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JUAN MARTIN POSADAS

En estos días -y probablemente por bastante tiempo más- asistimos bastante azorados al desenlace ruinoso de la empresa Pluna. La asociación con Leadgate fue un negocio del tío Bartolo ideado por el gobierno anterior pero el manejo actual del gobierno de Mujica para clausurar el mal negocio del gobierno de Vázquez pinta ser peor y va a costar más caro aun; algunos hablan de trescientos millones de dólares. Todavía no se sabe. Esa cifra provisoria parece, con todo, enorme. Pero es una minucia comparada con lo que ha venido costándole a los uruguayos el Banco Hipotecario del Uruguay. Como hace tantos años que esto sucede, se habla poco y los diarios no recogen el tema. El senador Chiruchi ha comenzado a ocuparse.

El Banco Hipotecario viene mal hace mucho tiempo, prácticamente desde el período militar. Luego la crisis bancaria del 2001 -de la que se han cumplido años estos días de agosto- lo desfondó (literalmente) del todo. Posteriormente, herido como estaba, algunos de sus directores se aprovecharon de él en beneficio propio; fueron enjuiciados y procesados (eran otros tiempos). Hace mucho que el Banco no construye una sola vivienda.

Para subsanar esa carencia se encomendó la tarea a un organismo nuevo: el Ministerio de Vivienda. El Ministerio de Vivienda tampoco ha cumplido a satisfacción con la tarea y, ante su fracaso, además de despedir sumariamente a la Ministra Muslera, el Presidente tuvo la idea de acudir al voluntariado (o al voluntarismo) e inventó el Plan Juntos y allí vierte generosa e inútilmente buena parte de su salario porque ese nuevo organismo solo ha podido terminar un puñadito de casas modestas. No obstante todo este largo recorrido, el Banco Hipotecario no cerró, vive y lucha; es decir, sigue costando dinero y sigue sin construir nada.

Actualmente el Banco, creado para ayudar a la clase media uruguaya a concretar el sueño de la vivienda propia, sobrevive a costillas de esa misma clase media, la cual, en otros tiempos, contrajo un crédito en el Banco y ahora paga y paga pero cada vez debe más. A la clase media uruguaya le está costando oro no adquirir su vivienda, sino mantener al Banco Hipotecario del Uruguay. En muchos casos el promitente comprador, que ha venido pagando puntualmente sus cuotas, se encuentra cargado con un saldo de deuda que supera el valor total de la vivienda. Esto es literalmente así. Y cuando concurren desesperados a las oficinas del Banco allí se les responde que han padecido un error, que no están comprando una casa sino que lo que han comprado es un crédito o una deuda. Dado que la deuda se ajusta, ya que es en unidades reajustables o indexadas, no solo le aumenta regularmente la cuota mensual a pagar sino que, traducida a dólares -que es la moneda en que se compran y venden las propiedades inmuebles- su deuda ha crecido, debe más que antes aunque no se haya atrasado ni un mes en los pagos; debe más de lo que su vivienda cuesta en el mercado. La vivienda que creía estar comprando vale menos que la deuda. El Banco Hipotecario le está costando una fortuna a los uruguayos pero como eso no afecta el presupuesto del Estado sino el presupuesto de las familias que se embarcaron en el negocio, el gobierno y el oficialismo nada dicen y procuran que todo pase desapercibido. El fatto de Pluna, que vamos a pagar todos por culpa de las torpezas del gobierno, es un poroto comparado con los cientos de millones que nos cuesta el B.H.

El País Digital
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