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GUILLERMO ZAPIOLA

Hoy se cumplen cincuenta años de la muerte, cuyos detalles aún se discuten, de Marilyn Monroe. Libros, películas, exposiciones y la devoción de los "fans" mantienen vivo su recuerdo.

Recuerdo. Turistas le toman fotografías a una estatua que recuerda a la mítica estrella de cine en Palm Springs (EE.UU).

Cuando un periodista le preguntó cierta vez qué se ponía para ir a la cama contestó, con una mezcla de ingenuidad y cálculo: "Chanel Nº 5". Esa era la respuesta que se esperaba de Marilyn Monroe, pero tras la belleza, la sensualidad y el glamour de la estrella estaba la tragedia de Norma Jean Baker, nacida en Los Angeles el 1º de junio de 1926, hija de una obrera abandonada por el hombre que la dejó embarazada.

El equilibrio mental de la madre siempre fue precario, y el tránsito de la hija por orfanatos, instituciones y familias adoptivas fue también una ordalía de dolores, abuso (fue violada a los nueve años por un caballero "respetable") y sufrimiento.

Sus primeros pasos hacia la fama fueron modestos: algunas fotos de propaganda para el ejército, un famoso desnudo para un calendario, un film porno "soft-core", papeles menores. En un film de los hermanos Marx (Locos de atar, 1949), llegó a comentar con cierta sorpresa: "Unos hombres me siguen", y Groucho respondía que no imaginaba el por qué.

PROGRESOS. Siguieron películas y directores más importantes. Se la vio como amante de un delincuente en Mientras la ciudad duerme (1950) de John Huston, y apareció también en La malvada (mismo año) de Joseph L. Mankiewicz, brillante crónica del mundo del cine protagonizada por Bette Davis. Cuando le preguntaron cómo era ella, George Sanders, su compañero de elenco, respondió cáusticamente: "Sabe mover el trasero y te acaricia con las pestañas".

El salto al estrellato se produjo probablemente en Torrente pasional (1953), "film noir" de Henry Hathaway en la que sus encantos debieron competir con los de las cataratas del Niágara (fue un empate), y en la inmediatamente posterior Los caballeros las prefieren rubias (mismo año) de Howard Hawks. Fue en esos momentos en que la empresa Fox comenzó a apreciar realmente el potencial de la figura que tenía entre las manos. Lució muy bien en Cinemascope en la comedia Cómo pescar un millonario (1953) de Jean Negulesco; en el hermoso western de Otto Preminger Almas perdidas (1954), donde pocos advirtieron en su momento la fuerza y la melancolía que fue capaz de inyectar a su personaje; o en el musical Luces de candilejas (1954) de Walter Lang.

En 1955 se produjo su primer encuentro con Billy Wilder, que dio como resultado una de sus mejores comedias, La comezón del séptimo año. También brilló en la "dramedia" Nunca fui santa (1956). Un año después se convirtió en productora, quiso trabajar con Laurence Olivier y sintió que había estropeado el resultado (El príncipe y la corista). Se equivocaba: su presencia es lo único interesante de una comedia teatral, torpemente dirigida y sobreactuada por Olivier, quien conformó con ella la pareja con menos química de la historia del cine.

Los sentimientos contradictorios que salieron a relucir en El príncipe y la corista (y que son el tema de Mi semana con Marilyn, película de inminente estreno protagonizada por Michelle Williams) reflejaban turbulencias íntimas más hondas. Por atrás de la fama y la fortuna hubo siempre en Marilyn un ser herido y conflictuado, que buscaba amor, tal vez lo encontró una vez (el beisbolista Joe DiMaggio) y lo perdió en medio de fugaces romances que debieron provocarle un sentimiento de humillación antes que de satisfacción o placer.

Su relación con el dramaturgo Arthur Miller fue la historia de un fracaso anunciado, pero también un intento de romper con ciertos esquemas. Quería ser tomada en serio como actriz dramática, y no limitarse a hacer de "bomba sexy" (muchos se rieron cuando anunció que le gustaría interpretar a la Gruschenka de Los hermanos Karamazov, pero quienes leyeron a Dostoievskii se rieron menos; hay mucho de ese personaje "humillado y ofendido" en Marilyn), y hasta pasó sin mucho éxito por el Actor`s Studio. También pasó por muchos lechos (entre ellos, quizás, los de John y Robert Kennedy), por demasiadas clínicas de rehabilitación y por el constante choque con los estudios: llegaba tarde a los rodajes, desaparecía de pronto, olvidaba el diálogo. De todos modos hay por lo menos un equívoco sobre Marilyn: el que tiene que ver con sus condiciones histriónicas. Nunca logró ser la actriz dramática que hubiera querido (y Los inadaptados de Huston, escrita por Miller, es una cruel prueba de ello) pero supo ser una comediante más que respetable, además de una increíble presencia en pantalla. Rubias sexis ha habido muchas, pero ninguna como ella.

DUDAS. Una versión sostiene que en 1962 se estaba desmoronando, y no que hace falta apelar a una conspiración de la CIA, la Mafia o el FBI para explicar su muerte. No todos están de acuerdo, sin embargo. Un libro reciente del psiquiatra forense José Cabrera, que examinó centenares de documentos, descarta la idea del suicidio ("Marilyn era una sobreviviente") aunque no cierra el caso: quedan la posibilidad del accidente (sobredosis) o el asesinato. Otro libro reciente, Marilyn Monroe: My little secret told by Jane Lawrence, del escritor neoyorquino Terry Jerris, afirma que la diva mantuvo relaciones lésbicas con la dama del título y otra gente (Elizabeth Taylor, Marlene Dietrich, Barbara Stan- wyck, Joan Crawford). Sinceramente, a quién le importa.

Vale más anotar que Marilyn tiene hoy más de tres millones de admiradores en Facebook (el 70% de ellos son menores de 24 años) y más de cincuenta mil seguidores en Twitter. Por detrás del "merchandising" (que se sigue vendiendo) están las películas. Varias de ellas son un legado imperecedero.

SOMBRAS Y LUCES DE LA VIDA

¿Fue Marilyn Monroe una víctima de Hollywood? Su biógrafa Lois Banner, profesora de historia y estudios de género en la Universidad del Sur de California dice que no. El abuso y el maltrato de su infancia fueron una realidad trágica, sostiene Banner, pero Monroe como estrella de cine fue una imagen creada por la propia actriz, quien inventó desde su cabello teñido (en realidad era castaña), el maquillaje, la vocecita sensual y la famosa forma de caminar.

Naturalmente, Banner descarta al personaje de la rubia tonta. "Ella era extremadamente inteligente``, afirma. Con respecto a su vigencia actual da por lo menos tres razones: su muerte temprana, la sobreabundancia de fotografías, y el hecho de que proporciona dinero.

CUATRO MOMENTOS DE LA RUBIA

Los caballeros....

1953

...las prefieren rubias, claro. Marilyn siempre rezongó porque, pese al título, en los créditos figuraba en segundo lugar, debajo de la morocha Jane Russell.

La comezón del 7º año

1955

El primer encuentro de Marilyn con Billy Wilder, que sería sin dudas su mejor (y más sufriente) director. La escena de las faldas levantadas por el aire del subte es un icono.

Una Eva y dos Adanes

1959

La mejor comedia de Marilyn y Wilder. Huyendo de la Mafia, los Adanes (Curtis y Lemmon) se disfrazan de mujeres, pero es difícil mantener la farsa con ella cerca.

Los inadaptados

1961

El último film completado por Marilyn, y el último de Clark Gable. Irregular drama escrito por Arthur Miller, sostenido parcialmente por la artesanía de John Huston.

La presencia de una estrella en la cultura pop del siglo XX

Marilyn Monroe salió de la pantalla y entró en el universo de la cultura "pop" de la mano de Andy Warhol, pero no se quedó solamente allí.

Su imagen icónica fue repetida y caricaturizada ya cuando vivía. El cine de Hollywood le inventó imitadoras de segunda (Jayne Mansfield) y tercera categoría (Mamie Van Doren), y hasta hubo una variante británica (Diana Dors). Pero su influencia no terminó con su muerte.

Más cerca, la imagen de Marilyn ha sido rescatada por Madonna, Nicole Kidman (en Moulin Rouge) y Lady Gaga, entre otras (para no hablar de una serie televisiva vigente como Smash, que se centra en la preparación de un musical sobre la diva y las dos actrices que se disputan el papel). La televisión y el cine la han rescatado en numerosas ficciones de mediocre nivel, y más dignamente en Mi semana con Marilyn, de inminente estreno, que es en cambio una aproximación digna. Hay que recordar también algún rescate literario como la novela Blonde de Joyce Carol Oates.

El País Digital
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  • Recuerdo. Turistas le toman fotografías a una estatua que recuerda a la mítica estrella de cine en Palm Springs (EE.UU).

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