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ANTONIO MERCADER
Pocas cosas representan mejor el estado de las relaciones entre Uruguay y Argentina que la historia del "Tren de los Pueblos Libres", aquel que debía unir las dos capitales del Plata. Inaugurado hace nueve meses cuando trasladó a Salto en un ostentoso viaje inaugural a Cristina Kirchner, debía llegar en primera instancia a Paso de los Toros y luego avanzar hacia el sur. El servicio, deficitario, accidentado y casi sin pasajeros nunca pasó de Paysandú ni se adentró en suelo uruguayo hasta su cancelación definitiva.
Embarcada en la campaña para su reelección, la presidenta bajó en el andén de Salto una cruda mañana del pasado invierno para abrazarse con José Mujica. La delegación uruguaya disimuló su fastidio ante la profusión de gritos y bombos peronistas televisados para el público argentino. Fue un acto kirchnerista montado para llenar el ojo y persuadir a los votantes de las bondades del liderazgo internacional ejercido desde Casa Rosada.
El problema fue que de este lado -como en tantas otras cosas con Argentina- nuestro gobierno se lo tomó en serio. José Mujica, un convencido de la necesidad del ferrocarril, había anunciado al asumir que en 2 años circularían trenes de carga a 60 kilómetros por hora. Ese lapso venció sin que pasara nada debido, entre otras cosas, a la resistencia del sindicato ferroviario y a las dificultades para integrar capital privado en AFE en proyecto de participación público-privada.
La idea del tren binacional le vino bien a Mujica pues le ofrecía la oportunidad de exhibir avances en materia ferroviaria y de obtener la cooperación del país vecino para recuperar la infraestructura de AFE. Eso es lo que anticipaba la empresa Trenes de Buenos Aires otrora allegada al grupo Kirchner, pero puesta en el índex tras el terrible accidente de una de sus unidades que dejó a 50 pasajeros muertos en la porteña estación del Once.
Hoy, tras la agonía del servicio entre Buenos Aires y Uruguay, queda en evidencia que la cumbre de Salto fue para unos una simple operación de marketing electoral y para otros una muestra de ingenuidad. Es cierto que de este lado no se cumplió con reparar las vías, pero en materia de incumplimientos Trenes de Buenos Aires se llevó las palmas. Sus directivos prometieron un apoyo a AFE nunca concretado lo que frustró los anuncios de que en 90 días Montevideo y Buenos Aires quedarían enlazadas por tren.
Con su habitual falta de tacto diplomático, el embajador argentino en Uruguay, Dante Dovena, denunció que Uruguay había incumplido con su parte. En cambio, metió violín en bolsa a la hora de admitir las fallas de la línea en su país, entre ellas los repetidos retrasos y accidentes causados por el susodicho tren binacional como, por ejemplo, el que produjo al embestir un vehículo en un paso a nivel en Concordia, lo que determinó la suspensión del servicio durante algún tiempo.
Hoy se recuerda que en ocasión de aquel estruendoso viaje inaugural de Cristina Kirchner, el canciller Luis Almagro comentó que la conexión ferroviaria con Buenos Aires, coronada por el abrazo presidencial, tendría para el futuro "un efecto simbólico". Así es. El pobre desempeño del "Tren de los Pueblos Libres" y su triste final simbolizan las frustraciones de nuestra actual relación con Argentina.
Demuestra además que no es bueno seguirle el tren a la presidenta Kirchner.








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