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RUBEN LOZA AGUERREBERE
Si Javier de Viana fue el último espectador del gaucho, cabe a Juan José Morosoli la condición de haber sido el primero, en nuestra literatura, en observar al hombre que bajó del caballo, al hombre de a pie, al paisano. El gaucho había desaparecido en la bruma del tiempo.
El destacado escritor minuano ha dejado, gracias a su valiosa obra narrativa (poesía, teatro, cuentos, novela, ensayo), viva en sus páginas, el alma de su tiempo. Y como buen maestro literario, ha tenido sus seguidores.
El más destacado de ellos sería, andando el tiempo, otro de los escritores esenciales de nuestra literatura. Me refiero a Julio C. da Rosa, a quien debemos, asimismo, cuentos, novelas y ensayos, y quien fuera presidente de la Academia Nacional de Letras. Gracias a sus libros, sus impresiones sobre la vida rural llegaron a los lectores.
Como los valores humanos eran de su incumbencia, ellos muestran a la gente y las circunstancias del mundo en el cual les tocó vivir. Morosoli y Julio da Rosa han dejado, además, dos libros clásicos a nuestra literatura pedagógica. Ya iremos a ellos.
Nacido en la ciudad de Minas, el 7 de enero de 1899 y fallecido en la misma ciudad en 1957, Juan José Morosoli se matriculó en la escuela "Artigas" en 1907; la abandonó dos años después, ingresando como mandadero en la librería de un tío paterno.
Nada nos impide pensar que allí nació su afición por los libros. Fue periodista local, escribió sus primeros poemas y en 1928 dio a conocer su último poemario, y se dedicó a escribir cuentos, entre ellos, los reunidos en Los albañiles de Los Tapes.
Escribió una novela con tintes autobiográficos: Muchachos. Tierra y tiempo, libro que contiene su más importante colección de relatos, se publicó póstumamente, en Buenos Aires, en 1959. En 1962 apareció El viaje hacia el mar y otros cuentos y, en 1971, sus ensayos: La soledad y la creación literaria.
Da Rosa nació en 1920, en Treinta y Tres; falleció en 2001, en Montevideo. Vivió su infancia en el establecimiento rural de sus padres. Allí nació su profundo afecto por ese mundo que develó acabadamente en sus cuentos, novelas y ensayos. En su vasto y rico quehacer, destacan cuentos como El hombre flauta, la novela Juan de los desamparados, así como su singular y difundido libro llamado Ratos de padre. Y agudos ensayos. Julio da Rosa se radicó en Montevideo en 1939, donde cursó diversos oficios. Fue incluso representante nacional por su departamento natal. Alejado de las actividades políticas, se transformó en escritor de tiempo completo.
Hacia 1947 apareció el libro de cuentos para niños de Morosoli titulado Perico. Y en 1970 se dio a conocer el de Julio da Rosa titulado Buscabichos. Pues bien, ambos maestros de la literatura uruguaya, y sus dos títulos clásicos en este género, acaban de ser reeditados en cuidadas ediciones de Banda Oriental.
Perico cuenta con ilustraciones de Denisse Torena y el libro de Julio da Rosa con las de Gustavo Wojciechowski (Maca). Ambos libros siguen siendo una magnífica puerta al inicio al mundo a la literatura, que enriquece nuestras vidas. Uno y otro libro rehacen un tiempo que se fue, pero que resultará inolvidable a quienes lo visiten: los padres lo saben y deben comunicarlo a quienes les siguen.
Más allá del tiempo, gracias a sus valores literarios, los dos maestros siguen hablando.






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