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Misión imposible: mantener la paz en el Congo
URUGUAYOS EN EL INFIERNO

JOEL ROSENBERG

"DIOS ES VERDE y uruguayo", escribió en una carta uno de los militares del batallón Uruguay para intentar explicar cómo ninguno de los 711 cascos azules compatriotas que están en Bunia murió durante las batallas y las matanzas que aun ocurren en esa ciudad de la República Democrática del Congo.

Es que pese al probado profesionalismo militar de las misiones de paz de nuestras Fuerzas Armadas, los soldados uruguayos en Bunia han debido enfrentar situaciones inéditas, para las que no estaban preparados.

Una nota publicada el 13 de junio en el sitio oficial en internet de la Misión de las Naciones Unidas en Congo (Monuc) (www.monuc.org) informó que el batallón Uruguay estuvo hasta hace pocos días alojado en un campamento que no cumplía las disposiciones de la ONU y tenía serías carencias. Allí había "harina para hacer pan pero ningún horno, combates pero ninguna unidad médica".

"Las normas de las Naciones Unidas prevén un espacio de nueve metros cuadrados por soldado. En la antigua fábrica de café de Bunia que hace las veces de base militar uruguaya, 750 uruguayos se amontonan en cuchetas en los dormitorios, previstos según estas normas para 200 personas. Con nada de luz y pocas ventanas, los soldados vivieron este difícil período de una manera muy binaria: 24 horas en el campamento, 24 horas en los vehículos blindados", dice la nota firmada por el periodista Christophe Boulierac.

La base carecía de luz natural y contaba sólo con 12 letrinas y seis duchas. Las fotos que ilustran el informe muestran que algunos soldados uruguayos agujerearon las paredes para soportar mejor el calor sofocante de un lugar que "tenía más ratas que ventanas".

Los cascos azules uruguayos fueron la única fuerza de la ONU en Bunia desde el 23 de abril hasta el 7 de junio, lapso en el que sólo pudieron observar las batallas y las matanzas porque la fuerza de la Monuc en el Congo es únicamente una misión de verificación del alto el fuego.

Tanto es así que The New York Times comparó la situación que estaban viviendo los uruguayos en esa ciudad de Congo con la que en 1995 vivieron en Srebrenica, Bosnia, 400 soldados holandeses que "ligeramente armados se quedaron parados mientras los serbios masacraron a aproximadamente 7.000 musulmanes".

"Hemos visto cómo mataban a la gente en la calle y no podíamos hacer nada porque nadie nos daba la orden de actuar", reconoció un soldado uruguayo en una nota publicada por El País de Madrid el 26 de junio.

En el artículo publicado en el sitio en internet de la Monuc, un coronel uruguayo identificado únicamente con el apellido Berez, señaló "con voz calma": "después de pasar por Camboya, Angola, Mozambique, nuestros soldados se han formado en las misiones de la ONU. Sin embargo, Bunia ha sido nuestra experiencia más difícil".

Bunia es una ciudad que antes del 6 de mayo tenía 250.000 habitantes. Hoy quedan unos 100.000: 75.000 se cobijaron en campamentos de refugiados. Pero hay unas 50.000 personas sobre las que se desconoce su destino, según Médicos Sin Fronteras.

Todos contra todos

Los uruguayos han participado de la guerra del Congo sin desearlo, sin tener la orden. Tuvieron que hacerlo porque fueron atacados.

"Ayer nos despertamos a las 6 de la mañana con disparos de mortero seguidas por ráfagas de armamento liviano", escribió un oficial uruguayo a El País desde Bunia el 28 de mayo.

Otro soldado relató en un mensaje recibido el 9 de junio: "Hubo días tremendos. El fin de semana pasado fue muy duro, entraban los disparos a la base, estuvo 'salado'".

Estos ataques fueron consecuencia de las batallas entre los propios congoleños, pero los uruguayos también fueron atacados directamente.

El 18 de junio, en una conferencia de prensa en Montevideo, el coronel Álvaro Picabea, portavoz local del Centro de Monitoreo de las Misiones de Paz de la ONU, explicó que los uruguayos sufrieron agresiones y tuvieron que disparar.

Picabea dijo que en muchos casos los ataques a los cascos azules fueron realizados por niños soldados y admitió que él le dispararía a un niño de 7 años "porque ese niño me puede matar también o puede generar bajas".

En un correo electrónico recibido en El País desde Bunia, un militar uruguayo contó que "los niños soldados, muchas veces no más grandes que sus fusiles, se drogan y andan alcoholizados; entonces no responden las ordenes de sus líderes".

Los combatientes de Bunia pertenecen a las tribus hema y lendu, cuya rivalidad de varias décadas recrudeció a raíz de la guerra que desde 1998 se libra en Congo. Más de 3.000.000 de personas han muerto en el conflicto que ya lleva cinco años y en el que los bandos son alentados y patrocinados por siete países vecinos.

De hecho, la guerra congoleña es tan compleja que incluso muchos oficiales uruguayos que han participado con cargos importantes en la misión de la ONU no terminan de comprenderla.

Un militar uruguayo que estuvo en Congo en 2001 explicó que, en la zona en la que estuvo asignado, llamada Kivu sur, Monuc había identificado 15 grupos armados. A ellos se sumaban "los desertores del ejército que se convierten en bandidos para poder vivir, los paramilitares que perseguían a estos desertores y la presencia de al menos siete ejércitos de países de la región en apoyo a distintos grupos rebeldes o al gobierno".

Otro oficial uruguayo que está hoy en Bunia coincidió en que la guerra es más compleja de lo que se informa: es un error decir que esta es una lucha tribal de hemas contra lendus, dijo. "En realidad lo es en líneas generales, pero hemas y lendus están mezclados entre ellos. Lo cierto es que son todos iguales de arteros. Me contaba un sacerdote con años aquí, que algunas veces se matan entre los mismos grupos o tribus para luego compadecerse y echarle la culpa al otro grupo".

"En el infierno"

La última serie de matanzas comenzó el 6 de mayo cuando las tropas de Uganda, que estaban en Bunia para evitar choques entre etnias rivales, abandonaron la zona cumpliendo con un plan de paz multinacional.

"En Bunia había hasta el 6 de mayo casi 7.000 soldados ugandeses, con tanques y artillería. Al irse dejaron un vacío de poder que el batallón Uruguay no pudo llenar ni por asomo", explicó desde Congo un oficial uruguayo.

En esa situación, los cascos azules uruguayos no podían cumplir cabalmente con su misión de mantener la paz. "Debo reconocerle que es muy difícil para nosotros mantener la paz donde ella no existe", explicó un militar desde Bunia a fines de mayo.

"Para estos casos la ONU prevé la imposición de la paz, para la que no estamos capacitados (ni mandatados) los uruguayos. Nuestro personal está capacitado para otras operaciones, de mantenimiento de paz propiamente dichas y dotado de un armamento acorde a eso", explicó el militar en comunicación con El País.

Desde 1999 los cascos azules uruguayos han estado en diferentes zonas de Congo en representación de Monuc. En todas presenciaron problemas y conflictos, pero la situación general estaba controlada. Hasta llegar a Bunia nunca habían estado inmersos en una zona en guerra.

La llegada a Bunia no fue nada fácil, "La administración del Monuc ha hecho lo que ha podido, pero hemos sufrido la falta de apoyo aéreo", dijo el coronel Berez.

"Hay que decir que la transición fue dura de Kisangani a Bunia", dice la nota que el sitio oficial de Monuc en internet dedicó al batallón uruguayo. "Dos a tres veces menos agua potable para tres veces más efectivos, de la paz al combate sin medios de comunicación con sus familias (internet). Treinta metros de cola cotidiana para ducharse, letrinas improvisadas en cantidad insuficiente y la falta de espacio social bajo techo o al aire libre para 'descompresión' no facilitan la vida cuando caen disparos de mortero frente al campo".

Para muchos analistas internacionales, esta situación que vivieron los uruguayos, desplegados en una zona no pacificada para "mantener la paz", pudo ser evitada. En The New York Times se escribió el 31 de mayo: "no había paz que mantener en el nordeste de Congo, desde luego que no por medio de una fuerza sin importancia de unos soldados uruguayos mal armados".

La nota concluía que Bunia resulto ser "una misión pacificadora surgida del infierno".

Lo que nadie aclaró es qué hacían en ese infierno los cascos azules uruguayos.

Entre caníbales

Las decisiones de la Monuc pasan por la ONU, pero las tropas de un país normalmente no son trasladadas sin el aval de su gobierno.

En ese sentido, el ministro de Defensa Nacional, Yamandú Fau, explicó cómo fue que los soldados uruguayos terminaron en Bunia. "El presidente de Sudáfrica, que también encabeza el Congreso de Repúblicas Africanas, le pidió al presidente Jorge Batlle el traslado de efectivos uruguayos desde diferentes ciudades del Congo a Bunia, para que lo ayudaran en una situación realmente compleja", dijo.

Fau afirmó también que la decisión de una eventual retirada de Bunia es de la ONU, pero que en caso de peligro, el país de origen de los cascos azules puede plantear un repliegue. "Eso no ha sido necesario porque hasta ahora no ha habido riesgo de vida inminente", agregó.

Sin embargo, son muchos los testimonios que hablan de una situación que fue grave. Un despacho de la agencia EFE del 29 de mayo aseguró que responsables de la ONU comparaban la situación de Bunia con el genocidio ocurrido en Ruanda en 1994. En esa nota, la coordinadora adjunta para asistencia humanitaria de la ONU, Carolyn McAskie, relató que en esa ciudad se presenciaron casos de canibalismo. "Hemos visto las cosas más horribles en Bunia. Mujeres que han perdido brazos y piernas; niños amputados, hombres cortados en trocitos, mujeres violadas", dijo.

El 17 de junio, la Monuc realizó una denuncia oficial en la que acusó a los diferentes grupos armados y gobiernos que han intervenido en el conflicto de Bunia, de haber utilizado a niños como soldados, y de haber cometido "asaltos, violaciones, secuestros, torturas sexuales, desplazamientos forzosos, reclutamientos para las fuerzas armadas, y participación forzosa en la explotación ilegal de los recursos naturales".

"¡Aun así caminaba!"

Todo este horror denunciado fue observado y sufrido por el batallón Uruguay.

Un militar uruguayo que estuvo en Congo en 2001 contó a El País lo impresionado que quedó cuando comenzó a enterarse por colegas que permanecían en Bunia que, frente al campamento uruguayo, "los soldados, generalmente niños, destripaban a sus víctimas, ante la mirada de los cascos azules".

Estas experiencias de barbarie fueron diarias para el batallón.

"Nos trasladábamos en un vehículo de Naciones Unidas cuando debimos parar frente una jauría. Tuvimos que tocar bocina para pasar y cuando los perros se abrieron quedó el cuerpo de una mujer sin manos y sin piernas que ya habían sido devoradas por los animales", contó otro militar uruguayo al semanario Búsqueda. En esa nota, publicada el 12 de junio, se dijo que muchos militares uruguayos quedaron emocionalmente afectados por todo lo vivido en Bunia e incluso tuvieron reacciones de delirio en más de una oportunidad.

El 16 de junio, el comandante uruguayo Juan Arias relató a la agencia AFP que estaba profundamente afectado por todo lo vivido. "Durante la última batalla, vi a un policía caminar hacia mí, descalzo y con un trozo de cartón sobre la cabeza. Cuando se sacó el cartón, vi que la parte trasera del cráneo estaba quebrada en tres y que tenía otra herida abierta en la garganta. ¡Y aun así caminaba!", contó.

Además de la impotencia de no poder hacer nada para frenar las masacres, estaba el riesgo de ser capturados. Un miedo que creció cuando los congoleños torturaron y asesinaron a dos miembros de la Monuc, no muy lejos de Bunia: Safwat al Oran, un jordano de 37 años y Siddon Davis, de 29 años, oriundo de Malawi.

Los cuerpos fueron enterrados en una canaleta y cubiertos por basura. Les habían disparado en los ojos, los habían destripado y a uno de ellos le habían sacado el cerebro.

Desde Bunia un militar uruguayo explicó que la negociación para conseguir los cuerpos fue una pesadilla. Las demandas de los lugareños para devolver los cadáveres eran interminables. "Querían 300 dólares por concepto del entierro según tradiciones locales, 500 por los vehículos de la ONU que habían secuestrado, 1.000 por concepto de la protección que le habían dado a esos vehículos, 250 por alquiler atrasado de la casa donde estaban los soldados, 300 al responsable de recursos de la tierra y 40 para la cocinera que trabajaba con ellos".

El militar uruguayo aseguró no le sorprendió el estado que presentaban los cuerpos cuando fueron finalmente recuperados, porque "para ellos la vida tiene un valor relativo".

Regreso con psicólogos

En la nota brindada a AFP, el comandante Arias dijo no sentirse capacitado para todo lo que estaba viviendo. "Soy un soldado, pero nada lo prepara a uno para ver este tipo de cosas".

La preparación de los cascos azules uruguayos se realiza en la Escuela de Operaciones de Paz del Ejército Nacional. La exitosa experiencia uruguaya en misiones de paz de la ONU en varios lugares del mundo permitió que en esta Escuela se instruyeran en abril, por primera vez en la historia, 24 oficiales de 12 países.

Los militares capacitados, que pertenecen a diferentes fuerzas armadas de América Latina, serán los responsables de preparar en sus países a los futuros contingentes que participarán en las operaciones de paz en curso.

Respecto a la preparación específica que tuvieron los soldados que hoy están en Bunia, el jefe de Relaciones Públicas del Ejército, el coronel Oscar Ospitaletche, informó que fue "la normal del soldado combatiente". Para explicarlo citó un párrafo de la doctrina del Ejército Nacional: "Una Fuerza preparada y entrenada para su misión principal, se encuentra en las mejores condiciones para cumplir sus misiones subsidiarias, no siendo válida la situación inversa".

No quiso decir más.

Lo cierto es que más allá de la preparación recibida, hay mucha preocupación por cómo regresarán los soldados.

Picabea confirmó que en el Ejército siempre se realizan exámenes psicológicos, pero que los soldados que estuvieron en Bunia requerirán un seguimiento más cercano debido a las situaciones que enfrentaron. "Para no devolverle a las familias una persona desequilibrada", señaló.

Viaje voluntario

También recibirán la atención psicológica los 190 efectivos uruguayos que viajaron al Congo en los últimos días para integrarse a la Monuc. En ese contingente se encuentra personal superior y subalterno de la Fuerza Aérea y de la Dirección de Bomberos.

Estos 190 cascos azules, como los 1.525 que ya estaban en Congo, se presentaron de forma voluntaria para integrar la misión de paz.

"Me pregunté a menudo si esto valía la pena, y cada vez que lo hice, recordé que fui yo quien eligió venir", dijo Arias a AFP. "Claro que para nosotros, participar en este tipo de misión de la ONU de mantenimiento de la paz es una forma de escapar a la crisis económica", agregó.

Son muchos los militares que admiten que el aspecto económico es determinante a la hora de enrolarse en una misión de paz.

Un oficial uruguayo que estuvo en Congo en 2001 explicó que la ONU paga por cada hombre una cifra cercana a los 800 dólares mensuales. "Esta cifra no es siempre la que recibe el soldado de tropa, depende de la distribución que hagan los oficiales, que son los que reciben más", señaló.

Según esta fuente, cada soldado cobra por un mes en Congo un promedio de 500 a 700 dólares, además del sueldo y medio que reciben aquí en Uruguay sus familias por cada mes que están en una misión de paz. "Muchas veces los militares logran en un año en una misión de paz lo que en servicio tradicional sólo pueden lograr en diez", dijo.

Si uno viaja como observador de la ONU, puesto reservado a unos 50 a 100 oficiales por año, la ecuación es mejor. "Se puede llegar a ahorrar 2.500 dólares por mes", confió un militar que estuvo en Congo en 2000.

"¡Fuera Uruguay!"

El 25 de mayo altos mandos de Monuc visitaron la base uruguaya en Bunia y les aseguraron a sus oficiales que, en caso de llegar una nueva fuerza de la ONU para imponer la paz, se retiraría al batallón Uruguay de allí.

Días después la Fuerza de Despliegue Rápido de la Unión Europea llegó a Bunia con la misión de pacificar la zona y, sin embargo, los uruguayos se quedaron.

"¡Toka pale, France liberté!" gritaban los congoleños el 7 de junio cuando llegaron las tropas francesas. Mezclando su dialecto con el francés, gritaban: "Fuera uruguayos, Francia libertad".

Los uruguayos todavía no entienden por qué los congoleños no los quieren, ni tampoco los motivos de la gran bienvenida que los nativos le dieron a los franceses, ni tampoco qué siguen haciendo allí, mandatados para mantener una paz que no existe, mientras otro ejército llega a imponerla por la fuerza.

En un correo electrónico que llegó el 16 de junio a la edición digital de El País, un militar uruguayo en Bunia mostró esa disconformidad. "Estamos todos bien junto a los franceses, pero es una fuerza que no debería de estar junto a nosotros ya que no vienen en misión de paz. Parecen 'soldados universales' con todo su armamento y su equipo de guerra".

Pero el batallón uruguayo sigue allí, compartiendo el área de operaciones con la fuerza europea de la ONU, de 1.500 soldados --casi la mitad son franceses--, al mando del general Jean Paul Thonier.

¿Y ahora?

Los uruguayos mejoraron sus condiciones en el campamento desde que dos unidades médicas llegaron el 28 de mayo. Además, ya tienen el horno para hacer pan. Y conexión a internet.

A eso se suma que ahora los uruguayos están más protegidos por la nueva fuerza de la ONU, ésta sí mandatada para actuar militarmente e imponer la paz.

Hasta ahora, el desempeño de los soldados uruguayos ha sido elogiado y reconocido por los más altos mandos de Monuc. Pero la duración de su misión sigue siendo una incógnita. El 26 de junio el Consejo de Seguridad de la ONU amplió sólo un mes, hasta el 30 de julio, la misión de mantenimiento de paz en Congo, pese a que el secretario general, Kofi Annan, proponía extenderla un año.

Mientras tanto, el peligro continúa. Y no sólo en Bunia. El 19 de junio hubo un duro enfrentamiento en Lubero, en el sur del país, donde hay poco más de 40 uruguayos. La información no trascendió a la prensa. Allí ocurrieron duras batallas entre el grupo rebelde RCD-Goma y guerrilleros escindidos de él.

Desde el Congo, se informó a El País que el campamento de los uruguayos en Lubero quedó en medio del fuego entre ambos grupos. En Bunia se pusieron muy nerviosos porque perdieron contacto por radio con el campamento de Lubero por el lapso de algunas interminables horas. Y estuvo cerca de ocurrir lo peor: los guerrilleros habían tomado el campamento uruguayo, relató un soldado que está en Bunia.

"Los salvaron los sudafricanos de la Monuc, que a los gritos les explicaban a los guerrilleros que no les dispararan, que eran una fuerza de paz", contó el soldado.

Cuando pudo restablecerse la comunicación radial y en Bunia se supo que los 40 orientales de Lubero estaban todos sanos y salvos, los cascos azules volvieron a pensar: "Dios es verde y uruguayo".*

"la primera guerra mundilal afrcana"

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