Juan de Marsilio
COMO SANSÓN CARRASCO, entre 1882 y mediados de la década de 1890, Daniel Muñoz firmó en La Razón sus crónicas de teatro, costumbres y sociedad, de fina ironía, elegantes y amenas. Publicó mucho también en diarios bonaerenses, producción que sería bueno ver recogida en libro, por el valor testimonial y calidad literaria de esos materiales.
Daniel Muñoz (1849-1930) fue periodista (en 1878 fundó La Razón, diario que dirigiría por varios años), diplomático y político. De 1909 a 1911 fue el primer Intendente de Montevideo, para lo que dejó la embajada en Argentina.
En 1884 y 1893, Muñoz puso en libro varias decenas de sus trabajos. Política y diplomacia lo fueron alejando de las letras, tanto que aún en vida la gran popularidad de que gozó se volvió recuerdo de memoriosos. La atención de Fernández Saldaña, Zum Felde, Rodríguez Monegal y Real de Azúa le evitó un olvido total. En 1953, la publicación en la colección Clásicos uruguayos lo acercó de nuevo al público. Más cerca en el tiempo, Banda Oriental ha incluido sus textos en la colección Lectores, y en su Biblioteca Ciudad de Montevideo figura Crónicas de un fin de siglo, por el montevideano Sansón Carrasco, imprescindible para acercarse al autor y su tiempo.
El Carrasco uruguayo hace honor a Cervantes y al personaje del que toma nombre. Como el bachiller manchego, el montevideano ama las bromas y la ironía y es tenaz defensor de la civilización, la racionalidad y el buen sentido. Pero lo es de modo tan apasionado que llega a extremos paradójicos, como podrá ver el lector del volumen que aquí se reseña en dos artículos. En ellos defiende, con argumentación poderosa, las corridas de toros como ejemplos de arte, refinamiento, buen gusto y utilidad social, en tanto espectáculos de coraje, buenos para templar el carácter de los pueblos que los practican y/o presencian. En su fervor, Carrasco vaticina un futuro cercano en el que no habría nación civilizada sin corridas de toros.
Las crónicas de este volumen muestran con humor, fuerza visual, precisión de detalles y cuidada prosa -Carrasco escribía de prisa, pero rara vez se lo sorprende en repeticiones o cacofonías- desde un baile de la alta sociedad montevideana hasta una yerra, pasando por escenas taurinas. Hay también remembranzas de un gran teatro vuelto depósito de comestibles; la carrera del Palio, en Siena; un almuerzo en la bahía, invitado por los oficiales de una corbeta española; la reseña de nuestra primera exposición filatélica, y semblanzas de gente de teatro fallecida. Emociona la mezcla de humor y afectuoso respeto con que retrata a Hericourt, un "partiquino", un mero figurante en los coros de ópera, que alcanzó gracias al esfuerzo algún papel de destaque y encaró su oficio con más amor que garganta, gastando en trajes el sueldo de meses, para suplir con elegancia lo que no podía su canto.
Pero la joya es el texto que da título al libro: una carta familiar en que Muñoz relata el arresto y destierro de su padre, el Dr. Enrique Muñoz, en 1858, año del alzamiento del Gral. César Díaz, que acabó en la tragedia de Quinteros. Violencia y atropello: el Dr. Muñoz es Senador. En ambos bandos, parientes: el desterrado es sobrino carnal del furioso jefe de policía que viene a llevarlo pistola en mano y sobrino político del Presidente que da la orden. Sacudidos y en tensión, esos vínculos de afecto son visibles bajo el rencor de partido. Camino al barco, rodeado del gentío y con el hijo de la mano, el médico va gritando a toda boca los insultos más grandes al régimen que lo destierra y, de paso, a todos los partidarios del mismo que se le cruzan. Muñoz combina las dosis justas de humor y emoción para apuntar este recuerdo de su padre y de sí mismo a los nueve años.
En suma: un libro que vale por mostrar una Montevideo ya perdida, pero mucho más por el ojo y la pluma de quien nos la muestra.
NO ES PARA TANTO MI TÍO Y DOCE ARTÍCULOS INÉDITOS, de Sansón Carrasco. 136 págs. Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 2007.