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El gobierno aceptó oficialmente que el tema de la inseguridad ciudadana es grave. El presidente Mujica admitió que "hay una crisis de convivencia", que "la irracionalidad de la violencia cubre todos los escalones de la sociedad" y que "el primer valor que hay sobre la tierra es la vida". Y a renglón seguido, anunció un paquete de medidas. Más allá de que se tardó bastante en asumir la realidad, su reconocimiento puede ser el primer paso para intentar un combate imprescindible. Y eso es bueno. Lástima que lo que esconde es malo.
Algunas medidas (las que se refieren directamente a la lucha contra el delito) son llevables. Las otras no. Por momentos da la sensación, al leer los documentos, que lo que se pretende es solo escribir la "interpretación oficial" de la violencia en el Uruguay. Es buscar chivos expiatorios y echar culpas a otros por la inseguridad, uno de los principales temas de cuestionamiento a este gobierno. Veamos:
1) Los medios de comunicación que difunden los hechos de violencia tienen (para el gobierno) una responsabilidad superlativa. El tiempo y la manera que dedican a contar los hechos delictivos que ocurrieron la consideran exagerada y, entonces, se empieza a agitar el fantasma de la regulación de contenidos, con el viejo argumento de que es un interés de la gente. Y para proteger a la gente aparece un censor que dice qué es lo que está bien y qué es lo que puede afectar a la "gente". El censor controla, pero ¿quién controla a ese censor?. Cuando se violan principios y normas constitucionales se entra en el camino de la arbitrariedad. A eso apunta el gobierno.
2) Si el delito crece, como surge de los propios informes del ministerio del Interior (récord, por ejemplo, en homicidios), crecen las noticias y es lógico que crezca la cobertura de los medios. ¿O deben ocultar la realidad?
3) Al gobierno le preocupa el tiempo de los informativos dedicados a la crónica roja. A nosotros nos preocupa el tiempo -que es bastante- de los informativos dedicados a reproducir declaraciones de Mujica. Porque si la carencia original de este descalabro social pasa por la pérdida de valores culturales y el déficit de la educación, ¿qué ejemplo se da a los chicos cuándo nada menos que el Presidente de la República o algún ministro de Estado aparece todos los día expresándose con un lenguaje chabacano y vulgar? ¿Es una incitación a que se expresen así y traten de la misma manera a sus padres, hermanos, educadores o compañeros? ¿Y el secretario de la Presidencia que hace la apología de fumar marihuana? Si esos son mensajes que bajan nada menos que de la Presidencia de la República, qué podemos esperar de lo que llegue de algunos escalones menos importantes. No hay duda: habrá que poner los informativos en el horario de protección al menor o, por lo menos, advertir que los contenidos pueden ser perjudicial para su educación.
4) Es cierto que hay una caída de la pobreza, la casi erradicación de la indigencia, un bajísimo desempleo, mejora en el salario real, etc. La gente lo percibe -por algo el Frente volvió a ganar las elecciones-, pero lo que aspira es a que le dejen disfrutar de esas mejoras y no que deba enrejarse y encerrarse en su casa porque afuera campea la delincuencia. Eso se llama calidad de vida y es lo que falta.
5) Terminemos con la cháchara barata de culpar a las políticas neoliberales de los años 90. A partir de esa década el FA pasó a regir los destinos de prácticamente la mitad de los uruguayos que son los que viven en Montevideo. La tugurización de plazas y espacios públicos es responsabilidad de la Intendencia, que lejos de protegerlos para el disfrute de todos, ha alentado con su pasividad la ocupación de ellos por quien se le antoje. Con el millón de dólares diarios (o más) que recauda la IMM, los planes sociales "progre" se limitaron a multiplicar los carritos hurgadores y a la generosidad ilimitada con Adeom.
6) Y, para el final, el tiro de gracia: se puede aceptar la legalización de la marihuana, pero de allí a poner el cultivo, producción, distribución y su comercialización entre las tareas del Estado hay un abismo. Tan absurdo que ni a Cantinflas "entequilado" se le ocurrió proponerlo.
Podríamos seguir. La sensación que nos queda es que, más allá de asumir la realidad del tema inseguridad, el objetivo fundamental de este paquete es controlar los contenidos de los medios de comunicación. Pero ir por los medios le acarrea al gobierno un fuerte rechazo en la tradición democrático-republicana uruguaya y en el ámbito internacional que mira con simpatía, hasta ahora, a Mujica.






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