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MADRID | EL PAÍS DE MADRID

Sería en el otoño de 1977 cuando Sabin Achalandabaso paseaba por la localidad francesa de San Juan de Luz y, al detenerse en un semáforo, observó que un hombre le hacía señas con las cejas desde enfrente.

Achalandabaso, que había sido delegado de ETA Político-militar en Argelia, optó por acercarse a ese hombre y preguntarle: "¿Te tengo que conocer de algo?". "Deberías conocerme porque te llevo siguiendo un año", respondió el hombre.

Su interlocutor se identificó como funcionario de la DST, el contraespionaje francés. La conversación fue breve. Tras explicarle que la Policía francesa conocía la existencia de relaciones entre ETA y el terrorista de origen venezolano Ilich Ramírez Sánchez, alias Carlos, le propuso que le contara todo lo que supiera de ello. A cambio, se comprometía a darle pistas sobre la desaparición un año antes, en el País Vasco francés, del dirigente de ETA Político-militar, Eduardo Moreno Bergareche, Pertur. Eran muchos los que dudaban de la versión, según la cual le habían secuestrado disidentes de ETA Político-militar que se integraron en ETA Militar en 1977. Achalandabaso rechazó la propuesta.

Al día siguiente recibió una notificación por la que le retiraba el permiso de residencia en Francia.

PERSECUCIÓN. La Policía francesa perseguía con auténtico celo a Carlos desde que el 27 de junio de 1975 asesinara en la parisina calle Toulliers a dos funcionarios de la DST francesa y a un libanés cuando trataban de detenerlo. Carlos, vinculado entonces al Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), tenía su base en Yemen del Sur.

Por entonces, Carlos era una figura del terrorismo internacional. Había muchos gobiernos occidentales interesados en su captura, sobre todo desde que el 21 de diciembre de 1975 lideró un comando que asaltó la sede de la OPEP en Viena para tomar como rehenes a 42 personas, entre ellos a los ministros del petróleo de los países miembros del cartel petrolero. Esa fue una acción muy arriesgada, que terminó con la muerte de tres de los secuestrados, entre ellos el representante libio. Esta última muerte fue un error que le costó caro a Carlos porque había cometido ese acto terrorista por encargo del líder libio Gadafi. Carlos tuvo que cambiar de domicilio y pasar una temporada en Argelia antes de montar su base en Yemen del Sur. Y fue en Argelia donde Carlos y ETA contactaron. Algo que sabían los franceses.

ENCUENTRO. En los campos de entrenamiento de la Academia de Policía de Argel residían entonces militantes de varias organizaciones revolucionarias.

Allí, Carlos conectó con la representación de ETA Político-militar. El terrorista internacional más popular, que sentía querencia hacia el País Vasco, invitó a los militantes polimilis a su campo de entrenamiento de Yemen del Sur. Accedieron tres. Aquel era un campo de entrenamiento mucho más precario que los que cedía Argelia, recuerda uno de los polimilis.

Fue a partir de 1979 cuando la relación entre ETA y Carlos se hizo más estrecha. Y en esa nueva relación representó un papel fundamental un hombre muy peculiar, el ciudadano belga de origen flamenco, Luc Edgar Groven, conocido como Lucas o Albert, que llegó a ser responsable internacional de ETA Político-militar.

Carlos había evolucionado en su actividad terrorista. Ya no era un mero hombre del FPLP palestino. Era un mercenario que trabajaba para el país que le pagaba, en la órbita de los enemigos de Estados Unidos, Israel y sus aliados. Entre sus clientes habituales figuraban Irak, Libia, Rumania y Siria. Carlos estaba controlado por la Stasi, la inteligencia de la República Democrática Alemana, que era lo mismo que decir el KGB soviético.

Y fue en Budapest donde mantuvieron el primer contacto Carlos y Groven, al que solía acompañar algún otro dirigente de ETA Político-militar. Carlos se comprometió a proveer de armas y explosivos a ETA Político-militar a cambio de que esta organización le facilitara automóviles para cometer atentados en Europa. Fue un período de colaboración no muy largo porque ETA Político-militar terminó disolviéndose en septiembre de 1982.

Si bien no eran habituales los atentados en territorio francés, Carlos, tras la detención de su novia, inició una intensa campaña terrorista para tratar de lograr su liberación.

Además, durante 1980 y 1982 participó en varias operaciones de envío de armas a ETA Político-militar.

Tras la operación fallida del último cargamento de armas, Luc Groven rompió su relación con Carlos, al comprender el riesgo que significaba para la seguridad de la organización vasca. Para entonces, ETA Político-militar ya estaba rota.

Con la caída del bloque comunista, en 1989, Carlos perdió su último refugio y acabó residiendo en Sudán: en la capital, Jartum, fue entregado por su misma escolta a la Policía francesa el 15 de agosto de 1994.

El 15 de diciembre de 2011 fue condenado a cadena perpetua. Una cadena perpetua que se une a la que le fue impuesta en 1997 por el asesinato de dos policías franceses y un civil libanés en 1975, y con el condicionante de que necesitará un plazo mínimo de 18 años en prisión para poder solicitar cualquier beneficio procesal.

El segundo juicio contra Carlos, iniciado en París en noviembre de 2011 y centrado en sus atentados en territorio galo entre 1982 y 1983, que costaron la vida a 11 personas, sirvió para que afloraran las relaciones entre el terrorista internacional y ETA Político-militar.

El juicio contra Carlos, que tiene en su haber un centenar de asesinatos, simboliza el fin de una época.

LA CIFRA

18

Son los años que hace que "Carlos" fue entregado a Francia por su propio escolta.

El País Digital
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