necesario, en relación a las concisiones económicas que imperan en un lugar, para asegurar al trabajador un nivel de vida suficiente, a fin de proveer a la satisfacción de sus necesidades físicas, intelectuales y morales", la gente se "rebusca", término al que apelaron todos los consultados. Y aquél cuyo magro ingreso es el mayor y a veces el único de su hogar, se desconecta del servicio de telefonía fija y usa celular, recorre cuadras y cuadras buscando precios, destina la mayor parte de sus gastos a la alimentación y posterga otros, restringe sus gastos al máximo, recurre a tareas informales ("changas", casi infaltables) o apela a contactos personales para hacerse de elementos necesarios, esto último algo apenas diferente a vivir de la caridad. A veces cumple una, a veces varias y en otras todas estas acciones.

Graciela González (54) complementa los aproximadamente 2.900 pesos que gana en una empresa de limpieza con "changas de doméstica" en otras casas. Tiene bien calculados sus gastos: 430 pesos de luz, 225 de agua, 380 de teléfono, 227 de impuestos (bimensuales) y 630 pesos de boletera, antes del último aumento del precio del transporte público. Pasando raya, le quedan poco más de 1.100 pesos para vivir treinta días y los emplea para comprar comida.

En Montevideo y según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la canasta básica de alimentos, el número de nutrientes necesarios para una dieta adecuada a una persona promedio, se ubica en 1.668 pesos. Ese monto es el umbral de la indigencia para la capital de Uruguay.

Ella trabaja seis horas por día, de lunes a viernes. Según los acuerdos salariales, el mínimo en su sector y cargo son 25 pesos la hora. Podría ganar más si trabajara más tiempo, pero prefiere apelar a las changas de limpieza. Si tuviera algo para gastar lo destinaría a pagar todas sus cuentas y ayudar a su hijo con el alquiler. Desde su juventud no ha pisado una sala de cine. "Me privé de todo en mi vida".

En un mes considerado "bueno", Heber Zampedri (25) puede llegar a juntar 4.500 pesos. Es peón zafral, vive en el interior de Salto, se dedica sobre todo a la cosecha de naranja, y depende de la naturaleza para llevar dinero a su hogar, donde vive con su mujer y dos hijos. Su remuneración por hora, consejos de salarios mediante, está en los 144 pesos. "Si hay lluvia, no se trabaja. Hay meses en los que no gano nada y otros en los que puedo armar un buen ingreso", relata. Ese buen ingreso es 59 pesos más que el salario mínimo nacional. Llegar a fin de mes es un imposible. "Tengo que buscar otras alternativas, más actividades, más horario… changas sin los aportes que marca la ley". No tiene teléfono, electricidad ni agua corriente (sí agua de pozo). En su caso, los lujos que se priva son la carne y los productos panificados, delicias a las que accede muy de tanto en tanto.

Mejor situación es la de Daniel Lorenzo (33). Este empleado de la empresa de seguridad Prosegur, que vive en Ciudad del Plata, afirma percibir unos 6.000 pesos mensuales, incluyendo tickets de alimentación. Se considera pobre, y un erudito de la economía a la fuerza. "Los tickets ayudan para comprar comida, pero sólo dan para 15 o 20 días. Después hay que rebuscarse con una changuita, juntar leña, dar una mano en una planchada…" Su esposa hace trabajos de costura por su cuenta. De esta manera, logran llevar adelante la crianza de sus dos hijos, de 14 y 12 años. "Ellos saben cómo viene la mano, no les prometemos cosas que no podemos cumplir. No los ilusionamos. Dentro de todo, les intentamos dar lo mejor posible". Ir al fútbol, al cine, comprarse ropa para él o su esposa, o tener televisión por cable son lujos que están muy lejos de su alcance. En lugar de eso, se cuida "de no pasarse de los cien y pico de kilowatts de luz".

En un sector que destina casi el 40% de sus ingresos para comida, algo como los tickets alimentación equivalen a maná del cielo.

Según el estudio del Cuesta Duarte, estas compras se van realizando en función de las necesidades diarias. Por su parte, Badan, de Mercoplus, sostiene que en el quintil de menores ingresos, no se descartan las marcas denominadas "A" para alimentos y bebidas no alcohólicas. "Al contrario de lo que pueda pensarse, esas marcas son importantes. El razonamiento es el siguiente: `la alimentación es lo mejor que le puedo dar a los miembros de mi hogar; entonces, ¿por qué escatimar en lo que les doy`. Así se llega al 38% del gasto total de los ingresos. Ese valor es por la gratificación personal que pueden permitirse", dice.

"no sÉ cómo hago". Pero hay casos en que no existe nada parecido a la gratificación personal. Nadie le puede enseñar nada a Ana María Charlone sobre cómo rebuscarse. Por cuidar una niña, cinco horas por día de lunes a viernes, y por limpiar otra casa los martes y los sábados, conforma un sueldo, sin aportes, que ronda los dos mil pesos. ¿Cómo llega a fin de mes?

"No sé cómo hago, ¡no sé cómo hago!", golpea sobre una mesa desvencijada en el humilde living de su casa, en el límite entre Salinas y Marindia. "Tuve que vender cosas de la casa para poder comer… una televisión, una mesa del comedor, un horno eléctrico, dos garrafas… y hasta ahí porque no tengo nada más para vender y no puedo vivir sin nada".

Su casa con contrapiso no tiene revoque interior, las paredes del baño no están revestidas y tiene los caños a la vista, el dormitorio de su hijo menor, de 17 años, el otro integrante del hogar, no cuenta con puerta. Pero tener casa le valió que el Mides le quitara el Plan de Emergencia, cuenta, en 2007. Ana María parece tener mucho más de los 60 años que acusa.

Arroz y fideos son su menú básico. Muy cada tanto, papas fritas o una tortilla para su hijo. La carne es más infrecuente todavía. La comida es sobre todo para su hijo. En sus trabajos, sus patrones le ofrecen asistencia en ese rubro. No tiene teléfono, agua corriente, ni 56 pesos para gastar en ir y volver a Montevideo para hacerse unos exámenes médicos. Ya no recuerda las veces que se ha ido a dormir sin nada en el estómago.

Ana María no tiene ninguna receta para vivir. Simplemente sobrevive. Está dispuesta a trabajar más horas, "hasta que me den los huesos". Si tuviera para gastar dice que se haría un surtido en el que no faltaría queso, "lo que más me gusta". Ganar el tope de la franja salarial más baja del BPS, o aún el salario mínimo, para ella sería un sueño. "Ay, m`hijo, si puedo vivir así ahora… ¿sabe cómo haría rendir esa plata? Yo hago maravillas".

Casi 90 inspectores para controlar todo el país

Durante años, las trabajadoras domésticas eran un sector abonado al salario mínimo aunque, según sostiene Milton Castellano de FUECI, "por la relación familiar que se daba con los patrones siempre terminaban cobrando algo más". El año pasado, por primera vez en su historia, lograron un convenio colectivo que fijó su remuneración en un piso de 31 pesos la hora. En enero, según el flamante gremio de estas trabajadoras, lograron otro aumento del 8%.

El Director Nacional Adjunto de Trabajo, Nelson Loustaunau, define a las trabajadoras domésticas como el principal colectivo del sector privado. Según el gremio que las engloba (SUTD), son unas 110 mil. También asegura que hoy, debido a la ley de la oferta y la demanda, ninguna trabaja por lo laudado. "Por 31 pesos por hora usted no consigue a nadie que le limpie su casa", dice.

Cristina Otero, secretaria de organización del SUDT, no opina igual. "En el interior hemos detectado cualquier cosa. Hay mujeres que trabajan por diez pesos la hora". El Salario Mínimo Nacional, el "mínimo infranqueable" para "asegurar al trabajador un nivel de vida suficiente" es, para quienes perciben por hora, $22,2. "Cuando la compañera va a hacer la denuncia al Ministerio (de Trabajo), a veces son sus propios compañeros que ponen sobreaviso al patrón", asegura. Según cifras del SUTD (cuyo número de afiliadas no supera las 700), sólo 52.566 estaban registradas en el BPS a fines de 2008.

"Nosotras no avalamos el trabajo en negro, pero tampoco podemos ir en contra de la necesidad de la persona", reconoce Otero. Añade que ellas, como gremio, han hecho las denuncias correspondientes.

En el Ministerio funciona la Inspección General de Trabajo. Ahí existe la División de Condiciones Generales que se encarga, entre otras funciones, de relevar que se cumplan los acuerdos salariales establecidos por ley y por los convenios. Según la directora de la Inspección, María Narducci, esa área cuenta con 87 inspectores para todo el país.

Empero, la presidenta de la Asociación de Inspectores del Trabajo de Uruguay (AITU), Elizabeth Costa, habla de sólo 70 para esa división. "No son suficientes para abarcar todo", asegura.

Datos y características

El Instituto Cuesta Duarte realizó en febrero de 2008 un relevamiento de ingresos y gastos de hogares donde vivían trabajadores cuyos salarios nominales, "al ser de los más bajos dentro de su rama de actividad, están más próximos al salario mínimo nacional".

Entre las principales conclusiones se destaca que ninguna de las personas relevadas vive en inmuebles de su propiedad pero son pocos los casos que pagan alquiler; hay más de un perceptor de ingresos en el hogar; el combustible más utilizado para calefaccionar es la leña y el supergás; hay un menor acceso a las tecnologías de la comunicación; a la alimentación le corresponde el mayor porcentaje de los gastos; el transporte tiene una baja incidencia en las erogaciones mensuales (ya sea porque viven cerca del trabajo, o poseen motos o bicicletas para trasladarse; en ningún caso había autos); al estar dentro del trabajo formal, se cuenta con cobertura de salud. El relevamiento matiza que fue realizado en hogares donde él o los integrantes tienen una fuerte participación sindical.

La economista Alejandra Pico dice que los trabajadores que perciben menos salarios en Montevideo se encuentran en los diferentes grupos: comercio minorista de alimentación, empresas de seguridad y limpieza, panificadoras industriales, servicio de acompañantes y en la industria textil.

Según datos de 2008, el 37% de los cotizantes del BPS tienen ingresos de hasta 5.832 pesos; el 30,3% está en la franja que va de $ 5.833 a $ 11.664; el 16,5%, de $ 11.665 a $ 19.440; el 11,3%, de $ 19.441 a $ 38.880; el 2,4%, de $ 38.881 a $ 58.320; el 1,4 restante, la franja más alta de ingresos, gana aún más por mes.

De acuerdo con cifras del INE correspondientes a diciembre de 2008, el trabajo informal representa el 32,3% del total de personas ocupadas.

Las cifras

37,7% Porcentaje de cotizantes del BPS que ganaban en 2008 hasta 3 BPC (hoy $ 5.832); en 2004, el porcentaje ascendía al 47,6% del total.

17.979 Cantidad de afiliados al BPS que ganan más de 30 BPC ($ 58.320 pesos) al mes en 2008. Es la franja más alta y el 1,7% del total.

5.724 Ingreso mensual per cápita que determina el umbral de pobreza en Montevideo, según datos del INE de febrero de 2009.

23.333 Valor en pesos uruguayos de la canasta de bienes y servicios del Instituto de Estadística de la Facultad de Economía (febrero 2009).

3.582 El mismo indicador que el anterior pero para el interior urbano. Quien gana el SMN es pobre en Montevideo y no lo es en el Interior.

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