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THE NEW YORK TIMES | J.CARAMANICA

La historia del reciente revival del soul británico es una de fantasmas. Artistas como Adele y Amy Winehouse tuvieron éxito tanto por las memorias que conjuraron con sus referencias como por sus talentos.

Tenían la familiaridad de años pasados a su lado. Y a partir de eso invocaron estilos que se podían rastrear hasta los tiempos de los grupos de chicas de la Motown y Dusty Springfield. Tenían muchos "años pasados" en su arsenal.

Teóricamente, Emeli Sande hace lo mismo en su disco debut, Our version of events (Capitol). Está repleto de guiños a sonidos familiares, pero ella insufla nueva vida a estilos que no están tan muertos como parece, aplicando una idea de devolución digna al soul, pero a la música de los noventa. El resultado es una nueva forma, austera en la manera en que los clasicistas aprecian pero fundamentalmente joven.

Eso es claro desde la apertura del disco, con la canción Heaven, que acelera sobre un fondo marcado por el bajo y la batería que descansa sobre una larga música dance británica. De acuerdo, es la clase de bajo y batería (drum n´bass) que se volvió predominante en los comerciales de autos británicos a fines de los años noventa, no el más oscuro y más estridente que estaba antes, pero es igualmente vigorizante.

Elegir eso en lugar de algo más moderno, o de un cruce transparente de sonidos dub, tiene apariencia de un guiño a la historicidad.

En otras partes de este disco, como en las canciones Suitcase y Where I sleep, Sande es guiada por las plantillas de las primeras Mary J. Blige y Lauryn Hill, cantantes influidas por el hip-hop que dejaron que sus voces se balancearan pero que, con todo, eran tradicionalistas en su corazón. La canción Daddy opera bajo la sombra tamaño King-size de la música electrónica británica de los noventa que siguió a la explosión del hip-hop. El tema Clown, sobre una caprichosa clase de amor, también tiene rastros de Macy Gray, desde el momento en que el leve soplido de Gray era un valor, no un don. "Estaría sonriendo si no estuviera tan desesperada", canta Sande algo irritada, "Sería paciente si tuviera tiempo".

Uno de los puntos más altos del disco es Breaking the law, canción que ella ejecuta con un orgullo y trazas de falta de firmeza que recuerda a Faith Evans, aunque Sande tiene más toques de redención en su forma de cantar.

"Cuando el suelo te es más familiar que el techo / Yo irrumpiré tarde en la noche / Y sacudiré la forma en que te sentís", canta descaradamente. "Cuando el corredor y todas las escaleras te hacen sentir cansado / Iré por ti / Prenderé fuego el edificio". Y en sitios que es superficial con letras que son directas y llanas, como el comienzo de Maybe, que canta de forma más contemplativa que en cualquier otra parte del disco:

"Cuando nos mudamos juntos / No podíamos sacarnos las manos de encima / Ahora yacemos espalda contra espalda /Y silencio en la oscuridad".

Lo que es mágico de este disco es cómo la postura de Sande permanece inconfundiblemente y a pesar del fondo que tenga. No es un disco sin fallas, sino uno con una gran cantidad de momentos impecables. Cuando elige desatarla, Sande tiene una voz que altera los puntos de vista, clara y ordinaria. A menudo deja que una canción se vaya armando como de forma casual, como hace en My kind of love y en Breaking the law, para luego explotar en el coro. Aunque ella lo hace varias veces, siempre es algo inesperado y vigorizante.

LA PRESENTACIÓN. El disco fue editado en Gran Bretaña en febrero y en abril Sande dio un show con entradas agotadas en Brooklyn. Alicia Keys estaba mirando atentamente desde el balcón. Ella escribió con Sande y produjo Hope, la canción que cierra el disco, un tema solitario y explícitamente politizado.

Para toda la complejidad que la voz de Sande crea en el disco, en persona ella exuda una calidez orgánica tan fresca y honesta que casi se pone en el medio de su actuación. Su performance fue igualmente radiante. Respaldada solo por una escasa banda (cello eléctrico, guitarra acústica y una pequeña base de percusión) que principalmente se mantuvo fuera de su camino ella es una de las pocas cantantes que pueden soportar sentirse tan expuestas.

Hubo vestigios de la vocalista de piano-jazz que alguna vez fue, pero solo como promesas y de forma inesperada. En canciones como Where I sleep también hubo pistas no tanto de Lauryn Hill y de Mary J. Blige sino de cantantes como Dionne Farris y Tracy Chapman. Antes de Breaking the law, que supuestamente escribió para su hermana menor, le dijo al público: "Sería triste si perdiéramos nuestro instinto y coraje de amar y proteger".

A través de este espectáculo elegante las alusiones siguieron apareciendo. Clown sugirió a una temprana Mariah Carey y Next to me fue como un heredero de la música soul y house de los noventa. Su versión de Heaven fue un cruce tipo diva del disco de los años cincuenta surgida de una iglesia, tanto que era inevitable pensar en Donna Summer. Y con todo, al igual que en su disco, usó esos emblemas como espejos, sostenidos simplemente para reflejar un sonido que era propiamente de Sande.

Compositora que dio el salto propio

M.C. | En una entrevista previa, Emeli Sande comentó que le costó convencer a una discográfica para poder hacer un disco propio en lugar de seguir componiendo para otros. "Había momentos en que me preguntaba si debía empacar todo ya que hay mucho dinero si se escribe para artistas grandes", comentó a la web Orange, en su país. "Podía hacer grandes cantidades de dinero, ganarme una reputación como compositora también, pero hay que tener fe en uno mismo. Hubo definitivamente puntos bajos, momentos realmente oscuros en los que pensé que no iba a ocurrir nada". Y sin embargo ocurrió, porque tras la salida de su disco Sande ha vivido un año de crecimiento permanente en su país y en el exterior, donde gana cada vez más reconocimiento.

24 años y una rápida carrera de compositora profesional en ascenso

M.C. | Las letras del disco fueron su gran foco de trabajo ya que intentó que la representaran adecuadamente. "Sin decir mucho, creo que es una pieza muy honesta de trabajo y espero que hable a mucha gente". Con veinticuatro años, Sande hizo una carrera meteórica y temprana ya que antes de la salida de su disco había escrito canciones para artistas de peso como Cher Lloyd, Parade, Susan Boyle, Preeya Kalidas, Leona Lewis, Alesha Dixon, Tinie Tempah y Cheryl Cole. "Siempre fue mi intención, desde antes de escribir para nadie más, el hacer lo mío. Porque sabía cómo mis canciones debían ser cantadas, cómo debían ser llevadas ante el público; así que supongo que tomar el control era el verdadero atractivo de hacerlo. El estilo de vida de un compositor es muy cool, te podés sentar en un cuarto, quedarte despierto hasta la hora que se te ocurra, no necesitás pensar en el aspecto que tenés. Es un modo de vida muy relajado y te pagan bien. Es una buena vida desde la que partir, pero hay algo en cuanto a los conciertos y los toques, esa conexión con la gente, que es lo que realmente ansío". El proceso le costó ya que de las canciones que fue componiendo tuvo que seleccionar cuáles eran para su proyecto personal y cuáles para otros. "Generalmente eso lo sé en el momento en que termino de escribir una canción", contó a la web Orange.

El País Digital
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