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MARÍA JULIA POU

Escribimos estas líneas, desde la perspectiva de quien considera que el sistema democrático republicano es el que fortalece mejor la autoridad, a partir del consentimiento de los ciudadanos a través del voto. Desde la perspectiva oriental y desde una tradición partidaria y familiar de lucha por la libertad y la independencia política.

Anotemos inmediatamente que las instituciones políticas, más allá de los principios generales considerados universales, son plantas de aclimatamiento a la realidad en que nacen, crecen y se desarrollan.

También es necesario tener en cuenta la "edad" de las naciones y el proceso de su individual desarrollo para emitir juicios acerca de sus instituciones.

Motiva esta nota la celebración del sexagésimo aniversario del reinado de Isabel II de Inglaterra. Que en Inglaterra impera un gobierno democrático nadie lo puede discutir ni controvertir. Que de esa tierra y hace 900 años surgieron las bases del gobierno representativo -Carta Magna mediante- tampoco. Sin embargo dicha nación nos muestra un sostenido y firme equilibrio entre la permanencia y la continuidad que ofrece la corona, símbolo de la unidad nacional y una libérrima vida democrática enriquecida y fortalecida por el respeto al estado de derecho y a las libertades individuales casi sin parangón en el mundo entero. Esto es así y esto es válido para el Reino Unido y las naciones que tienen a la Reina como cabeza formal del estado.

El Jubileo más allá del espectáculo y de sus aspectos exteriores magníficos, organizados y dotados de un marco de sincera alegría popular, fue oportunidad ideal para apreciar el pleno ejercicio de la discrepancia, aun en medio de una ola de entusiasmo popular alimentada desde los medios, pero que encontró una auténtica respuesta de la gente común.

Así fue que con respeto pero con verdadera fiereza, se cuestionó en programas de televisión y polémicas periodísticas la propia existencia de la monarquía, de la corona, de la soberana a la que se respetaba pero se cuestionaba. Fuimos testigos directos de una manifestación en contra de la monarquía que se llevó a cabo en el corazón de la ciudad de Londres, justamente en el lugar donde la soberana se embarcaba para el paseo por el Támesis.

Fue un homenaje a la verdadera civilización política y un envidiable ejercicio de respeto por las ideas ajenas, que esas polémicas se hayan desarrollado en estos días de festividad oficial y popular. Es que todos los pueblos necesitan de símbolos comunes que articulen las diferencias de opinión.

Las monarquías buscan esto en la continuidad real, las democracias lo hacen, o deben hacerlo, en el respeto a la idea de patria, como un valor que está por encima de las contingencias políticas y electorales.

A modo de ejemplo, queremos compartir la experiencia vivida en unos magníficos días londinenses que avalan las opiniones vertidas con respecto a ese sentimiento. En una verdadera demostración de fraternidad británica se llevaron a cabo en todo el territorio "picnics" en las calles, en los parques, en las plazas.

Allí sin distinción de ninguna especie -incluso con la concurrencia del Príncipe de Gales a uno de ellos- los británicos brindaron por la Reina, que de algún modo, era como brindar por la sociedad en su conjunto.

El País Digital
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