Domingo | 14.01.2007
Montevideo, Uruguay | 00:32
 DS - Domingos
Para los brasileños, Uruguay está la mitad más barato pues el Real se hizo fuerte. Por Chuy pasan 2.000 norteños al día y pueden comprar hasta U$S 300 cada uno.
Resucitó el Chuy al revés
Los freeshops vendieron U$S 30 millones en 2006 y van a más en este año; tienen 600 funcionarios. Mientras del lado brasileño cierran locales, en esta vereda abren tiendas, barracas y restaurantes; el Chuy se dio vuelta

Hay que caminar por la vereda uruguaya y contar: 1, 2, 3, 10, 20, 50 comercios de todo tipo y unos 20 freeshops, decenas de puestos ambulantes y cientos de compradores circulando en cualquier momento del día. Se debe cruzar luego al lado brasileño y hacer lo mismo: 20 locales abiertos, y otros tantos cerrados, cuatro grandes supermercados con la persiana baja, algunos vendedores ambulantes, poca gente.

La Av. Internacional de Chuy, por décadas el centro de compras de uruguayos a precios brasileños, se ha transformado de un año a esta parte en el revés de lo que era.

Hay que volver al Chuy y preguntar qué paso: "A los uruguayos ya no les convienen los precios y ahora vienen los brasileños al otro lado", así de fácil lo explica un vendedor de whisky de dudosa procedencia en la vereda brasileña de la avenida. Tiene su puesto frente a la fachada amarilla del célebre supermercado Cairo, ahora cerrado.

Para los que se acuerdan, también cerró el Damasco y el Bella Vista y apenas quedan dos espetos corridos de los 15 que había en los 90. Con ajustes, siguen abiertos el supermercado Londres, el Atlántica y la casa de calzados y vestimenta deportiva Magazine Chui.

Del lado uruguayo, las ventas en los freeshops llegaron a 30 millones de dólares en 2006 y parece que este año van por más. "Esta temporada ya es y será seguramente la mejor en muchos años", dijo el presidente de la asociación de freeshops, Carlos Javier Calagüi.

La razón del crecimiento es la gran afluencia de brasileños que visitan Uruguay y encuentran en los freeshops (también en comercios normales), precios desde 40 hasta 60% más baratos que en su país. Compran a la vuelta y por eso, la segunda quincena de Chuy es siempre mejor que la primera y hoy 14 o mañana, 15, el sumun.

Los 20 freeshops arrancaron en diciembre con 360 funcionarios y ahora tienen casi 600, dijo Calagüi. Los empleados son todos oriundos de Chuy uruguayo por lo que en conjunto los freeshops representan el principal empleador de la ciudad. Hay uno, el Neutral, que abre las 24 horas del día.

Ruben Acosta, jefe del puesto de Aduanas en Chuy, calculó en 2.000 por día el paso de brasileños hacia Uruguay. La Policía estima en 6.000 diarios el pico de visitantes de Chuy en esta temporada, la mayoría brasileños, según dijo el subcomisario Ruben Olivera. Y el clima ayuda porque cuanto más feo y nublado está en las playas, mejor para la ciudad fronteriza.

Con todo, la concurrencia está lejos de los 15.000 uruguayos y argentinos que venían a diario en los veranos de comienzos del `90. De hecho, las estructuras brasileñas, supermercados, casas de repuestos, barracas, "espetos", estaban preparadas para recibir a 30.000 compradores diarios.

Ahora, algunos uruguayos igual van a la frontera. Los freeshops son sólo para extranjeros, aunque Chuy, dado vuelta y todo, sigue siendo Chuy y siempre hay algún brasileño dispuesto a hacerle las compras a cambio de un propina.

Otros vienen mitad por nostalgia, mitad porque todavía ciertos precios son mejores del lado de Brasil. Como dijo Bazzán, dueño del supermercado Londres, "hay productos que no hay en Uruguay y sí en Brasil, y hay también precios baratos; el Chuí no murió".

En concreto, lo más conveniente del lado brasileño son zapatos y championes, remeras, sábanas y toallas, pero de calidad inferior. "No es como antes que la gente compraba todo", añadió Bazzán.

LA ERA LULA. Alguien que gana 1.000 reales, que es un sueldo medio bajo en Brasil, aquí los transforma en 11.500 pesos al cambio actual. Y los brasileños que llegan a Uruguay tienen un ingreso mensual de por lo menos 5.000 reales, o sea, 55.000 pesos, estimó el operador inmobiliario de Chuy, Marzal Saldivia.

En el fondo, esa es la razón del éxito del Chuy uruguayo, "la era Lula", como dijo Calagüi. La política económica ortodoxa del presidente brasileño hizo del real una moneda fuerte frente al dólar, lo que la hace rendir mucho en Uruguay.

Entonces: en el Chuy uruguayo andan menos brasileños que los uruguayos que venían cuando la relación de monedas era inversa, pero gastan más. Como comparó Bazzan, "por cada uruguayo que gastaba 1.000 pesos, el brasileño compra ahora por 5.000".

La Aduana de Brasil permite el ingreso de 300 dólares por cada turista, o sea, que una familia de 4, puede llevar hasta 1.200 dólares. Y es lo que gastan, generalmente.

Lo que más se vende en los freeshops es lo clásico (bebidas, perfumes y cosméticos), pero también artículos de bazar, cámaras digitales, filmadoras y pequeños electrodomésticos, como licuadora, batidora o plancha.

"Incluso, hay gente que compra lavarropas y heladeras porque los precios nuestros están dentro de lo que pueden llevar, entre 200 y 280 dólares", añadió Calagüi.

Pero no sólo los freeshops están de para bienes en la "era Lula", también los comercios corrientes. Ahora, del lado uruguayo hay tiendas de ropa, casas de repuestos de auto, barracas, carpinterías y hace poco se instaló un supermercado: El Dorado de Maldonado abrió una sucursal, lo que era impensable hace algunos años, con los gigantes brasileños a una cuadra.

No por casualidad Lula fue reelecto en octubre pasado por los votos principalmente del nordeste de Brasil, la región más empobrecida. En el vecino de Uruguay, Río Grande do Sul, ganó su competidor Geraldo Alckmin y una de las razones es la pérdida de competitividad de los productos locales frente a los uruguayos o argentinos.

Los brasileños que pasan por Chuy vienen en un 70% de Rio Grande Sul, lo que incluye Porto Alegre (520 kilómetros), Pelotas (280) y más cerca, Santa Vitoria do Palmar (40). Pero también pasan ómnibus de San Pablo (1.620) o Rio de Janerio (2.010). De hecho, todas las excursiones brasileñas con destino a la costa uruguaya tienen una parada obligada en Chuy.

Delsi, que vende en su local quesos, vinos y conservas uruguayas en la Av. Internacional, contó que han venido clientes desde "el Amazonas". Y agregó: "el 90% de mis compradores son brasileños. Allá el queso es malo, todos los productos lácteos de ellos son de baja calidad". Como ese local, hay otros cinco comercios de su tipo e incluso en los freeshops se puede adquirir dulce de leche, quesos, fiambres, conservas y vinos nacionales, muy pedidos por los brasileños.

Al mediodía y de noche, se llenan las parrilladas y pizzerías del lado uruguayo, pues en Brasil no existe la parrilla a la brasas, las carnes son en general malas y en pocos lugares se hace pizza al horno de leña, como acá. "Ellos vienen locos por la carne, asado, entrecote y lomo", contó Sergio, de la Parrillada Jesús, en la Av. Internacional.

Del lado brasileño, el "espeto corrido" Spetus, el más conocido, compra la carne y las verduras en Uruguay. Así de al revés están las cosas.

Pero al cambio del real por "la era Lula" se le suma que la zona fronteriza por excelencia de la región, Ciudad del Este, está en este momento bajo enormes controles. Se sospecha que brota de allí financiamiento al terrorismo y los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay incrementaron la vigilancia. Además, circulan muchas marcas "truchas" por lo que los brasileños habitués de la triple frontera enfilan ahora para Uruguay.

Las otras fronteras, en Rivera y Río Branco, están viviendo crecimientos dorados también, aunque Chuy es la veraniega.

COSAS DE FRONTERA. Chuy uruguayo tiene 10.000 habitantes según el último censo y ahora es muy posible que su desempleo sea prácticamente nulo. Hay que sumar lo formal, lo público (100 funcionarios de la Junta Local) y cientos que trabajan en la informalidad. Va una muestra: hay por lo menos 200 puestos de venta de música pirateada en ambos lados. Toda esa estructura se desmonta en parte en el invierno, cuando baja el consumo.

Edgardo Saint Esteban, escribano, es el presidente de la Ong SOS Chuy, que atiende a 96 niños desde los 6 a los 12 años que se encuentran en situación de riesgo. Aseguró que si bien ha mejorado, "ni cerca se ha solucionado el tema de la pobreza".

Los sumergidos, tanto en Chuy como en Chuí, tienen una doble fragilidad por ser de frontera, donde las leyes y las obligaciones de uno y otro país se confunden.

"La mayoría de los niños que atendemos son uruguayos pero viven en el asentamiento Tochinio, del lado de Brasil", dijo Saint Esteban. En Chuí, viven unas 7.000 personas, de las cuales la mitad son uruguayas, 30% brasileños y un 10% árabes.

Antes de 2005, que se firmó un acuerdo de trabajo, residencia y estudio entre Brasil y Uruguay, el Hospital del Chuy, por ejemplo, no atendía a los residentes del lado brasileño, ni siquiera a los uruguayos que vivieran del otro lado.

Además de SOS Chuy hay otras dos Ong`s que trabajan en convenio con el INAU; en total, más de 100 niños y jóvenes recurren a planes sociales. Son los mismos que en enero andan por la calle vendiendo discos, termos o bijouterie, una realidad permanente de Chuy, incluso ahora que se dio vuelta.

No entran 10.000 de Brasil por control

En Chuy, varios actores van a pedir entrevista estos días con los ministros del Interior y Turismo, José Díaz y Héctor Lescano, porque consideran que unos 10.000 turistas brasileños no han entrado este verano a Uruguay por "problemas de burocracia".

Uruguay exige a los brasileños para el ingreso la Cédula de Identidad, pero en Brasil los ciudadanos están acostumbrados a circular con la libreta de conducir o cédulas militares o profesionales, las que alcanzan para su identificación, pues son documentos análogos a la cédula de identidad.

Así, muchos llegan a la frontera con esos documentos, que son rechazados por Migraciones, explicó el operador inmobiliario de Chuy, Marzal Saldivia.

Otro problema es que Uruguay pide para el ingreso de autos que están pagándose en cuotas una autorización de la financiera brasileña, lo que no pasa en ninguna otra frontera de la región.

"Muchos se enojan con esas trabas y se van", dijo Saldivia.

Precio fronterizo

Cámara digital. Marcas Cannon, Olympus o Kodak, entre 180 y 200 dólares, en los freeshops. En Porto Alegre, más de 350 dólares.

Championes Nike. Entre 45 y 60 dólares. En Brasil, más de 100 dólares.

Equipos deportivo. Nike y Adidas oscilan entre 35 y 40 dólares, la mitad que en Brasil.

Juego de ollas. Doce piezas, muy llevado por los brasileños: 25 dólares. Los termos también son muy pedidos: 5 dólares.

Botella de Whisky. El Johnny Walker etiqueta roja se consigue por 13,5 dólares. Otras marcas escocesas salen menos, hasta por 9 dólares se consigue en freeshops.

Autoradios. Las más modernas con CD que lee formato mp3, valen cerca de 200 dólares.

Calzado. Del lado brasileño, se puede comprar un par de zapatos entre 150 y 200 pesos. Las havaianas rondan los 100 pesos.

Remeras. Por 100 pesos hay varias, aunque de mejor calidad salen 400. Hay toallas por 150 pesos y juegos de sábanas por 300; acolchados por 400.

Cinco religiones y una ciudad

Hace pocos días, varios comercios cerraron en Chuí brasileño en señal de duelo. Había muerto ahogado un miembro de la comunidad árabe.

Son en total 700 palestinos, libaneses, egipcios y de otros países de Medio Oriente que llegaron hace 50 años, los primeros atraídos por la oportunidad comercial. Viven del lado brasileño, pero mantienen buenas relaciones con los uruguayos de enfrente.

Hubo sí una fuerte fricción cuando el entonces prefeito de Chuí, Mohamed Kasem Jomaa quiso en 2000 construir un muro que separara los dos países. Estaba enojado con los vendedores informales uruguayos que competían con los negocios brasileños. El muro no se hizo, pero Jomaa logró sacar todos los puestos ambulantes que estaban en el cantero central de la Av. Internacional. Ahora hay bancos, iluminación y plantaron palmeras.

En el Chuy uruguayo, se ven por lo menos cuatro iglesias evangélicas, incluida Dios es Amor (Pare de sufrir) y una católica. También hay una comunidad protestante y otra judía. "Convivimos muy bien y hemos hecho marchas por la paz en conjunto", dijo la secretaria de la Junta Local de Chuy, Jackeline Amorín.

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