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Apoyo. Distribuidores se reúnen en comisaría y van escoltados a los barrios
GASTÓN PÉRGOLA
Luego de sufrir, en promedio, una rapiña o hurto por día, repartidores de alimentos y bebidas decidieron no ingresar a zonas rojas si no son acompañados por policías. Empresas del rubro y Jefatura de Montevideo inician acciones coordinadas.
"Hay lugares que si no entramos con policía, no se entra más. Es triste, porque tanto los repartidores como los comerciantes de estas zonas somos gente de trabajo y con esto nos perjudicamos todos. Pero tampoco podemos arriesgar una vida. Tenemos miedo de lamentar una vida", enfatizó a El País Sabino Boyaro, presidente de la Federación de Transportistas de Bebidas (Fetrabe).
La medida, según informó a El País la Jefatura de Montevideo, ya se comenzó a aplicar, principalmente, en la jurisdicción que comprende a las seccionales 16 y 18, y abarca a barrios tales como Hipódromo de Maroñas, Punta de Rieles, Bella Italia, Piedras Blancas, Las Canteras, Ideal, Chacarita, además de otros barrios, como Cerrito de la Victoria, Marconi, Borro, Peñarol y Cuarenta Semanas.
"La verdad que por la realidad que estamos viviendo en nuestro trabajo si te digo que zona roja es 18 (de Julio) y Andes, no estaría equivocado. Hemos sido robados en estas esquinas céntricas también... y en pleno día", graficó Boyaro con indignación.
En promedio, este sector llegó a padecer entre cinco y seis robos a la semana, la mayoría de las veces, en las llamadas "zonas rojas" de la ciudad, según el registro que maneja la federación en base a los datos proporcionados por la Jefatura de Montevideo.
"La realidad es que muchos repartidores venían sufriendo constantes rapiñas y asaltos, además del hurto de bebidas. Y no solamente se trata de rapiñas, muchas veces son hurtos… les roban bebidas, cajones enteros, sin una amenaza de por medio", dijo a El País el vocero de la Jefatura, Pablo Ghan.
La situación se hizo "tan insostenible" que la federación de repartidores, junto a algunas empresas a las que se le brinda servicio, como es el caso de Montevideo Refrescos, solicitó una reunión con el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, en la que se llegó a un acuerdo para intentar garantizar el reparto en las zonas rojas de la ciudad.
Básicamente, el acuerdo consiste en que los repartidores de distintos rubros coordinan un día de la semana, a primera hora de la mañana, para reunirse en la comisaría de la zona. Allí se presentan ante el comisario a cargo y este designa un funcionario policial motorizado, que acompaña a los trabajadores durante su recorrido.
"Los repartidores le presentan al comisario el recorrido que van a realizar por estos barrios y la comisaría dispone a una patrulla con un efectivo motorizado y otro a pie. Se los acompaña en aquellas zonas donde más han sido asaltados, básicamente las seccionales 16 y 18 son las que están implementando estas acciones", explicó Ghan a El País.
El inconveniente es que en muchos casos, las comisarías no disponen de efectivos policiales para brindar el servicio cuando se lo solicitan, por lo que el apoyo se reduce a las "circunstancias de cada día".
En ese caso, los repartidores suspenden sus visitas programadas. "A estos lugares, lamentablemente, no entramos si no tenemos el apoyo policial. Si por un motivo determinado no se puede conseguir este servicio no se va y se vuelve a combinar con la comisaría", afirmó el presidente de Fetrabe, aunque aclaró que, igualmente, se hacen los esfuerzos para cumplir con cada comercio.
"Tratamos de llegar y entrar a todas las zonas. Pero tampoco podemos arriesgar nuestra vida o la de un compañero. No le podés decir al chofer: `entrá aunque te metan un balazo en la cabeza`. Lo que más nos preocupa, más allá del daño económico y de sentirse uno ultrajado en sus derechos, es que en algún momento esta situación se lleve una vida", concluyó Boyaro.
La demanda de apoyo policial por parte de repartidores y empresas del rubro podrá cumplirse "en su totalidad" a medida que las comisarías se vayan dotando de mayor personal, tal como está previsto, explicaron desde Jefatura de Policía de Montevideo.
Amén de esto, los repartidores y las empresas ya habían comenzado a implementar acciones puntuales para minimizar riesgos, como disminuir la cantidad de ingresos a las zonas rojas y agilizar los procesos de entrega de mercadería una vez dentro de estos barrios.
SIN 222. En el último mes El País constató la presencia policial custodiando distintos camiones de Montevideo Refrescos (Coca Cola) en algunas zonas de la capital, como La Unión y Bella Italia. Dichas acciones son independientes de las que vienen siendo coordinadas entre los repartidores con Jefatura, según informaron desde la empresa.
"Hemos pedido, cuando consideramos conveniente, apoyo a alguna comisaría local para hacer recorridos. Pero no se trata de una acción coordinada sino de buena voluntad de las comisarías locales, que cada vez que les pedimos, y pueden, nos dan una mano y acompañan", explicó a El País Gastón Boulier, gerente de logística de la firma.
La modalidad que se aplica tanto en las acciones coordinadas como en las que solicita Montevideo Refrescos no es la de 222 ya que el servicio se ofrece dentro del horario de trabajo del policía. "No hay 222 para esta tarea. Esto es una colaboración de la Policía para intentar mejorar la situación", reconoció el vocero de Jefatura.
Si bien los camiones de Montevideo Refrescos cuentan con cofres de seguridad, esto no es impedimento para que los repartidores sean víctimas de robos. "Tenemos cofres dentro del camión donde guardamos el dinero, para evitar andar con mucha plata encima. Solo nos quedamos con cambio chico, pero con $ 500 es más que suficiente para que te roben a punta de cañón", afirmó a El País Sabino Boyaro, repartidor y presidente de la Federación de Transportistas de la Bebida (Fetrabe).
Hubo un momento, previo al acuerdo alcanzado con Jefatura de Policía de Montevideo, donde los repartidores no ingresaban a las zonas rojas, y se mantenían a la espera de los mensajes que le enviaban los propios comerciantes de esos barrios. "Según la situación y cómo estaba el barrio en determinado momento, se entraba o no. Y eran los propios comerciantes que escribían por mensaje de texto: `está bravo hoy`, `viene complicada la mano`, `no vengan`", contó Boyaro a El País.
Para el presidente de la Fetrabe, que tiene varios años de trabajo en el rubro, nunca había visto una situación similar. "Es injusto que el trabajador vea menguada su capacidad de trabajo por la delincuencia. Como trabajador me gustaría un mensaje claro de todo el espectro político, donde digan con firmeza: `vamos a trabajar y defender a muerte a toda la gente que labura`. No sé cuándo llegará ese día", comentó Boyaro, con resignación y enojo.






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